Parroquia Basílica San Nicolás de Bari

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Grupo de Jovenes

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GRUPO SAN AGUSTÍN

Pre-adolescentes de 12 a 14 años de edad

Responsable: Mariana Politano
Asesor: P.Enrique

XX JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2005
COLONIA - ALEMANIA
(16 al 21 de Agosto de 2005)

 

MENSAJE DEL SANTO PADRE
JUAN PABLO II
A LOS JÓVENES DEL MUNDO CON OCASIÓN
DE LA XX JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2005


"Hemos venido a adorarle" (Mt 2,2)

 

Queridísimos jóvenes:

1. Este año hemos celebrado la XIX Jornada Mundial de la Juventud meditando sobre el deseo expresado por algunos griegos que con motivo de la Pascua llegaron a Jerusalén: "Queremos ver a Jesús" (Jn 12,21). Y ahora nos encontramos en camino hacia Colonia, donde en agosto de 2005 tendrá lugar la XX Jornada Mundial de la Juventud.

"Hemos venido a adorarle" (Mt 2,2): este es el tema del próximo encuentro mundial juvenil. Es un tema que permite a los jóvenes de cada continente recorrer idealmente el itinerario de los Reyes Magos, cuyas reliquias se veneran según una pía tradición precisamente en aquella ciudad, y encontrar, como ellos, al Mesías de todas las naciones.

En verdad, la luz de Cristo ya iluminaba la inteligencia y el corazón de los Reyes Magos. "Se pusieron en camino" (Mt 2,9), cuenta el evangelista, lanzándose con coraje por caminos desconocidos y emprendiendo un largo viaje nada fácil. No dudaron en dejar todo para seguir la estrella que habían visto salir en el Oriente (cfr. Mt 2,2). Imitando a los Reyes Magos, también vosotros, queridos jóvenes, os disponéis a emprender un "viaje" desde todas las partes del globo hacia Colonia. Es importante que os preocupéis no sólo de la organización práctica de la Jornada Mundial de la Juventud, sino que cuidéis en primer lugar la preparación espiritual en una atmósfera de fe y de escucha de la Palabra de Dios.

2. "Y la estrella ... iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño" (Mt 2,9). Los Reyes Magos llegaron a Belén porque se dejaron guiar dócilmente por la estrella. Más aún, "al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría" (Mt 2,10). Es importante, queridos amigos, aprender a escrutar los signos con los que Dios nos llama y nos guía. Cuando se es consciente de ser guiado por Él, el corazón experimenta una auténtica y profunda alegría acompañada de un vivo deseo de encontrarlo y de un esfuerzo perseverante de seguirlo dócilmente.

"Entraron en la casa, vieron al niño con María su madre" (Mt 2,11). Nada de extraordinario a simple vista. Sin embargo, aquel Niño es diferente a los demás: es el Hijo primogénito de Dios que se despojó de su gloria (cfr. Fil 2,7) y vino a la tierra para morir en la Cruz. Descendió entre nosotros y se hizo pobre para revelarnos la gloria divina que contemplaremos plenamente en el Cielo, nuestra patria celestial.

¿Quién podría haber inventado un signo de amor más grande? Permanecemos extasiados ante el misterio de un Dios que se humilla para asumir nuestra condición humana hasta inmolarse por nosotros en la cruz (cfr. Fil 2,6-8). En su pobreza, vino para ofrecer la salvación a los pecadores. Aquel que - como nos recuerda san Pablo - "siendo rico, se hizo pobre por amor nuestro, para que vosotros fueseis ricos por su pobreza" (2Cor 8,9). ¿Cómo no dar gracias a Dios por tanta bondad condescendiente?

3. Los Reyes Magos encontraron a Jesús en "Bêt-lehem", que significa "casa del pan". En la humilde cueva de Belén yace, sobre un poco de paja, el "grano de trigo" que muriendo dará "mucho fruto" (cfr. Jn 12,24). Para hablar de sí mismo y de su misión salvífica, Jesús, en el curso de su vida pública, recurrirá a la imagen del pan. Dirá: "Yo soy el pan de vida", "Yo soy el pan que bajó del cielo", "El pan que yo le daré es mi carne, vida del mundo" (Jn 6,35.41.51).

Recorriendo con fe el itinerario del Redentor desde la pobreza del Pesebre hasta el abandono de la Cruz, comprendemos mejor el misterio de su amor que redime a la humanidad. El Niño, colocado suavemente en el pesebre por María, es el Hombre-Dios que veremos clavado en la Cruz. El mismo Redentor está presente en el sacramento de la Eucaristía. En el establo de Belén se dejó adorar, bajo la pobre apariencia de un neonato, por María, José y los pastores; en la Hostia consagrada lo adoramos sacramentalmente presente en cuerpo, sangre, alma y divinidad, y Él se ofrece a nosotros como alimento de vida eterna. La santa Misa se convierte ahora en un verdadero encuentro de amor con Aquel que se nos ha dado enteramente. No dudéis, queridos jóvenes, en responderle cuando os invita "al banquete de bodas del Cordero" (cfr. Ap 19,9). Escuchadlo, preparaos adecuadamente y acercaos al Sacramento del Altar, especialmente en este Año de la Eucaristía (octubre 2004-2005) que he querido declarar para toda la Iglesia.

4. "Y postrándose le adoraron" (Mt 2,11). Si en el Niño que María estrecha entre sus brazos los Reyes Magos reconocen y adoran al esperado de las gentes anunciado por los profetas, nosotros podemos adorarlo hoy en la Eucaristía y reconocerlo como nuestro Creador, único Señor y Salvador.

"Abrieron sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra" (Mt 2,11). Los dones que los Reyes Magos ofrecen al Mesías simbolizan la verdadera adoración. Por medio del oro subrayan la divinidad real; con el incienso lo reconocen como sacerdote de la nueva Alianza; al ofrecerle la mirra celebran al profeta que derramará la propia sangre para reconciliar la humanidad con el Padre.

Queridos jóvenes, ofreced también vosotros al Señor el oro de vuestra existencia, o sea la libertad de seguirlo por amor respondiendo fielmente a su llamada; elevad hacia Él el incienso de vuestra oración ardiente, para alabanza de su gloria; ofrecedle la mirra, es decir el afecto lleno de gratitud hacia Él, verdadero Hombre, que nos ha amado hasta morir como un malhechor en el Gólgota.

5. ¡Sed adoradores del único y verdadero Dios, reconociéndole el primer puesto en vuestra existencia! La idolatría es una tentación constante del hombre. Desgraciadamente hay gente que busca la solución de los problemas en prácticas religiosas incompatibles con la fe cristiana. Es fuerte el impulso de creer en los falsos mitos del éxito y del poder; es peligroso abrazar conceptos evanescentes de lo sagrado que presentan a Dios bajo la forma de energía cósmica, o de otras maneras no concordes con la doctrina católica.

¡Jóvenes, no creáis en falaces ilusiones y modas efímeras que no pocas veces dejan un trágico vacío espiritual! Rechazad las seducciones del dinero, del consumismo y de la violencia solapada que a veces ejercen los medios de comunicación.

La adoración del Dios verdadero constituye un auténtico acto de resistencia contra toda forma de idolatría. Adorad a Cristo: Él es la Roca sobre la que construir vuestro futuro y un mundo más justo y solidario. Jesús es el Príncipe de la paz, la fuente del perdón y de la reconciliación, que puede hacer hermanos a todos los miembros de la familia humana.

6. "Se retiraron a su país por otro camino" (Mt 2,12). El Evangelio precisa que, después de haber encontrado a Cristo, los Reyes Magos regresaron a su país "por otro camino". Tal cambio de ruta puede simbolizar la conversión a la que están llamados los que encuentran a Jesús para convertirse en los verdaderos adoradores que Él desea (cfr. Jn 4,23-24). Esto conlleva la imitación de su modo de actuar transformándose, como escribe el apóstol Pablo, en una "hostia viva, santa, grata a Dios". Añade después el apóstol de no conformarse a la mentalidad de este siglo, sino de transformarse por la renovación de la mente, "para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, buena, grata y perfecta" (cfr. Rom 12,1-2).

Escuchar a Cristo y adorarlo lleva a hacer elecciones valerosas, a tomar decisiones a veces heroicas. Jesús es exigente porque quiere nuestra auténtica felicidad. Llama a algunos a dejar todo para que le sigan en la vida sacerdotal o consagrada. Quien advierte esta invitación no tenga miedo de responderle "sí" y le siga generosamente. Pero más allá de las vocaciones de especial consagración, está la vocación propia de todo bautizado: también es esta una vocación a aquel "alto grado" de la vida cristiana ordinaria que se expresa en la santidad (cfr. Novo millennio ineunte, 31). Cuando se encuentra a Jesús y se acoge su Evangelio, la vida cambia y uno es empujado a comunicar a los demás la propia experiencia.

Son tantos nuestros compañeros que todavía no conocen el amor de Dios, o buscan llenarse el corazón con sucedáneos insignificantes. Por lo tanto, es urgente ser testigos del amor contemplado en Cristo. La invitación a participar en la Jornada Mundial de la Juventud es también para vosotros, queridos amigos que no estáis bautizados o que no os identificáis con la Iglesia. ¿No será que también vosotros tenéis sed del Absoluto y estáis en la búsqueda de "algo" que dé significado a vuestra existencia? Dirigíos a Cristo y no seréis defraudados.

7. Queridos jóvenes, la Iglesia necesita auténticos testigos para la nueva evangelización: hombres y mujeres cuya vida haya sido transformada por el encuentro con Jesús; hombres y mujeres capaces de comunicar esta experiencia a los demás. La Iglesia necesita santos. Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad. En este camino de heroísmo evangélico nos han precedido tantos, y es a su intercesión a la que os exhorto recurrir a menudo. Al encontraros en Colonia, aprenderéis a conocer mejor a algunos de ellos, como a san Bonifacio, el apóstol de Alemania, a los Santos de Colonia, en particular a Úrsula, Alberto Magno, Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) y al beato Adolfo Kolping. Entre éstos quisiera citar en modo particular a san Alberto y a santa Teresa Benedicta de la Cruz que, con la misma actitud interior de los Reyes Magos, buscaron la verdad apasionadamente. No dudaron en poner sus capacidades intelectuales al servicio de la fe, testimoniando así que la fe y la razón están ligadas y se atraen recíprocamente.

Queridísimos jóvenes encaminados idealmente hacia Colonia, el Papa os acompaña con su oración. Que María, "mujer eucarística" y Madre de la Sabiduría, os ayude en vuestro caminar, ilumine vuestras decisiones y os enseñe a amar lo que es verdadero, bueno y bello. Que Ella os conduzca a su Hijo, el único que puede satisfacer las esperanzas más íntimas de la inteligencia y del corazón del hombre.

¡Con mi bendición!

Desde Castel Gandolfo, 6 de agosto de 2004

JUAN PABLO II

 

El logotipo oficial
de la XX. Jornada Mundial de la Juventud 2005 en Colonia

El logotipo simboliza a través de su concepción dinámica y de la claridad de sus elementos la esencia y el carácter de la Jornada Mundial de la Juventud 2005 en Colonia.

En el centro de la Jornada Mundial de la Juventud radica el encuentro con Cristo. La cruz, que desde su posición central domina el logotipo simboliza a Cristo. La presencia de Cristo deja su huella en el devenir de los acontecimientos. El color rojo es la alegoría del amor, la pasión y también del sufrimiento. Al mismo tiempo hace referencia al amor de Dios y a la muerte de Jesús en la cruz, pero también recuerda los innumerables sufrimientos en nuestras vidas y en el mundo entero. La cruz es el emblema central de la esperanza cristiana y de la redención a través de Jesucristo, que es mayor que el sufrimiento.

La estrella es la imagen de la guía divina y es un punto de referencia. Brilla a la altura del lugar del nacimiento de Jesús, como signo con el que Dios nos indica el camino. Según la tradición bíblica fue la estrella la que mostró a los Sabios de Oriente, los Reyes Magos, el camino hacia Cristo. Tras una larga peregrinación encontraron al Señor y regresaron cambiados al lugar del que vinieron. Al igual que en aquel entonces lució la estrella sobre el establo de Belén, lo hace ahora sobre la casa de Dios en Colonia. La estrella quiere guiar a los jóvenes del mundo a Colonia a la Jornada Mundial de la Juventud: !Aquí es donde tenéis que venir!. 

La estela refleja el camino de la estrella: dicho camino proviene de arriba, de Dios. En su descenso atraviesa el horizonte limitado de nuestro mundo terrenal. El color dorado recuerda a la luz celestial de Dios, que ilumina la oscuridad del mundo. La estrella y su estela son en el mundo entero la alegoría de la Navidad y la Epifanía del Señor. 

El lugar en el que se celebrará la Jornada Mundial de la Juventud está representado a través de la catedral de Colonia. En la catedral se veneran desde hace siglos los restos mortales de los Reyes Magos. El color rojo de la catedral une a la Iglesia con la cruz: la Iglesia y Cristo forman una unidad inseparable. Cristo, el crucificado y resucitado, está presente en la historia del mundo a través de la Iglesia. Al mismo tiempo esta representación - bastante simplificada - puede simbolizar otras iglesias donde también se celebrará la Jornada Mundial de la Juventud en Alemania. 

El arco elíptico tiene varios significados: como letra C estilizada simboliza a Cristo, pero también a la comunidad mundial de las Iglesias (Communio). Además, el arco es el abrazo protector de Dios: el cielo, la gracia de Dios, abraza y alberga a la Iglesia y a todo el mundo, lo que también queda reflejado en el color azul del arco. La inclinación del arco se dirige hacia la cruz. Al mismo tiempo se abre hacia la cruz. No obstante es de la cruz de donde efluye toda la dinámica del logotipo: las cristianas y los cristianos deben dirigirse a la cruz, dejarse guiar por Jesucristo y adorarle a él, al crucificado y resucitado, tal y como queda reflejado en el lema de la XX. Jornada Mundial de la Juventud: "Hemos venido a adorarle" (Mt 2,2). 

La parte inferior del arco hace pensar en el Rín y en un barco: la Iglesia, simbolizada por el barco, recuerda así mismo el arca salvadora de Noé. El azul del arco simboliza el agua y hace referencia al agua del bautismo.

 

 

 

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Última modificación: 15 de Marzo de 2006