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1920
- 2005 + Juan Pablo II Volvió a la Casa del Padre el 02-IV- 2005 a
las 21:37 hora de Roma BIOGRAFÍA
¿Quién fue Juan Pablo II? Karol Wojtyla
nació el 18 de Mayo de 1920 en Wadowice, sur de Polonia. Su
familia
Su familia estaba conformada por su padre un militar del ejército
austro-húngaro, su madre, una joven sileciana de origen lituano, y un hermano
adolescente de nombre Edmund. Los padres de Karol Wojtyla lo bautizaron a los
pocos días de nacer en la Iglesia de Santa María de Wadowice. A los 9 años
de edad recibió un duro golpe: el fallecimiento de su madre al dar a luz a una
niña que murió antes de nacer. Años más tarde falleció su hermano y en 1941
murió su padre De joven, mostró una gran inquietud por el teatro y las artes literarias
polacas. Sus estudios
Durante sus años de
colegio pensaba seriamente en la posibilidad de continuar estudios de filología
y lingüística polaca, pero un encuentro con el Cardenal Sapieha durante una visita
pastoral, le hizo considerar seriamente la posibilidad de seguir la vocación que
tenía impresa en el corazón: el sacerdocio. Al desatarse la segunda guerra
mundial los alemanes cerraron todas las Universidades de Polonia con el objetivo
de invadir no sólo el territorio sino también la cultura polaca. Frente a esta
situación Karol Wojtyla con un grupo de jóvenes organizaron una Universidad clandestina
en donde estudió filosofía, idiomas y literatura. Poco antes de decidir su ingreso
al seminario, el joven Karol tuvo que trabajar arduamente como obrero en una cantera.
Según ha relatado el Pontífice, esta experiencia le ayudó a conocer de cerca
el cansancio físico, así como la sencillez, sensatez y fervor religioso de los
trabajadores y los pobres. Sus primeros pasos en el
sacerdocio
En 1942 ingresó al Departamento teológico de la Universidad
Jaguelloniana. Durante estos años tuvo que vivir oculto, junto con otros seminaristas,
quienes fueron acogidos por el Cardenal de Cracovia. El 1 de Noviembre de 1946,
a la edad de 26 años, Karol Wojtyla fue ordenado sacerdote en el Seminario Mayor
de Cracovia y celebró su primera Misa en la Cripta de San Leonardo en la Catedral
de Wavel. Al poco tiempo obtuvo la licenciatura de Teología en la Universidad
Pontificia de Roma Angelicum y más adelante se doctoró en Filosofía. Durante
algún tiempo se desempeñó como profesor de ética en la Universidad Católica de
Dublin y en la Universidad Estatal de Cracovia, donde interactuó con importantes
representantes del pensamiento católico polaco, especialmente de la vertiente
conocida como "tomismo lublinense". Su nombramiento
como Obispo
El 23 de Setiembre de 1958 fue consagrado Obispo Auxiliar
del Administrador Apostólico de Cracovia, Monseñor Baziak, convirtiéndose en el
miembro más joven del Episcopado Polaco. Participó en el Concilio Vaticano
II, donde participó activamente, especialmente en las comisiones responsables
de elaborar la Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium y la Constitución
conciliar Gaudium et Spes. Durante estos años, el entonces Obispo Wojtyla combinaba
la producción teológica con una intensa labor apostólica, especialmente con los
jóvenes, con quienes compartía tanto momentos de reflexión y oración como espacios
de distracción y aventura al aire libre. El 13 de Enero de 1964 falleció Monseñor
Baziak por lo que Mons. Wojtyla ocupa la sede de Cracovia como titular. Dos años
después, el Papa Pablo VI convierte a Cracovia en Arquidiócesis. Durante su
labor como Arzobispo, el futuro Papa se caracterizó por la integración de los
laicos en las tareas pastorales, la promoción del apostolado juvenil y vocacional,
la construcción de templos a pesar de la fuerte oposición del régimen comunista,
la promoción humana y formación religiosa de los obreros y el aliento del pensamiento
y las publicaciones católicas. En Mayo de 1967, a los 47 años de edad, el Arzobispo
Wojtyla fue creado Cardenal por el Papa Pablo VI. En 1974 el nuevo Cardenal ordenó
a 43 nuevos sacerdotes, en la ordenación sacerdotal más numerosa desde que terminó
la Segunda Guerra Mundial. Su consagración como Papa
En 1978 muere el Papa Pablo VI y es elegido nuevo Papa el Cardenal Albino Luciani
de 65 años quien tomó el nombre de Juan Pablo I. El "Papa de la Sonrisa",
sin embargo, fallece a los 33 días de su nombramiento. El 16 de octubre de
1978, luego de un nuevo cónclave, el Cardenal polaco Karol Wojtyla es elegido
como el sucesor de San Pedro, rompiendo con la tradición de más de 400 años de
elegir Papas de origen italiano. El 22 de Octubre de 1978 fue investido como Sumo
Pontífice asumiendo el nombre de Juan Pablo II. Principales
acontecimientos del pontificado de Juan Pablo II
16 octubre de 1978 - El cardenal Carol Wojtyla, obispo
de Cracovia, es elegido como el primer Papa no italiano en 455 años. Comienza
oficialmente su pontificado seis días después. 2-10 junio de 1979 - Regresa
triunfante a su patria. La confianza que inyecta a los polacos con su visita se
convierte en un factor primordial en el crecimiento del movimiento de raíz sindical
Solidaridad. 13 mayo de 1981 - El turco Mehmet Alí Agca hiere de gravedad
de un disparo al Papa en la Plaza de San Pedro. Una operación de emergencia le
salva la vida. 12 mayo de 1982 - En la víspera del primer aniversario del
atentado de Agca, un sacerdote tradicionalista español intenta apuñalar al Papa
en la capilla dedicada a la Virgen de Fátima, en Portugal. El Papa resulta ileso. 27
marzo de 1986 - Tras un juicio de 10 meses, un tribunal de Roma absuelve a tres
búlgaros y tres turcos de acusaciones de haber conspirado con Mehmet Ali Agca
para matar al Papa en 1981. La denominada ´conexión búlgara´ no pudo ser probada. 13
abril de 1986 - El Papa realiza la primera visita de un Pontífice católico a una
sinagoga. En ese lugar reza con el rabino principal de Roma en lo que se convierte
en el mayor avance en las relaciones entre católicos y judíos. 27 octubre
de 1986 - El Papa organiza en Asís, Italia, una reunión sin precedentes de dirigentes
religiosos del mundo para que recen en favor de la paz, mientras muchos grupos
guerrilleros y gobiernos en conflicto en el mundo escuchan su llamamiento para
una tregua de un día que coincidió con la reunión de oración en la ciudad natal
de San Francisco. Julio de 1987 - El Pontífice rompe una tradición de siglos
al tomarse unas vacaciones privadas de una semana en las montañas del norte de
Italia. 30 junio de 1988 - El arzobispo rebelde francés suspendido Marcel
Lefebvre ordena a cuatro obispos sin contar con el permiso del Vaticano, lo que
lleva a la Iglesia Católica a enfrentarse a un nuevo cisma en 118 años. El desafío
de Lefebvre a Juan Pablo II fue visto como el revés más duro a su pontificado
y provocó una profunda angustia al Papa. 1 diciembre de 1989 - Encuentro
histórico entre el Papa y el presidente soviético Mijaíl Gorbachov, que invita
al Papa a visitar la Unión Soviética. Después del encuentro, el Papa comienza
los pasos para el restablecimiento de la jerarquía religiosa en el bloque oriental.
Las reformas de Gorbachov llevan a cambios drásticos como la libertad religiosa. 7
junio de 1991 - El Papa regresa triunfante a su país por primera vez desde la
caída del comunismo. 15 julio de 1992 - Después de 359 años, el Papa rehabilita
oficialmente a Galileo, quien fue censurado por la Iglesia por afirmar que la
Tierra se movía alrededor del Sol. 11 noviembre de 1992 - La decisión de
la Iglesia Anglicana de ordenar a mujeres sacerdotes lleva a las relaciones con
el Vaticano a su nivel más bajo. 7 diciembre de 1992 - El Papa emite el
nuevo catecismo universal de la Iglesia Católica Romana, el primero en casi cinco
siglos. 4-10 septiembre de 1993 - El Papa visita Estonia, Letonia y Lituania,
su primer gira por naciones de la ex Unión Soviética. 28 diciembre de 1993
- El Vaticano e Israel forjan relaciones diplomáticas completas en la decisión
más importante de la historia que trataba de terminar con casi 2000 años de desconfianza
y hostilidad entre cristianos y judíos. El Papa acepta posteriormente la invitación
para visitar Israel. 28 abril de 1994 - El Papa se resbala en el baño de
su apartamento en el Vaticano y se fractura el fémur derecho, por lo que es sometido
a una operación para reemplazárselo y permanece hospitalizado durante un mes.
Comienza a usar un bastón y se ve obligado a renunciar al esquí. 17 octubre
de 1994 - El Papa se convierte en un escritor de gran éxito al publicarse su libro
´Cruzando el umbral de la esperanza´. 21 junio de 1995 - Al ser inaugurada
la primera mezquita en Roma, el Papa exige un tratamiento igualitario para los
cristianos que viven en países de mayoría musulmana. 14 agosto de 1996 -
El Papa, aquejado por fuertes dolores abdominales, es sometido a una tomografía
computarizada, mientras el Vaticano dice que el estudio ´no muestra nada de importancia´. 5-7
septiembre de 1996 - Durante una visita a Hungría, el portavoz del Vaticano sugiere
que el Papa podría estar afectado por un problema neurológico parecido al mal
de Parkinson. 6 octubre de 1996 - El Papa es ingresado en el hospital donde
le extirpan en apéndice. 13 abril de 1997 - El Papa cumple su muy esperada
visita a Sarajevo, donde insta a los antiguos enemigos religiosos a perdonarse. 9
septiembre de 1997 - La debilidad del Papa le impide asistir al funeral de la
Madre Teresa de Calcuta. 21 enero de 1998 - El Papa comienza una histórica
visita a Cuba. 16 marzo de 1998 - En un documento sin precedentes, el Vaticano
pide perdón en nombre de los católicos que no pudieron ayudar a los judíos durante
la persecución nazi. Los judíos se muestran molestos porque el documento defiende
al Papa Pío XII, que gobernaba a la Iglesia Católica durante la II Guerra Mundial. 13
de marzo de 2000 - En uno de los actos más significativos de su papado, el Pontífice
pide perdón por los pecados pasados de la Iglesia, entre ellos el trato a los
judíos, herejes, mujeres y minorías. 10-26 de marzo de 2000 - El Papa realiza
un viaje a la Tierra Santa, visita sitios sagrados en Israel y los territorios
palestinos. 8 de mayo de 2001 - El Papa termina una visita a Siria, hace
historia al convertirse en el primer pontífice en entrar a una mezquita. 22
de noviembre de 2001 - El Papa pide perdón a las víctimas de abuso sexual de parte
de sacerdotes y otros clérigos. Abril de 2002 - Reúne de emergencia a los
cardenales de la Iglesia Católica de Estados Unidos para enfrentarse al problema
del escándalo de abuso sexual. Agosto de 2002 - El Papa hace su última visita
a Polonia. Visita Cracovia y habla sobre la muerte. Octubre de 2002 - El
Papa celebra el 24 aniversario de su pontificado y emite cambios en el rosario,
el método más común de oración de los católicos, por primera vez en nueve siglos. 19
de octubre de 2003 - El Papa beatifica a la Madre Teresa de Calcuta ante una multitud
de 300.000 personas, y la describe como un ´símbolo´ de la caridad. 16 de
mayo de 2004 - El Papa crea seis nuevos santos, eleva a 483 el número de santos
creados durante sus 25 años de papado. 18 de diciembre de 2004 - Juan Pablo
II condena el matrimonio entre el mismo sexo como un ataque a la sociedad. 1
de febrero de 2005 - El Papa es trasladado a un hospital debido a una aguda infección
respiratoria. Un
Papado sin Fronteras Desde
que en la tarde de su elección Juan Pablo II se asomó al balcón central de la
Basílica Vaticana para impartir su primera bendición “Urbi et Orbi” o “a la ciudad
y al mundo”, resultó obvio que este nuevo Papa no era igual a sus antecesores.
Con un estilo humilde y sencillo, el tímido polaco se presentó como “un servidor
del Señor”, y prometió “trabajar arduamente para acercar la Iglesia Católica a
sus fieles”. Hoy, luego de más de un cuarto de siglo de pontificado,
nadie puede negar que Karol Wojtila no solamente ha cumplido con su promesa, sino
que, en el proceso, le dio un fuerte giro a la historia del catolicismo.
Según el historiador español Juan José Arbiz, su elección significó, ante todo,
“la conclusión del esfuerzo realizado por los últimos Papas para dar a la Iglesia
la dimensión universal que le es propia y que los acontecimientos históricos de
los últimos siglos habían podido de alguna manera ofuscar”. De este modo,
con Juan Pablo II, la Iglesia trata de librarse de prejuicios nacionalistas abriéndose
a todos los pueblos. “Ciudadanos del mundo: ¡Abranle las puertas a Cristo!”, fueron
las palabras de apertura de su primer discurso mundial, el 22 de octubre de 1978. Caminos.
Desde 1978, el año en el que inició su pontificado, parecía que el Papa no descansaba.
De una gira en otra, Juan Pablo II se preocupaba de igual manera por sus fieles
en los cinco continentes. No importaba que el país fuese grande o pequeño: el
quería llegar hasta el último rincón. Bien fuese en países con largas tradiciones
de catolicismo, como México, o en países totalmente disociados de esta fe, como
China, en donde fue recibido como un hombre de paz. Podía se en países
considerados bastiones del catolicismo, como España, que lo acogió por última
vez el año pasado. O bien en lugares que, para él, parecían inalcanzables, como
la Cuba comunista de Fidel Castro. Algunos viajes del Papa han tenido un indudable
reflejo político: en Polonia, su país natal, donde habló a los sindicalistas,
llamándolos a exigir sus derechos, en un gesto que contribuyó a liberar al país
del yugo soviético. Además, los viajes a algunos países de Latinoamérica
le ofrecieron ocasión al Papa para pedir a regímenes dictatoriales de derechas.
Muchas veces sus viajes buscaron un mayor respeto a los derechos humanos, como
ocurrió en Cuba; o evitar enfrentamientos bélicos, como su visita a EE.UU. antes
de la guerra del Golfo. Según Arbiz “en todas estas iniciativas, el Papa ha demostrado
que él no es un pacifista sino un pacificador”. El cardenal francés
Roger Etchegaray le rindió homenaje en Roma por haber sido “el Papa Viajero”.
Según el prelado “el espíritu misionero del Papa es tan fuerte, que se convirtió
en un Papa sin fronteras”. Juan Pablo II, un pionero El
Papa que nos deja no solamente fue un pionero, sino que además supo aprovechar
toda la tecnología que le ofrecieron los tiempos para su apostolado. Juan Pablo
II fue el primer Papa en visitar una sinagoga (en Roma, en abril de 1986), y una
mezquita (la Gran Mezquita Omeya de Damasco, en mayo 2001). Dió conferencias
de prensa en aviones y en la Oficina de Prensa de la Santa Sede (24 enero 1994);
residió en un hotel en lugar de en una nunciatura apostólica durante sus viajes
(mayo 2002); le añadió cinco nuevos misterios al Rosario (octubre 2002); dijo
misa en un hangar de aviones (Aeropuerto de Fiumicino, Roma, diciembre 1992) y
convocó una Jornada de Perdón (Año Jubilar 2000). Ha sido también el
primer Papa que ha entrado en la celda de una prisión al encontrarse en diciembre
de 1983 con Ali Agca, el turco que atentó contra su vida en 1981, y ha celebrado
misa en la comunidad católica más al norte del mundo, a 350 kilómetros del Círculo
Polar Artico (Noruega, 1989). Las cifras del pontificado 129.
Países acogieron a este Papa, muchos más de una vez. Para la mayoría de estas
naciones, la visita de Juan Pablo II representó la primera vez en su historia
que un Papa pisaba su tierra. 3. Con 26 años en su puesto,
el pontificado de Juan Pablo II es el tercero de mayor duración en la historia.
Solamente dos papas han estado a la cabeza de la Iglesia durante un período más
largo: Pío IX (31 años, 7 meses, 21 días) y San Pedro, de cuyo pontificado no
se conoce la duración, pero que se sospecha fue muy extenso. 3.
Visitas a República Dominicana realizó Juan Pablo II: en enero de 1978, su primera
visita; en agosto de 1984, la segunda ocasión, y en 1992, para el V Centenario
de la Evangelización de América. 1,500.Audiencias papales
semanales realizaba, en promedio, Juan Pablo II. 17. Millones
de personas fueron recibidas por el Sumo Pontífice, sin contar las personalidades
políticas, culturales y religiosas. 142. Es el número de
visitas pastorales realizadas por el Papa dentro de Italia. 300.
Mil kilómetros, al menos, recorrió Juan Pablo II durante su pontificado. 101.
Visitas pastorales fuera de Italia realizó Juan Pablo II. Misas
en nuestra Parroquia El día sábado despues
de conocerse la noticia del fallecimiento del Papa nuestra Parroquia fue visitada
por gran cantidad de feligreses que venian a rezar por el "Mensajero
de la Paz". Se pusieron Misas y rosarios fuera de horario. A continuación
se adjuntan imágenes de esas Celebraciones incluída la Misa de Niños oficiada
por el Padre Martín Calcarami quien explicó a los pequeños momentos de la
vida de Juan Pablo II
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La
presencia de fieles que se observa en estas Celebraciones se mantuvo durante
toda la semana hasta los funerales de Juan Pablo II | |

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Homilía
del cardenal Ratzinger en la Misa
de exequias de Juan Pablo II «Está ahora en la ventana
de la casa del Padre, nos ve y nos bendice» Homilía
que pronunció el cardenal Joseph Ratzinger, decano del Colegio Cardenalicio, durante
la Misa de exequias por Juan Pablo II que presidió el viernes 8 de Abril
de 2005 en la plaza de San Pedro del Vaticano. «Sígueme», dice
el Señor resucitado a Pedro, como última palabra a este discípulo elegido para
apacentar a sus ovejas. «Sígueme», esta palabra lapidaria de Cristo puede considerarse
como la clave para comprender el mensaje que deja la vida de nuestro difunto y
amado Papa Juan Pablo II, cuyos restos depositamos hoy en la tierra como semilla
de inmortalidad, con el corazón lleno de tristeza pero también de gozosa esperanza
y de profunda gratitud. Con estos sentimientos y este espíritu,
hermanos y hermanas en Cristo, nos encontramos en la plaza de San Pedro, en las
calles adyacentes y en otros diferentes lugares de la ciudad de Roma, poblada
en estos días por una inmensa multitud silenciosa y orante. Saludo a todos cordialmente.
En nombre del Colegio de los cardenales saludo con deferencia a los jefes de Estado,
de gobierno y a las delegaciones de los diferentes países. Saludo a las autoridades
y a los representantes de las Iglesias y comunidades cristianas, al igual que
a los de las diferentes religiones. Saludo a los arzobispos, a los obispos, sacerdotes,
religiosos, religiosas y fieles, llegados de todos los continentes; de forma especial
a los jóvenes a los que Juan Pablo II definía como el futuro y la esperanza de
la Iglesia. Mi saludo alcanza también a todos los que en cualquier lugar del mundo
están unidos a nosotros a través de la radio y la televisión, en esta participación
conjunta en el solemne rito de despedida del querido pontífice.
«Sígueme». Cuando era joven estudiante, Karol Wojtyla era un apasionado de la
literatura, del teatro, de la poesía. Mientras trabajaba en una fábrica química,
rodeado y amenazado por el terror nazi, escuchó la voz del Señor: ¡Sígueme! En
este contexto tan particular comenzó a leer libros de filosofía y de teología,
entró después en el seminario clandestino creado por el cardenal Sapieha y después
de la guerra pudo completar sus estudios en la Facultad de Teología de la Universidad
Jagellónica de Cracovia. Muchas veces en sus cartas a los sacerdotes y en sus
libros autobiográficos nos habló de su sacerdocio, en el que fue ordenado el 1
de noviembre de 1946. En esos textos interpreta su sacerdocio a partir de tres
frases del Señor. Ante todo ésta: «No me habéis elegido vosotros a mí, sino que
yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y
que vuestro fruto permanezca» (Juan 15, 16). La segunda palabra es: «El buen pastor
da su vida por las oveja! s» (Juan 10, 11). Y por último: «Como el Padre me
amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor» (Juan 15, 9).
En estas tres frases podemos ver el alma entera de nuestro Santo Padre. Realmente
ha ido a todos los lugares sin descanso para llevar fruto, un fruto que permanece.
«Levantaos, vamos», es el título de su penúltimo libro. «Levantaos, vamos». Con
esas palabras nos ha despertado de una fe cansada, del sueño de los discípulos
de ayer y hoy. «Levantaos, vamos», nos dice hoy también a nosotros. El Santo Padre
fue además sacerdote hasta el final porque ofreció su vida a Dios por sus ovejas
y por toda la familia humana, en una entrega cotidiana al servicio de la Iglesia
y sobre todo en las duras pruebas de los últimos meses. Así se ha convertido en
una sola cosa con Cristo, el buen pastor que ama sus ovejas. Y finalmente «permaneced
en mi amor»: el Papa, que buscó el encuentro con todos, que tuvo una capacidad
de perdón y de apertura de corazón para todos, nos dice hoy también con estas
palabras del Señor: «Permaneciendo en el amor de Cristo, aprendemos, en la escuela
de Cristo, el ! arte del verdadero amor». «Sígueme». En julio
de 1958 comienza para el joven sacerdote Karol Wojtyla una nueva etapa en el camino
con el Señor y tras el Señor. Karol fue, como era habitual, con un grupo de jóvenes
apasionados de canoa a los lagos Masuri para pasar unos días de vacaciones juntos.
Pero llevaba consigo una carta que le invitaba a presentarse ante el primado de
Polonia, el cardenal Wyszynski, y podía adivinar el motivo del encuentro: su nombramiento
como obispo auxiliar de Cracovia. Dejar la docencia universitaria, dejar esta
comunión estimulante con los jóvenes, dejar la gran liza intelectual para conocer
e interpretar el misterio de la criatura humana, para hacer presente en el mundo
de hoy la interpretación cristiana de nuestro ser, todo aquello debía parecerle
como un perderse a sí mismo, perder aquello que constituía la identidad humana
de ese joven sacerdote. Sígueme, Karol Wojtyla aceptó, escuchando en la llamada
de la Iglesia la voz de Cristo. De este modo, se dio cuenta de que e! s verdadera
la palabra del Señor: «Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda,
la conservará» (Lucas 17, 33). Nuestro Papa, todos lo sabemos, nunca quiso salvar
su propia vida, guardársela; se entregó sin reservas, hasta el último momento,
por Cristo y por nosotros. De esa forma experimentó que todo lo que había puesto
en manos del Señor se lo devolvía de una nueva manera: el amor a la palabra, a
la poesía, a las letras fue una parte esencial de su misión pastoral y dio nueva
frescura, actualidad nueva, atracción nueva al anuncio del Evangelio, precisamente
cuando éste es signo de contradicción. «Sígueme». En octubre de
1978 el cardenal Wojtyla escucha de nuevo la voz del Señor. Se renueva el diálogo
con Pedro narrado en el Evangelio de esta ceremonia: «Simón de Juan, ¿me quieres?...
Apacienta mis ovejas». A la pregunta del Señor: Karol ¿me quieres?, el arzobispo
de Cracovia respondió desde lo profundo de su corazón: « Señor, tú lo sabes todo;
tú sabes que te quiero». El amor de Cristo fue la fuerza dominante en nuestro
querido Santo Padre; quien lo ha visto rezar, quien lo ha oído predicar, lo sabe.
Y así, gracias a su profundo arraigamiento en Cristo pudo llevar un peso, que
supera las fuerzas puramente humanas: ser pastor del rebaño de Cristo, de su Iglesia
universal. Éste no es el momento de hablar de los diferentes aspectos de un pontificado
tan rico. Quisiera leer solamente dos pasajes de la liturgia de hoy, en los que
aparecen elementos centrales de su anuncio. En la primera lectura dice San Pedro
--y el Papa nos dice con San Pedro--: «Verdaderamente comprendo que Dios no hace
acepción de personas, sino que en cualquier nación el que le teme y practica la
justicia le es grato. Él ha enviado su Palabra a los hijos de Israel, anunciándoles
la Buena ! Nueva de la paz por medio de Jesucristo que es el Señor de todos»
(Hechos 10, 34-36). Y en la segunda lectura, San Pablo --con San Pablo nuestro
Papa difunto-- nos exhorta intensamente: «Por tanto, hermanos míos queridos y
añorados, mi gozo y mi corona, manteneos así firmes en el Señor» (Filipenses 4,
1). ¡Sígueme! Junto al mandato de apacentar su rebaño, Cristo anunció
a Pedro su martirio. Con esta palabra conclusiva, que resume el diálogo sobre
el amor y sobre el mandato de pastor universal, el Señor recuerda otro diálogo,
que tuvo lugar en la Última Cena. Esa vez, Jesús dijo: «Adonde yo voy, vosotros
no podéis venir». Pedro dijo: «Señor, ¿a dónde vas?». Le respondió Jesús: «Adonde
yo voy no puedes seguirme ahora; me seguirás más tarde.» (Juan 13, 33.36). Jesús
va de la Cena a la Cruz y a la Resurrección y entra en el misterio pascual; Pedro,
sin embargo, todavía no le puede seguir. Ahora, tras la Resurrección, llegó este
momento, este «más tarde». Apacentando el rebaño de Cristo, Pedro entra en el
misterio pascual, se dirige hacia la Cruz y la Resurrección. El Señor lo dice
con estas palabras, «cuando eras joven., e ibas adonde querías; pero cuando llegues
a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras»
(Juan 21, 18). En el primer período ! de su pontificado el Santo Padre, todavía
joven y repleto de fuerzas, bajo la guía de Cristo fue hasta los confines del
mundo. Pero después compartió cada vez más los sufrimientos de Cristo, comprendió
cada vez mejor la verdad de las palabras: «Otro te ceñirá...». Y precisamente
en esta comunión con el Señor que sufre anunció el Evangelio infatigablemente
y con renovada intensidad el misterio del amor hasta el fin. Él
nos ha interpretado el misterio pascual como misterio de la divina misericordia.
Escribe en su último libro: El límite impuesto al mal «es en definitiva la divina
misericordia» («Memoria e identidad», página 70). Y reflexionando sobre el atentado
dice: «Cristo, sufriendo por todos nosotros, ha conferido un nuevo sentido al
sufrimiento; lo ha introducido en una nueva dimensión, en un nuevo orden: el del
amor... Es el sufrimiento que quema y consume el mal con la llama del amor y obtiene
también del pecado un multiforme florecimiento de bien» (página 199). Alentado
por esta visión, el Papa ha sufrido y amado en comunión con Cristo, y por eso,
el mensaje de su sufrimiento y de su silencio ha sido tan elocuente y fecundo.
Divina Misericordia: El Santo Padre encontró el reflejo más puro de la misericordia
de Dios en la Madre de Dios. El, que había perdido a su madre cuando era muy joven,
amó todavía más a la Madre de Dios. Escuchó las palabras del Señor crucificado
como si estuvieran dirigidas a él personalmente: «¡Aquí tienes a tu madre!». E
hizo como el discípulo predilecto: la acogió en lo íntimo de su ser («eis ta idia»:
Juan 19,27) -- Tous tuus. Y de la madre aprendió a conformarse con Cristo.
Ninguno de nosotros podrá olvidar que en el último domingo de Pascua de su
vida, el Santo Padre, marcado por el sufrimiento, se asomó una vez más a la ventana
del Palacio Apostólico Vaticano e impartió la bendición «Urbi et Orbi» por última
vez. Podemos estar seguros de que nuestro amado Papa está ahora en la ventana
de la casa del Padre, nos ve y nos bendice. Sí, bendíganos, Santo Padre. Confiamos
tu querida alma a la Madre de Dios, tu Madre, que te ha guiado cada día y te guiará
ahora a la gloria eterna de su Hijo, Jesucristo Señor nuestro. Amén.
Testamento
del Papa Juan Pablo II PRIMERA
PARTE
Totus Tuus ego sum
En el Nombre de la Santísima Trinidad. Amén.
"Velad porque no sabéis en qué día vendrá
vuestro Señor" (cf.Mt 24, 42), estas palabras me recuerdan la última
llamada, que vendrá en el momento que quiera el Señor. Quiero seguirle y deseo
que todo lo que forma parte de mi vida terrenal me prepare a ese momento. No sé
cuando llegará, pero como todo, también deposito ese momento en las manos de
la Madre de mi Maestro: Totus Tuus. En sus manos maternas lo dejo todo y a todos
aquellos con quienes me ha ligado mi vida y mi vocación. En esas manos dejo
sobre todo a la Iglesia y también a mi nación y a toda la humanidad. A todos
doy las gracias. A todos pido perdón. Pido también oraciones para que la
misericordia de Dios se muestre más grande que mi debilidad y mi indignidad.
Durante los ejercicios espirituales he releído el testamento del Santo Padre
Pablo VI. Su lectura me ha llevado a escribir el presente testamento.
No dejo tras de mí propiedad alguna de la que sea necesario disponer. En cuanto
a las cosas de uso cotidiano que me servían, pido que se distribuyan como se
considere oportuno. Que se quemen mis apuntes
personales. Pido que se encargue de todo esto don Estanislao a quien doy
las gracias por la colaboración y la ayuda tan prolongadas en estos años y tan
grande. Todos los demás agradecimientos, en cambio, los dejo en el corazón
ante Dios mismo, porque es difícil expresarlos.
Por lo que se refiere al funeral, repito las mismas disposiciones que dio el
Santo Padre Pablo VI (nota al margen: la
sepultura en la tierra, no en un sarcófago, 13.3.92)
"apud Dominum misericordia
et copiosa apud Eum redemptio"
Juan Pablo II Roma, 6. III. 1979
SEGUNDA PARTE
Después de la muerte pido Santas Misas y oraciones
5.III.90
TERCERA PARTE
Folio sin fecha:
Expreso mi mas profunda confianza en que, a pesar de toda mi debilidad, el Señor
me conceda todas las gracias necesarias para hacer frente según Su voluntad a
cualquier tarea, prueba o sufrimiento que quiera pedir a su siervo en el curso
de la vida. También tengo confianza en que no permitirá jamás que, mediante
cualquier actitud mía: palabras, obras u omisiones, traicione mis obligaciones
en esta santa Sede Petrina.
CUARTA PARTE
24.II-1.III.1980
También durante estos ejercicios espirituales he reflexionado sobre la verdad
del sacerdocio de Cristo en la perspectiva de aquel tránsito que para cada uno
de nosotros es el momento de la propia muerte. Del adiós a este mundo - para
nacer a otro, al mundo futuro, signo elocuente (y añade encima la palabra:
decisivo) es para nosotros la Resurrección de Cristo.
He leído por tanto la escritura de mi testamento del último año, efectuada
también durante los ejercicios espirituales, la he comparado con el testamento
de mi gran predecesor y padre Pablo VI, con ese testimonio sublime sobre la
muerte de un cristiano y de un Papa y he renovado en mí la conciencia de las
cuestiones a las que se refiere el registro del 6.III.1979 que yo había
preparado ( de forma bastante provisional).
Hoy quiero añadirle solamente esto, que cada uno debe tener presente la
perspectiva de la propia muerte. Y debe estar preparado para presentarse frente
al Señor y al Juez y al mismo tiempo frente al Redentor y al Padre. Así, yo
también lo tengo continuamente en consideración, confiando ese momento
decisivo a la Madre de Cristo y de la Iglesia, a la Madre de mi esperanza.
Los tiempos que vivimos, son indeciblemente difíciles e inquietos. También el
camino de la Iglesia se ha vuelto difícil y tenso, tanto para los fieles como
para los pastores, prueba característica de estos tiempos. En algunos países
(como por ejemplo en aquel del cual he leído en los ejercicios espirituales),
la Iglesia se encuentra en un período de persecución tal que no es inferior al
de los primeros siglos, al contrario, incluso los supera por el grado de
crueldad y de odio. Sanguis martyrum - semen christianorum. Y además esto:
tantas personas inocentes desaparecen también en este país en que vivimos...
Deseo una vez más confiarme totalmente a la gracia del Señor. El mismo decidirá
cuando y cómo tengo que terminar mi vida terrenal y mi ministerio pastoral. En
la vida y en la muerte Totus Tuus mediante la Inmaculada. Aceptando ya desde
ahora esta muerte, espero que Cristo me conceda la gracia para el último
pasaje, es decir la Pascua, (mía). También espero que haga que sea útil para
esta causa tan importante a la que intento servir: la salvación de la
humanidad, la salvaguardia de la familia humana, y con ella de todas las
naciones y todos los pueblos (entre ellos también me dirijo de forma particular
a mi Patria terrena), útil para las personas que de modo particular me ha
confiado, para la cuestión de la Iglesia, para la gloria de Dios.
No quiero añadir nada a lo que escribí hace un año, solamente manifestar esta
prontitud y al mismo tiempo esta confianza a las que de nuevo me han dispuesto
los ejercicios espirituales.
QUINTA PARTE
Juan Pablo II
Totus Tuus ego sum
5.III.1982
En el curso de los ejercicios espirituales de este año he leído (varias veces)
el texto del testamento del 6.III.1979. A pesar de que todavía lo considero
provisional (no definitivo) lo dejo en la forma en que existe. No cambio (por
ahora) nada, y tampoco lo agrego, por cuanto se refiere a las disposiciones que
contiene.
El atentado a mi vida el 13.V.1981 confirmó,
de alguna forma la exactitud de las palabras escritas en el período de los
ejercicios espirituales de 1980 ( 24.II- 1.III).
Cuanto más profundamente siento que me encuentro totalmente en las Manos de
Dios - y permanezco continuamente a disposición de mi Señor, confiándome a El
en su Madre Inmaculada (Totus Tuus). Juan Pablo II pp. II
SEXTA PARTE
Por cuanto se refiere a la última frase de mi testamento del 6.III.79 (: "Sobre
el lugar/ es decir el lugar del funeral/ decida el colegio cardenalicio y los
compatriotas") aclaro que pienso en: el metropolitano de Cracovia
o el Consejo General del Episcopado de Polonia.
Pido por tanto al Colegio Cardenalicio que satisfaga en la medida de lo posible
las eventuales peticiones de los más arriba citados.
SÉPTIMA PARTE
1.III.1985 (en el curso de los ejercicios espirituales).
De nuevo - por cuanto respecta a la expresión "Colegio Cardenalicio y los
Compatriotas"-: el "Colegio Cardenalicio" no tiene ninguna
obligación de interpelar sobre este argumento a " los Compatriotas":
sin embargo, puede hacerlo, si por alguna razón lo considerase justo.
OCTAVA PARTE
JPII Los ejercicios espirituales del año jubilar del 2000 (12-18.III) (para el
testamento)
1. Cuando el día 16 de febrero de 1978 el cónclave de los cardenales eligió a
Juan Pablo II el primado de Polonia, cardenal Stefan Wyszynsk, me dijo: "La
tarea del nuevo Papa será introducir a la Iglesia en el Tercer Milenio".
No sé si repito exactamente la frase, pero al menos éste era el sentido de lo
que sentí entonces. Lo dijo el hombre que ha pasado a la historia como primado
del Milenio. Un gran primado. He sido testigo de su misión, de su entrega
total. De sus luchas: de su victoria. "La victoria, cuando llegue, será
una victoria a través de María". Estas palabras de su predecesor, el
cardenal August Hlond, las solía repetir el primado del Milenio. De este modo,
me he preparado para la tarea que el día 16 de octubre de 1978 se presentó
ante mí. En el momento en que escribo estas palabras, el Año Jubilar del 2000
ya es una realidad. La noche del 24 de diciembre de 1999 se abrió la simbólica
Puerta del Gran Jubileo en la basílica de San Pedro, después la de San Juan de
Letrán, la de Santa María Mayor, el primer día del año y el día 19 de enero
la puerta de la basílica de San Pablo Extramuros. Este último acto, dado su
carácter ecuménico, se ha quedado grabado en mi memoria de modo particular.
2. A medida que pasa el Año Jubilar del 2000, un día tras otro, se cierra detrás
de nosotros el siglo XX y se abre el siglo XXI. Según los designios de la
Providencia se me ha concedido vivir en el difícil siglo que se está acabando,
que empieza a pertenecer al pasado y ahora, en el año en que la edad de mi vida
alcanza los 80 años (´octogesima adveniens´), es necesario preguntarse si no
es tiempo de repetir con el bíblico Simeón: ´Nunc dimittis´. El día 13 de
mayo de 1981, el día del atentado al Papa durante la audiencia general en la
Plaza de San Pedro, la Divina Providencia me saló milagrosamente de la muerte.
Aquel que es único Señor de la vida y de la muerte, El mismo me ha prolongado
esta vida, en un cierto modo me la ha vuelto a dar. Desde aquel momento
pertenece aún más a El. Espero que El me ayudará a reconocer hasta cuando
debo continuar este servicio, al que me llamó el día 16 de octubre de 1978. Le
pido que me llame cuando quiera. ´Pues si vivimos, vivimos para el Señor; y si
morimos, morimos para el Señor´ (cf. Rm 14, 8). Espero
que hasta que pueda realizar el servicio petrino en la Iglesia, la Misericordia
de Dios me preste las fuerzas necesarias para ello.
3. Como todos los años, durante los ejercicios espirituales he leído mi
testamento del 6.III.1979. Sigo manteniendo las disposiciones contenidas en él.
Lo que entonces y durante los sucesivos ejercicios espirituales se ha añadido
es un reflejo de la difícil y tensa situación general, que ha marcado los años
ochenta. Desde el otoño del año 1989 esta situación ha cambiado. El último
decenio del siglo pasado ha estado libre de las tensiones anteriores ; esto no
significa que no hayan surgido nuevos problemas y dificultades. De modo
particular, sea alabada la Divina Providencia por ello, el
período de la llamada ´guerra fría´ terminó sin el violento conflicto
nuclear que pesaba sobre el mundo en el período precedente.
4. Al encontrarme en el umbral del tercer milenio "in medio
Ecclesiae", deseo expresar una vez más gratitud al Espíritu Santo por el
gran don del Concilio Vaticano II, - del que junto a la Iglesia entera y todo el
episcopado- me siento deudor. Estoy convencido de que las nuevas generaciones
podrán servirse todavía durante mucho tiempo de las riquezas proporcionadas
por este Concilio del siglo XX. Como obispo que ha participado en el evento
conciliar desde el primer al último día, deseo confiar este gran patrimonio a
todos aquellos que son y serán llamados a ponerlo en práctica en el futuro.
Por mi parte, doy las gracias al Pastor eterno que me ha permitido servir a esta
grandísima causa en el curso de todos los años de mi pontificado. "In
medio Ecclesiae"... desde los primeros años de servicio episcopal
-precisamente gracias al Concilio -he podido experimentar la comunión fraterna
del episcopado. Como sacerdote de la archidiócesis de Cracovia ya sabía que es
la comunión fraternal el presbiterio- el Concilio abrió una nueva dimensión
de esta experiencia".
5. `Cuántas personas tendría que nombrar aquí! Probablemente el Señor Dios
habrá llamado a Su seno a la mayoría de ellos. Por lo que se refiere a los que
todavía se encuentran en esta parte, que las palabras de este testamento les
recuerden, a todos y en todas partes, allí, donde se encuentren. En el curso de
más de veinte años desde cuando presto el servicio Petrino "in medio
Ecclesiae" he experimentado la benévola y muy fecunda colaboración de
tantos cardenales, arzobispos y obispos, de tantos sacerdotes y personas
consagradas -hermanos y hermanas-, en fin, de tantísimas personas laicas, en el
ambiente curial, en el Vicariato de la diócesis de Roma, y también fuera de
estos ambientes. `Cómo no abrazar con grata memoria a todos los episcopados del
mundo, con los cuales me he encontrado a lo largo de las visitas "ad limina
Apostolorum"! `Cómo no recordar también a tantos hermanos cristianos no
católicos! !Y al rabino de Roma y a tantos numerosos representantes de las
religiones no cristianas! !Y cuántos representantes del mundo de la cultura, de
la ciencia, de la política, de los medios de comunicación social! 6. A medida
que se avecina el límite de mi vida terrenal vuelvo con la memoria al
principio, a mis padres, al hermano y la hermana (que no conocí porque murió
antes de que yo naciese), a la parroquia de Wadowice donde fui bautizado, a esa
ciudad que amo, a mis coetáneos, compañeras y compañeros de la escuela
primaria, del bachillerato, de la universidad, hasta los tiempos de la ocupación,
cuando trabajé como obrero y después en la parroquia de Niegowic, en la
cracoviana de San Floriano, en la pastoral de los universitarios, en aquel
ambiente .... en todos los ambientes ... en Cracovia y en Roma ... en las
personas que de forma especial el Señor me ha confiado. Quiero decir a todos sólo
una cosa: "Que Dios os recompense". "In manus Tuas, Domine,
commendo spiritum meum"
A.D. 17.III.2000.
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