|
| |
Colecta Anual 2005
12 de Junio

Mensaje del 2005
El mensaje que anima la Colecta Anual 2005 es:
“Por una sociedad justa que nos
incluya a todos”
En la patria del pan, donde cada uno está llamado a
vivir según su dignidad, son muchos lo que no tienen lo básico y necesario
para sustentarse.
Perdimos a lo largo de nuestra historia, el verdadero
sentido de la justicia, creando situaciones de inequidad que responden a
intereses meramente particulares por sobre el bien común.
Es necesario volver a reconocer lo que es de todos.
Volver a vernos en el otro, y así reconocernos como prójimo, haciendo del
dolor de mi hermano, también mi dolor.
En este sentido, la situación de pobreza y exclusión de
miles de argentinos, es un tema que nos importa a todos y nos da la posibilidad
de trabajar corresponsablemente. Es necesario superar la fragmentación social y
la injusticia que padecemos y reconstruir nuestros lazos sociales desde la
solidaridad, para volver a ser la “Nación que necesitamos ser”.
Por eso, es parte del compromiso
ciudadano abrir espacios de participación responsable en los que podamos
construir un proyecto colectivo como sociedad, para que todos podamos sentirnos
parte de una familia, un pueblo, un mismo país.
Esta es la invitación que hacemos desde la Colecta Anual 2005.
El afiche de la Colecta 2005
La imagen nos muestra puertas entreabiertas,
desgastadas, heridas, como una expresión del paulatino deterioro de nuestros vínculos
sociales provocado por el predominio de los intereses particulares por sobre el
bien común.
La pérdida de un horizonte colectivo y el alejamiento de un proyecto de Nación,
hizo vulnerables a la exclusión a muchos sectores de la sociedad.
La instancia más crítica de este proceso fue para muchos el momento de abrir
los ojos y comenzar a observar una realidad que trascendía la propia.
Descubrimos entonces la existencia de mecanismos de exclusión que, al modo de
puertas cerradas, dejaron sin oportunidades de una vida digna y desarrollo a
miles de familias y comunidades.
Pero en nuestra imagen estas puertas no están solas, hay una niña, como
testimonio de nuestras comunidades que, en medio de contextos críticos, viven
solidariamente: dónde no alcanza el pan, muchos se unen para crear comedores,
donde falta el trabajo, muchos comienzan a producir con sus propias manos, y de
este modo podríamos seguir citando ejemplos que hablan de la participación y
compromiso en la búsqueda de alternativas.
Esta fuerza es la que empuja las puertas y comienza a posibilitar que se abran
nuevos espacios de encuentro e incidencia sobre la realidad, transformándola.
Por eso la niña nos mira con la sonrisa de quien se encuentra en un camino
esperanzado. Trae el sol sobre su cabeza, que representa la riqueza de vida y
crecimiento de la comunidad que trabaja unida para que esa puerta se abra. Pero
sabemos que el acceso a una vida digna tiene que ser sustentado por todo el
conjunto social que desde una participación ciudadana establece los acuerdos y
modelos de convivencia. La exclusión no es el problema de algunos sino que nos
debe ocupar a todos. Por eso la mirada nos interpela, nos invita, para que
sumemos nuestro esfuerzo de abrir definitivamente la puerta y de ese modo
incluir a todos, en una sociedad que se reconozca justa, porque es capaz de
garantizar la dignidad de cada uno de los que la componen.
|