Parroquia Basílica San Nicolás de Bari

Principal Comentarios Indice Buscar

Año 2008

Atrás Arriba Siguiente

Martes 01-01-2008

Domingo 06-01-2008

Domingo 11-05-2008 Domingo 14-09-2008
Domingo 13-01-2008 Domingo 18-05-2008 Domingo 21-09-2008
Domingo 20-01-2008 Domingo 25-05-2008 Domingo 28-09-2008
Domingo 27.012008 Domingo 01-06-2008 Domingo 05-10-2008
Domingo 03-02-2008 Domingo 08-06-2008 Domingo 12-10-2008
Domingo 10-02-2008 Domingo 16-06-2008 Domingo 19-10-2008
Domingo 17-02-2008 Domingo 22-06-2008 Domingo 26-10-2008
Domingo 24-02-2008 Domingo 29-06-2008 Sábado 01-11-2008
Domingo 02-03-2008 Domingo 06-07-2008 Domingo 02-11-2008
Domingo 09-03-2008 Domingo 13-07-2008 Domingo 06-11-2008
Domingo 16-03-2008 Domingo 20-07-2008 Domingo 16-11-2008
Domingo 23-03-2008 Domingo 27-07-2008 Domingo 23-11-2008
Domingo 30-03-2008 Domingo 03-08-2008 Domingo 30-11-2008
Domingo 06-03-2008 Domingo 10-08-2008 Domingo 07-12-2008
Domingo 13-04-2008 Domingo 17-08-2008 Domingo 14-12-2008
Domingo 20-04-2008 Domingo 24-08-2008 Domingo 21-12-2008
Domingo 27-04-2008 Domingo 31-08-2008

Navidad 2008

Domingo 04-05-2008 Domingo 07-09-2008 Domingo 28-12-2008

 

Martes 01 de Enero de 2008
María, Madre de Dios
María, modelo de oración

Lc 2,16-21 (Lecturas: Nm 6,22-27 y Ga 4,4-7)
Primero de Año,

Hoy es el primer día del nuevo año que el Señor nos regala. Ante este acontecimiento, surgen espontáneamente, muchos sentimientos:
Un balance del año que pasó. Entonces quizás surjan pensamientos de agradecimiento por las gracias y bendiciones recibidas durante este año que transcurrió.
Sentimientos de pesar por los errores que hemos cometido.
Pero nuestro mayor sentimiento debe ser de alegría y de compromiso ante la posibilidad de proyectar un nuevo año. Con planes para nuestra vida material y espiritual. Roguemos al Señor para que sea un año de gracias y bendiciones para todos, como nos lo recuerda la primera lectura.
Pero más allá del nuevo año, la liturgia recuerda y festeja hoy a María, Madre de Dios.
Por eso dirijamos nuestra reflexión y nuestras oraciones a María, que con su obediencia a la palabra de Dios, nos atrajo todas
 las bendiciones que el Señor nos había prometido.
Precisamente, de ella nació Jesús, el Hijo de Dios, que salvándonos nos trajo todo bien. 
Y ella ofreciendo a Jesús al Padre, nos ofrece también a todos y a cada uno de nosotros.
Pero María no sólo es nuestra intercesora, la llena de gracias, sino que es el modelo acabado que todo cristiano tiene que imitar.
Ella nos enseña. a escuchar la palabra de Dios, a meditarla, a obedecerla, a aceptar los proyectos de Dios, a estar disponibles a la misión nos confió.
Pensemos que toda la vida de María fue una constante meditación y un profundo acto de fe.
Pensemos: ella era judía y educada al estilo judío. Convertirse en madre del Mesías fue algo que la deslumbró totalmente. 
Era la ambición de todas las mujeres israelitas...
Pero el ser madre de Dios fue para ella un misterio inconmensurable y que la condujo por caminos cada vez más difíciles. ¿Cómo aceptar, sino después de una profunda meditación, asistida por la gracia de Dios y una profunda fe, que el Dios único, de Abraham, de Isaac, de Jacob, tuviera un hijo y que ese hijo fuera su Jesús? Recordemos, además, que ella hasta ese momento no conocía el misterio de la Ssma. Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. 
Tres personas distintas y un solo Dios...
Y no sólo eso. Lo vio bebé, lo vio niño, aprendiendo a pronunciar las primeras palabras... lo vio adolescente, lo vio obrero junto a José; lo oyó predicar, presenció sus milagros, asistió al drama del Calvario.. y sólo al final, después de mucha oración y meditación lo vio resucitado, triunfante, glorioso. Ser Madre de Jesús le causó grandes dolores y grandes alegrías. Todo lo logró con su oración y contemplación.
Hoy, por todo esto, acudamos a ella para que nos enseñe a meditar, a creer, a amar a Dios y a nuestros hermanos. A vivir unidos estrechamente a Dios.
No olvidemos que María es la escuela de santificación de todo cristiano. Ella conoce nuestras debilidades. Por eso está a nuestro lado. Pidamos que nos acompañe durante este nuevo año que hemos iniciado bajo su protección. En su compañía está también Jesús, su Hijo.


Domingo 06 de 2008
SOLEMNIDAD DE LA EPIFANIA DEL SEÑOR

CICLO A

Es entusiasmante tratar de descubrir más allá del significado etimológico de la Epifanía (manifestación), el sentido teológico de la fiesta y especialmente la inquietud y la intención del evangelista al relatar el insólito episodio de la visita de los magos a Jesús y a María.

Obviamente, el evangelista escribe muchos años después de la muerte y resurrección de Jesús y está hondamente sorprendido y preocupado por la escasa respuesta que tuvo el anuncio de la Buena Nueva entre el pueblo judío y no así entre los paganos que la recibieron con mayor entusiasmo.

Teniendo presente este panorama se puede concluir que la narración del acontecimiento pretende dejar claro que el Reino de Dios, hay que ‘predicarlo y establecerlo por doquier; el Reino de Dios no tiene fronteras.

El evangelista avala sus convicciones haciendo resaltar que Jesús desde el primer momento, desde el nacimiento mismo, quiso darse a conocer a todos los hombres. Los magos y los dones son apenas una figura; una demostración transparente del reconocimiento de los paganos a la divinidad y a la realiza del Salvador.

Así lo entendieron los escritores cristianos de los primeros siglos, y así lo creyó la liturgia, ka primicia de la que desde el principio vio en la Epifanía la manifestación y presentación de Jesús al mundo.  Para todos, los magos son la figura y la fe de los no judíos.

Con estas ideas quedan también aclaradas las dos primeras lecturas; el preciso poema de Isaías resulta una clara alusión a la Iglesia, una luz que se opone a las tinieblas.

Describe también en un rapto poético, los atributos y cualidades de la nueva Jerusalén  abierta a todos los hombres que buscan la verdad. En cambio, el breve párrafo de la carta de Pablo a la comunidad de Éfeso es la proclamación de un hecho inaudito. Pablo casi sin palabras lo llama “misterio” porque queda estupefacto viendo que los no judios tienen acceso a la salvación con los mismos derechos que los integrantes del pueblo elegido.

Es la misma idea de san Mateo, pero vista desde otra perspectiva y expresada con mayor  claridad.

Este acontecimiento de la visita,  de los magos, para el no bautizado es una invitación a participar del Reino de Dios. Lo insta a ponerse en marcha hacia el encuentro de la fe, como lo hicieron los magos, cuyo caminar detrás de la estrella, es símbolo de la respuesta a la llamada de la fe.

Para el bautizado en cambio, un compromiso a no detenerse hasta llegar al Señor y cumplir su deber de criatura con una ofrenda a Dios


Domingo 13 de Enero de 2008
BAUTISMO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

(Ciclo A)

A primera vista la fiesta del Bautismo de Jesús puede causar extrañeza y asombro en los cristianos. La mayoría no se explicará porque Jesús se sometió a él , pues siendo Dios no tenía necesidad de penitencia, ya que nunca podía conocer el pecado. ¿Lo hizo solamente para dar el ejemplo? No parece muy claro y menos aún si no se llega a comprender el sentido verdadero del bautismo de Jesús y de la fiesta.

La explicación correcta hay que buscarla como en otras oportunidades en la Liturgia de la Palabra y en este caso, concretamente en el párrafo del evangelio que relata el bautismo de Jesús precedido de un diálogo que pretende explicar el rito que se está por llevar a cabo. La aclaración de Jesús, sigue siendo enigmática.

Para comprender los que está sucediendo hay que tener presente que si bien  el hecho del bautismo de Jesús es importante por todas sus connotaciones y por el testimonio que da a sus compatriotas y a los cristianos futuros, el objetivo de la narración es indicar el marco histórico y geográfico en el que se realiza y el contesto religioso donde se llevó  lo que podía llamarse la presentación “oficial” del Mesías a su pueblo.  Por eso, el acento no hay que ponerlo en el bautismo sino en las palabras que se escuchan; “Este es mi Hijo, el amado, el predilecto”. En otros términos: Aquí está el Mesías, seguid sus indicaciones.

Haciendo memoria se podría recordar que esas palabras son muy parecidas a las que se oyeron en el momento de la transfiguración, pocos días antes de la Pasión.

Para completar esa presentación resta por hacer la semblanza  del Mesías. De ella se encarga la primera lectura. Su misión y su figura están cabalmente delineadas en el poema de Isaías.  De esa profecía surge una personalidad de subyugante bondad.

Será tanta su comprensión y misericordia que dará una oportunidad de salvación hasta a los que parecen irremediablemente perdidos:” No romperá la caña quebrada ni aplastará la mecha que está por apagarse”.  Como inicio no podía ser mas optimista.  En el reino mesiánico que comienza hay lugar para todos sin importar la situación material o espiritual de la persona.

Para reafirmar aún mas esta idea, la liturgia hace leer en la segunda lectura un párrafo de los Hechos de los Apóstoles, donde Pedro anuncia que está claro que Dios no hace distinciones de personas y que todos están llamados participar del Reino que inició Jesús con su predicación a partir del Bautismo a orillas del Jordán.

Luego, la fiesta es una presentación de Jesús y el esbozo de su reino, pero al mismo tiempo una invitación  a caminar con Él.  Nadie podrá aducir como excusa su indignidad o el temor  al rechazo, porque al entrar y someterse al rito del bautismo, hoy sacramento de purificación, todos quedan transformados como en una nueva creación y se convierten en hermanos y partícipes del Reino.

Ese mismo bautismo es para el cristiano la presentación a la comunidad y el punto de partida  de un camino que tiene que llevarlo a la santificación y al encuentro con Dios,  


Domingo 20 de Enero de 2008
SEGUNDO DOMINGO DURANTE EL AÑO
Ciclo A

(Siendo Pilato Gobernador de Judea)

El estado material y espiritual en que se encontraba el territorio dela Palestina cuando apareció Jesús proclamando su Buena Nueva es conocido. En pocas palabras, un volcan en ebullición. La situación preocupaba a Roma. Tal es así que para controlar mejor los movimientos populares en la provincia de Judea, cuya capital era Jerusalén estaba bajo el régimen romano directamente representado por el Procurador Gobernador Poncio Pilato y no así las provincias más pobres y menos pobladas que las regían reyezuelos  sin influencia.

En general, el pueblo estaba muy sensibilizado.  Había una gran expectativa y fermento político-religioso que podía estallar al menosincidente.

Ese era el contexto cuando Juan Bautista, a orillas del Jordán vio acercarse a Jesús y lo señaló  con el dedo diciendo” Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Para quienes lo escucharon las palabras tuvieron un significado inconfundible.  Entendieron que estaban en presencia del Mesías pues así lo anunciaban las profecías. La primera lectura que se leyó hoy es una de ellas.

Allí se lo describe como siervo-cordero encargado de liberar a su pueblo de la esclavitud y reunir a todo el pueblo elegido bajo un solo cetro.

El evangelio no menciona la reacción de los presentes, solo indica que al día siguiente se repitió el hecho y dos discípulos de Juan salieron tras de Jesús.

Hoy la situación puede ser semejante, hay muchas expectativas y fermentos. Hay angustia material y religiosa. Falta quizás quien indique con el dedo, “Allí está el cordero de dios que quita el pecados del mundo” Todas las almas inquietas están en continua búsqueda de Jesús, el Salvador, aquel que quita el pecado del mundo. ¡ Y cuanto pecado hay que quitar, cuánta gente para redimir, para salvar, para encaminar!.

Para no equivocarnos el camino y seguir mesias terrenales, hay que leer, reeler y meditar el evangelio y la primera lectura.

Aquella persona que no tenga las características del cordero, del Siervo, no es Jesús, no es quien quita los pecados del mundo. Por mas que ciertos profetas lo indiquen con el dedo, no es él; sobre quien descendió el Espíritu Santo y permaneció sobre él, ése es el  que bautiza en el espíritu. Nadie puede esperar un Mesías que no sea redentor, que no redima al ser humano del pecado, causa de todas las otras esclavitudes, que se redimirán siguiendo al único cordero de Dios que quita el pecado del mundo.  


Domingo 28 de Enero de 2008
TERCER DOMINGO DURANTE EL AÑO
Ciclo A

Eran cuatro Pescadores

Cuando se relata la historia de las grandes obras, se acostumbra a precisar que tuvieron inicios muy humildes.   En lo referente a las obras de Dios generalmente es verdad: así comenzaron la mayoría de ellas.

Salvadas las distancias, el inicio de las predicaciones del Reino de Dios, o lo que se acostumbra llamar también Buena Nueva o Evangelio, también tuvo un comienzo humilde, casi en sordina. La primera parte del Evangelio de este domingo es precisamente como la introducción general del Ministerio público de Jesús y su encuadramiento geográfico.

Jesús inicia su vida pública en el territorio que ocupaban las tribus descendientes de Zabulón y Neftalí, que habian sido anteriormente dominadas por los asirios. Más precisamente en Cafarnaúm, en la ribera del lago de Tiberíades, ciudad que luego se transformará en la residencia habitual de Jesús.

Con ello, Jesús cumple casi al pie de la letra la profecía de Isaías que se leyó en la primera lectura y lo que Mateo pretende destacar precisando el lugar geográfico  donde Jesús hizo su primer llamado a la conversión.

La semejanza entre el anuncio de Jesús y la predicación de Juan Bautista es evidente. Esto significa, además de cierta continuidad entre el bautismo y Jesús, que para entrar en el Reino de Dios es indispensable un camino de mentalidad radical. Esa transformación profunda es necesaria en todos los órdenes de la vida.

Tal es así que hasta el punto de partida es diametralmente opuesto a cualquier empresa humana. Estas generalmente parten con personajes destacados; conquistadores, reyes, dictadores, jefes de directorio, mientras que el Reino mesiánico pone en la base a cuatro humildes pescadores: los dos hijos de Zedebeo, mucho más jóvenes que los hermanos Simón y Andrés cuyo padre no se conoce.

Con estos hombres humildes, gente de pueblo, de la clase trabajadora, Jesús funda su Iglesia que a partir de su muerte y resurrección y especialmente después de Pentecostés se difundirá en el mundo transformándolo desde su interior con la violencia del amor, la fuerza de la no violencia.

De la Iglesia habla Pedro en la segunda lectura, escribiendo con cierta irritación a la comunidad de Corinto, que a pesar de su predicación no había comprendido cabalmente el mensaje de Jesús: en esa Iglesia no caben las discordias ni las rivalidades.  Esa Iglesia tiene como elemento aglutinante la caridad.

Eso es lo que debe anunciarse: asi lo entendieron los cuatro pescadores y todos sus sucesores.  


Domingo 02 de Febrero de 2008
CUARTO DOMINGO DURANTE EL AÑO
Ciclo A

Con la ayuda de Sofonías

Seguramente hay pocos párrafos del Evangelio tan conocidos y comentados como el de las bienaventuranzas, pues mas allá de su importancia en la vida espiritual del cristiano, pinta una imagen serena de Jesús y encierra un indiscutible encanto poético. Además el mensaje que transmite a primera vista es muy atrayente: promete alegría y felicidad a raudales, especialmente a quienes mas la necesitan: a los pobres, a los hambrientos, a quienes lloran sus penas. ¿ Y quién no se siente identificado con uno de ellos? ¿Quién no ha llorado de impotencia por ser pobre y hambriento; por ser perseguido y por tantas otras amarguras que se padecen en este mundo que piensa y actúa completamente diferente a la prédica de Jesús?

Porque son muchos los que lloran, porque son muchos los que tienen hambre….Es difícil no sentirse identificado al menos en una de las bienaventuranzas.

Una actitud semejante, sin embargo, llevaría al engaño, porque lo importante no es sentirse identificado en alguna de las bienaventuranzas sino descubrir el mensaje y tratar de hacerlo realidad.

En este intento, hay que tener presente antes que nada que el mensaje que anuncian las bienaventuranzas no es una novedad absoluta del nuevo testamento. La Primera Lectura, escrita unos seiscientos años antes, es sólo una muestra que esas ideas circulaban entre los israelitas mucho antes que Jesús las anunciara. También en algunos salmos se rezaba de esa manera.

Lo importante es descubrir lo que pretende Jesús cuando lo anuncia y Mateo cuando redacta este catálogo de virtudes y eso se logra más fácilmente teniendo presente la Primera Lectura.

Allí se descubre que lo fundamental para el cristiano es buscar a Dios. A él se llega siendo pobre, desprendiéndose de las ataduras terrenales .

Quien deposita sólo su confianza en Dios, será dichoso y bienaventurado. Quien llora, quien es perseguido por haber puesto su confianza en Dios será dichoso y bienaventurado.

De allí que quien encuentra a Dios, será pobre, puro, justo, manso… Quien encuentra a Dios cumplirá con las condiciones para entrar en el Reino de los Cielos y estará dispuesto a padecer todo tipo de persecuciones, por predicarlo anunciando el hallazgo.  


Domingo 10 de Febrero de 2008
PRIMER DOMINGO DE CUARESMA
Ciclo A

Desnudos

Difícilmente se tenga una sensación mas triste y agobiante que la de sentirse abandonado por el ser amado. Ver que el otro se aleja física y afectivamente, causa una indescriptible sensación de desamparo. Es la misma sensación que siente quien alguna vez tuvo un encuentro íntimo con Dios frente a su ausencia. Es el sabor del pecado.

Cuando al hombre le falta Dios, le falta todo y aunque posea otros bienes materiales, en lo mas íntimo de su ser sentirá un vacío que nadie puede llenar.

Esa fue la sensación de Adán y Eva, cuando sintieron en carne propia que habian perdido la mistad y el amor de Dios. Quedaron desnudos. Solos. Desamparados. El resultado del pecado fue al mismo tiempo la toma de conciencia de su desnudez física pero también espiritual, perdiendo así la capacidad de dialogar con Dios y con las criaturas.

Sólo comprendiendo la maldad y la consecuencia del pecado, se puede comprender el valor de la redención, el restablecimiento del diálogo con Dios y con las criaturas.

Al misterio de la Redención, la Pascua, al reencuentro con Dios, prepara el tiempo de cuaresma que inicia con este domingo, cuya liturgia de la Palabra propone el relato de la primera experiencia del pecado, cuando cuenta la caída de Adán y Eva. Pero esta misma liturgia, en la carta de Pablo a los cristianos de Roma invita a la meditación, considerando la obra redentora de Jesús y su eficacia. Para ello, traza un paralelo entre Adán, introductor del pecado y la desnudez y Jesús, artífice del encuentro con el Padre.

El Evangelio, por su parte, indica a Jesús como modelo para la vida cristiana. Jesús en su camino a la Pascua, transita un camino difícil, que se inicia con los cuarenta días del desierto, imitando la peregrinación del Pueblo Hebreo, de Moisés, de Elías y de tantos otros que intentan encontrarse con Dios, rechazando otros caminos más fáciles propuestos por el tentador.

En cierto sentido el desierto es también sinónimo de desnudez: desprenderse de toda comodidad, liberarse de lo que impida encontrarse con Dios: un rechazar en definitiva el camino más fácil.

La cuaresma debe hacer comprender al cristiano que en el caminar hacia la Pascua el hombre no está ni a la deriva, ni es dueño y señor absoluto de sus actos; el hombre, criatura de Dios, debe sumergirse en la gracia de la redención mediante la conversión para resucitar con Cristo  glorioso.  


Domingo 17 de Febrero de 2008
SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA
Ciclo A

Un Viaje a lo desconocido

  No sólo cuando se viaja al espacio o a lugares muy remotos, sino en cada momento el ser humano puede ser invitado a realizar un viaje a lo desconocido.  Muchas veces se trata de eso cuando se establece una amistad  o cuando después de mucha reflexión  se formaliza una pareja. Lo imprevisto siempre es posible…

  Pero seguramente será un viaje a lo desconocido el que se emprende cuando se escucha la voz de Dios y se la sigue.  En este caso las sorpresas no se harán esperar.

  Uno de los grandes personajes invitados a realizar este viaje fue Abraham, el Padre de los creyentes.

 La Primera Lectura relata esa invitación: “Sal de la tierra y de la casa de tus padres y camina hacia la tierra que te mostraré”…Luego vinieron las promesas, pero antes Abraham asumió generosamente el riesgo y partió.

  El encuentro con Dios y la manifestación de su poder vendrían durante el trayecto, pero antes hubo que alejarse, peregrinar, Abraham más que coraje  tuvo fe en alguien que lo llamaba a recorrer un camino totalmente desconocido, confiando sólo en la Palabra de Dios.

  También están llamados a partir todos los cristianos; caminar al encuentro con Dios, apoyados en las  promesas que les hizo por medio de Jesús… Será un camino difícil pero Dios no los dejará solos.

  Pocas semanas antes de la Pascua, Jesús llamó a Pedro, Santiago, y Juan, ordenándoles subir al monte con Él. La semana trágica  estaba próxima y Jesús lo sabía . Pero conocía también que tales acontecimientos pondrían a prueba la fe de los apóstoles. Para darles ánimo y confianza se transfiguró. A ellos les pedirá que lo sigan en el duro camino de la pasión, pero antes quiere que conozcan en quien confian…

  Los cristianos saben ya en quien creer y en quien han puesto su esperanza. Sin embargo, el camino sigue siendo áspero y desconocido. A todos ellos, como a Timoteo, exhorta Pablo a ser fieles al llamado y a la vocación cristiana. Para ellos les hacer notar que la  fe esta apoyada en la promesa empeñada por Dios con su Palabra y fortalecida por la gracia de Jesús que ha vencido a la muerte resucitando glorioso.

  Camino a la Pascua, el cristiano se esfuerza en purificar su fe y su vida, para transitar ese camino ya no tan desconocido, pues tiene como meta feliz el encuentro con Jesús resucitado.  


Domingo 24 de Febrero de 2008
TERCER DOMINGO DE CUARESMA
Ciclo A

De una Entrevista con Jesús

  Uno de los tantos recursos periodísticos para esclarecer una situación es la no siempre espontánea entrevista. Hoy la usan todos, algunas muy artificiales, pero todas con la pretensión de aclarar ideas mediante un diálogo.

  También Juan el evangelista se valió de ella y se reveló tan buen periodista como santo. Como cualquiera de ellos, pretendió ser leído porque quería enseñar, aclarando ideas y pregonar de esa manera la verdad que había escuchado de los labios de Jesús. Para ello se valió de sus muchos recuerdos, dándoles vida de una manera extraordinaria. El diálogo entre Jesús y la samaritana que se lee en la Liturgia de la Palabra de este domingo es uno de ellos.

  Con esa entrevista se propone llevar al lector a una revisión de su vida privada como lo logró Jesús con la samaritana, valiéndose de figuras y de símbolos muy precisos.

  La importancia simbólica del agua se comprenderá muy fácilmente teniendo presente lo que significaba para la Iglesia el tiempo de cuaresma: era un tiempo de preparación, un morir con Cristo en las aguas del bautismo y un resurgir glorioso con Él.

  Para reforzar esta imagen y este símbolo, la liturgia apela en la Primera Lectura al episodio de Moisés golpeando  la piedra, figura de Cristo de donde brota el agua viva, mitigadora de la sed de Dios y purificadora del pecado.

  Como la samaritana no podía comprender ese lenguaje simbólico, Jesús la lleva a una revisión de la vida. En el curso de ella descubre al Mesías.

  Lo mismo sucederá con el cristiano actual, en el curso de la Cuaresma, mientras examina su vida, irá descubriendo a Jesús: descubrirá que Jesús es el único que puede ofrecer el agua de la salvación, que en un primer momento será el bautismo, pero para los ya bautizados es la actualización del sacramento de la purificación y sus exigencias.

  Según Pablo, las consecuencias del encuentro con Cristo, es la paz, es el acceso a la fuente viva de la gracia y la esperanza de la gloria. Todo esto se lleva a cabo gracias a que Cristo supera en abnegación a todo lo conocido y muere para redimir los pecados abriéndoles los canales del agua viva – la gracia – que los llevará a la salvación.  


Domingo 02 de Marzo de 2008
CUARTO DOMINGO DE CUARESMA
Ciclo A

UN RELATO PINTORESCO

Ya el domingo pasado, el evangelista san Juan había sorprendido a sus lectores con un diálogo vivo e interesante entre Jesús y una samaritana junto al pozo de Jacob.

Hoy narrando uno de los siete milagros que recuerda en su evangelio, presenta el relato pintoresco de la curación del ciego de nacimiento donde casi sin aparecer, Jesús ocupa el centro de la historia. Para lograrlo, Juan apela a sus mejores recursos literarios, seleccionando cuidadosamente todos los elementos simbólicos para destacar nítidamente la persona de Jesús, su obra redentora y su misión entre su pueblo.

El otro personaje, un ciego de nacimiento, más allá de la audacia e ironía con que responde a los jueces, aparece como el símbolo de la humanidad ciega para descubrir su verdadero destino.

La narración se presta para muchas consideraciones. Pero teniendo presente la primera lectura, quizás sea oportuno subrayar más que otras la frase que afirma que Dios no mira las apariencias. Tanto en la elección del ciego, uno de los tantos que mendigaban en la puerta del Templo, como en la elección del rubio David, el más pequeño de los hijos de Jesé, Dios va más allá de las apariencias, porque Dios mira en el corazón, pues sabe que es allí donde se toman las decisiones que marcan la vida.

Después del milagro, una manifestación de la omnipotencia de Dios y de su presencia operante, para san Juan es necesario tomar una decisión. Para Juan el milagro indica que se está en presencia del Mesías, el único que logra iluminar las tinieblas. Por eso, renunciar a Jesús es sumergirse  nuevamente en la oscuridad. Luego, recibir la luz, significará creer en Jesús. A esto, los escribas y fariseos no podían llegar porque estaban impermeabilizados a todo cuanto Dios les sugería con los milagros y los acontecimientos que sucedieron en la semana de Pascua.

La liturgia de hoy es una clara advertencia a todos los cristianos seguros de si mismo, que imaginan que ya nada pueden descubrir del Evangelio, y tampoco tienen algo que cambiar o arrepentirse.

Dios se revela de la manera más inesperada.  Solo lo pueden descubrir los que están dispuestos, aquellos que como exige san Pablo  están despiertos y levantados para que Cristo los ilumine.  


Domingo 09 de Marzo de 2008

QUINTO DOMINGO DE CUARESMA
Ciclo A

Los Muertos están Vivos

  En determinados momentos, el ser humano, tiene la necesidad de aferrarse a pruebas seguras para dar pábulo a su esperanza.

  Esa es la situación de los israelitas desterrados y esparcidos en Babilonia; en esa situación vivían  los cristianos perseguidos de los primeros siglos y es la que viven quienes hoy tratan de fundamentar su fe y su esperanza en la resurrección.

  Para ir en ayuda de los suyos, Ezequiel les promete en nombre de Dios la restauración del pueblo de Israel y mediante una figura, abrir las tumbas y cubrir de carne los huesos blanqueados, les asegura que volverán a su patria.

Dios con su poder llevará a cabo una renovación total, como una nueva creación. La promesa se cumple y los israelitas regresan a Palestina.

  La restauración, sin embargo no fue total. La profecía de Ezequiel se cumplió a la perfección, como atestigua Pablo en la segunda lectura y el milagro de la resurrección de Lázaro, sólo con la llegada de Jesús, quien rompió  definitivamente las ataduras de la muerte.

  Ya se ha hecho notar en otros domingos que Juan narra sólo siete milagros. Los escoge de acuerdo a las ideas que quiere recalcar.

  En el caso de la resurrección de Lázaro, la dramatización está al servicio de la enseñanza; Lázaro vivo es una figura. La realidad total se dará en Jesús que ha vencido para siempre la muerte.

  Este milagro que sucede en la última semana de la vida de Jesús, es el signo más elocuente del poder de Jesús, que al mostrarse como vencedor de la muerte, llena de esperanza a los discípulos preocupados por el cariz que van tomando los acontecimientos. Pero Juan lo recuerda porque en el momento que escribe, la Iglesia soporta una de las mas sangrientas persecuciones y al mismo tiempo circulaban ideas confusas sobre la resurrección.

  Por eso, para Juan la fe de las dos hermanas no es sólo un modelo de los cristianos sino que por boca de ellas toda la comunidad expresa su esperanza, pues también ella debía confesar que Jesús era la resurrección.  Pero no se trata sólo de creer como creían los judíos y Marta en la resurrección en el último día, sino afirmar que Jesús desde ya es la resurrección .

  Para que no haya dudas, Juan recuerda esta señal visible, con ella asegura que Jesús es la resurrección y que ni la muerte ni la corrupción del sepulcro pueden cambiar esa certeza: en Cristo los muertos están vivos.  


Domingo 16 de marzo de 2008 

DOMINGO DE RAMOS
Ciclo A

Comienza el Drama

Desde el punto de vista literario, la historia de la pasión de Jesús se presta estupendamente para su dramatización. La liturgia siempre lo entendió así y lo aprovecha, pues de esa manera hace participar mejor a los presentes en los acontecimientos salvíficos que se recuerdan.

Pero el cristiano que ha venido preparándose durante toda la cuaresma, estará alerta, pues no se contentará sólo con presenciar  atentamente el desenlace de los acontecimientos. El conoce el significado y el alcance de ese drama. Sabe que Jesús soportó el juicio y la condenación a morir crucificado porque lo amaba. Sabe también que ese trágico final, no es el fracaso de la vida pública de Jesús, sino la coronación de una promesa; reconciliar al hombre con Dios.

Por eso Isaías puede anticipar la actitud confiada de Jesús durante la pasión. El Siervo Doliente, Jesús, era consciente que estaba cumpliendo la voluntad del Padre. Y también por eso Pablo puede escribir que “Jesús siendo de condición divina…se anonadó a si mismo, tomando la condición de servidor… se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de Cruz”.

Entonces mientras se escucha la dramatización de estos acontecimientos, el cristiano podrá pasar por varias posturas humanas; indiferentes, rencorosas, farisaicas  cobardes ante el misterio de Cristo, pero no cumplirá su cometido si no llega a una humilde autocrítica o revisión de vida

El bautizado consciente de su estado, sin embargo, irá más lejos; la meditación de los densos textos de la Semana Santa, lo inducirán a profundizar en el misterio de Cristo, de la Redención  y de la resurrección.

El inicio de este drama será un punto de partida para una interiorización más riesgosa de su vida en el camino de la cruz y de la resurrección, un camino que tenderá a hacer desaparecer de su vida la ignorancia, la inconsciencia  y la irresponsabilidad personal frente al Misterio de la Redención. Cristo murió para reconciliar al pecador con Dios Padre, pero este drama y este misterio no lo alcanzará si no participa con fe y activamente.

Una participación que lo llevará a un cambio de mentalidad y de vida que podrá concretizarse en el Sacramento de la Reconciliación donde junto con la absolución  resucitará purificado del pecado.

 


Domingo 23 de Marzo de 2008

DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN
Ciclo A

Un Hombre Distinto

Cómo fue que un cuerpo muerto y crucificado haya recuperado la vida seguirá siendo un misterio que el hombre nunca llegará a comprender. No hay una explicación. Existe sólo la realidad: el sepulcro vacío; los lienzos, los ángeles y el testimonio de las mujeres y de los apóstoles.

  Más allá de estas realidades existe un hombre distinto. Jesús resucitado y el hombre redimido.

  Después de la resurrección Jesús ya no es el mismo; su humanidad glorificada tiene características sobrenaturales: sale  de los lienzos sin desatarlos y entra en el cenáculo sin abrir las puertas. Pero el cambio no es sólo para Jesús.  La resurrección transforma principalmente a la humanidad por quién Jesús murió y resucitó, cumpliendo con las profecías. Para eso se encarnó.

Desde la resurrección, la Pascua es el verdadero “pasar” de una manera de vivir a otra, más unido con Dios; es un camino que desde el desierto y la soledad del pecado llega a la alegría de la tierra prometida. Es una restauración; es el encuentro con Dios por medio de Jesús; es la formación de un nuevo pueblo, la Iglesia.

Frente a esta realidad los cristianos de los primeros tiempos quedaron aturdidos. Es lo que proclama Pedro en la primera lectura. Para él la buena noticia, el Evangelio, es el don del perdón de los pecados a quienes creen en Jesús resucitado y se bautizan, sumergiéndose en las aguas y en la gracia.

Es lo mismo que exige Pablo en la segunda lectura: “Despojarse de la vieja levadura para ser una nueva masa porque Cristo, nuestra victima Pascual ha sido inmolado”.

El hombre redimido es un hombre distinto. Puede tener los mismos problemas y las mismas tendencias pero lo alienta otra esperanza: Resucitar con Cristo.

De allí su manera diferente  de concebir la vida y vivirla. De allí su alegría de compartir sus bienes con los hermanos, porque junto a ellos camina hacia el encuentro de Jesús resucitado  


Domingo 30 de Marzo de 2008

SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA
Ciclo A

Reunidos en la Fracción del Pan

Una de las características mas notables de los cristianos de los primeros tiempos es su vocación a reunirse en comunidades pequeñas y fervorosas para meditar juntos los hechos y las palabras de Jesús, y conmemorar la Pascua mediante la fracción del pan, celebrando el misterio eucarístico.

De esas reuniones habla la primera lectura tomada de los Hechos de los Apóstoles donde, san Lucas, relatando los primeros pasos del cristianismo, subraya cierta complacencia la actitud desprendida y solidaria de los primeros bautizados:” ponian lo suyo en común, vendían sus propiedades y sus bienes”.

Los primeros pasos de la Iglesia están dados  dentro del amor mutuo, solidario que además  de despertar la simpatía de los no bautizados engendra alegría y mutua comprensión.

La fuerza para llevar este nuevo y original modo de vida la encuentran en la fe en Jesús resucitado y en la fracción del pan, verdadero encuentro y comunión con Jesús.

Por eso Pedro  puede transmitir en la segunda lectura, su agradecimiento, su alegría y su estupor por haber merecido la misericordia de Dios y renacer por medio de Jesús a esa nueva vida. Eran tan felices en su esperanza que no tenían palabras para agradecer a Dios.

Pero a ella habían llegado a través de grandes tribulaciones. Habían asistido y visto con sus mismos ojos la pasión del Maestro. Y no fue fácil aceptar su resurrección. El episodio  del Evangelio de hoy lo atestigua. Relata el caso de Tomás, pero posiblemente  no fue sólo Tomás quien tuvo que luchar contra sus dudas antes de aceptar la realidad de Jesús resucitado. Dentro de esas pequeñas comunidades, a cuántos les habrán faltado las evidencias palpables de la resurrección. A ellos y a todos los cristianos que no tuvieron la gracia de ver y compartir  la mesa con Jesús, están dirigidas las palabras “Felices los que crean sin haber visto”.

Para crecer en la fe y en la esperanza de la  resurrección, hay que actualizar el espíritu de las primeras comunidades: reunirse junto al altar para meditar las palabras de Jesús y   junto con los hermanos participar activamente en la fracción del pan para recibir el alimento de la vida eterna. 


Domingo 06 de Abril de 2008

TERCER DOMINGO DE PASCUA
Ciclo A

Meditando las Escrituras

Una de las dificultades más arduas de superar  con las que tropezaron los cristianos provenientes del judaísmo en los primeros tiempos de la Iglesia fue la muerte de Jesús.  Ellos esperaban un Mesías diferente. Veían que en Jesús se había cumplido parte de las profecías. Lo atestiguan las palabras de los discípulos que caminan hacia Emaús :”Jesús fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo”, pero, por otra parte habían quedado desconcertados, cuando los sumos sacerdotes y los jefes lo entregaron para ser condenado y lo crucificaron.

Para dar una explicación a este fracaso del Mesías, quienes tuvieran una experiencia  más viva y más cercana de Jesús resucitado recurrieron a las Escrituras. En ellas  fueron descubriendo la semblanza verdadera del Mesías. Allí encontraron que Dios, por medio de los profetas, prometía la liberación de las ataduras del pecado y de la muerte y no la independencia nacional. Esa relectura la reiteraban cada vez que se reunían para la fracción del pan, celebrando la memoria de Jesús.

En esas celebraciones  se encontraban y se reunían místicamente con Jesús resucitado, el verdadero Mesías.

Con estas ideas quizás la página del Evangelio se torne más comprensible, pues en el relato de los discípulos que caminan hacia Emaús, está figurada toda la comunidad judía que necesita una reinterpretación de las Escrituras.

También aparecen más claras las palabras de Pedro en la primera lectura, pues encierran en su brevedad, el primer credo cristiano; Jesús acreditado por sus milagros, entregado a muerte, crucificado, a quien Dios resucitó.

Es precisamente en la resurrección donde adquiere toda la fuerza la predicación y la esperanza de Pedro y de los cristianos. Pedro está seguro que Jesús resucitó de entre los muertos, por eso se atreve a exhortar a los cristianos a una vida integra y de acuerdo a las enseñanzas que recibieron antes de ser bautizados.

Quizás los cristianos no tengan las mismas dificultades de los primeros, pero quizás hayan perdido de vista el significado, la liturgia sugiere la meditación de la Escritura; allí se descubrirá también el motivo de su esperanza; Jesús resucitado  


Domingo 12 de Abril de 2008
Cuarto domingo después de Pascua “A”
n 10,1-10 (Lecturas Hechos2,14.36-41 y 1Pe 2,20-25)

El buen Pastor

El cuarto domingo de Pascua es tradicionalmente el día del buen Pastor. Un día en que la Iglesia universal ruega de un modo especial por los Pastores y, además, pide al Dueño de la mies que envíe nuevos pastores a su Iglesia, para que tomen la antorcha de las manos de quienes llama a gozar el premio eterno y continúen así su obra evangelizadora.
El título y las imagen del buen Pastor referida a Jesús, especialmente en ambientes de ciudades corre el riesgo de pasar a significar un simple título romántico, cuando en realidad se trata de una verdad muy rica teológicamente, con un profundo arraigo en la Sagrada Escritura y con muchas implicaciones espirituales.
Esa imagen del buen Pastor referida a Jesús, además de las muchas referencias que se encuentran en el Antiguo Testamento, está fundamentada especialmente en la página del Evangelio que se lee este domingo; aunque también podemos encontrar alguna alusión en la Primera y Segunda Lectura.
En efecto, san Pedro, en su primer discurso después de Pentecostés, llama a sus oyentes a aceptar la conducción de Jesús Resucitado, liberándose por su gracia de la esclavitud del pecado, bautizándose en el nombre del Señor Jesús.
Luego, en la Segunda Lectura, tomada de una carta del mismo Pedro, dirigida posiblemente a los esclavos paganos convertidos al cristianismo, les recuerda que antes del bautismo y por lo tanto, antes de pertenecer a la Iglesia, eran como ovejas errantes, mientras que ahora Jesús es el Pastor que con amor y providencia, los conduce a la felicidad después de soportar las penas y sufrimientos de la vida.
Volviendo al Evangelio, vemos cómo san Juan dibuja el perfil exalto del buen Pastor: Él llama por su nombre a las ovejas y las conduce a los “pastos eternos”, camina en medio de ellas y las salva y les da vida en abundancia. En otras palabras, Jesús, el buen Pastor, es el guía, el conductor, el salvador, el jefe que dirige a la comunidad eclesial a la santidad y a la salvación. Nosotros participamos de esa comunidad eclesial, así que carga también en sus espaldas a cada uno de nosotros para liberarnos del pecado.
Esta gran realidad teológica y espiritual, consecuencia de la encarnación, muerte y resurrección de Jesús, nos invita a orar por nuestros pastores. El primero que viene a la memoria, y no podía ser de otra manera, es el Vicario de Cristo, el Papa; luego los sucesores de los apóstoles, los obispos y sus colaboradores en el pastoreo de las almas, los sacerdotes. La Iglesia necesita pastores santos. Y los hay. Anónimos, quizás; pero que están dispuestos, como Jesús a dar su vida por las ovejas. Sólo que el número es cada vez menos y sin ellos no hay sacramentos: Es como si le faltaran las manos a Jesús para consagrar y repartir el pan, para absolver y bendecir...
Pidámosle a la Dueño de la mies que se multipliquen los sacerdotes santos para que con sus vidas, sus enseñanzas, con su testimonio cotidiano iluminen a nuestra sociedad. Pero no los dejemos solos. Como creyentes, como seguidores del Maestro de Galilea, escuchemos sus palabras y sus enseñanzas. De la comunión de los Pastores con su grey depende la santidad de la comunidad, depende la santidad de cada uno de nosotros y depende también la eficacia del testimonio de la Iglesia en el mundo. No olvidemos tampoco, que Dios llama y cuenta con nuestra generosidad y disponibilidad para continuar guiando a su Iglesia.


Domingo 20 de Abril de 2008
Quinto domingo de Pascua “A”

Jn 14,1-12 (Lecturas Hechos 6,1-7 y 1Pe 2,4-9)
Crisis de crecimiento

En este quinto domingo de Pascua continuamos disfrutando el gozo pascual de la Resurrección del Señor; pero estamos esperando también al Espíritu Santo que nos llenará con su presencia en el día de Pentecostés, ya próximo. (23 de mayo).
En este clima espiritual, la liturgia de la Palabra de hoy nos invita a concentrar nuestra atención en el misterio de Cristo, “camino, verdad y vida”. Un misterio que nos manifiesta cada vez más la voluntad y el amor salvador de Dios Padre. Este mensaje tan lleno de esperanza lo podemos sintetizar en estos términos:
-- La bondad y el amor de Dios hacia los hombres se manifiesta en que Jesús, Dios hecho hombre, se ofrece y muere en la cruz por nosotros (Ev.).
-- Pero ese amor salvador, después de la resurrección, se concretiza en la formación de una comunidad de salvación que es la Iglesia, formada por todos los bautizados. (1ª y 2ª lectura).
La Primera Lectura, en efecto, nos mostró cómo a partir de una situación de tensión (casi de enfrentamiento) dentro de la comunidad eclesial, los apóstoles llegan a una conclusión positiva dentro del anuncio de Jesús: descubren y valorizan los roles o ministerios. Primero la oración y el anuncio del Evangelio del Señor resucitado; después la “diaconía”, y a partir de esta reflexión, eligen a siete hombres de la comunidad que llaman “diáconos” es decir, servidores... En cambio, en un tono muy fraterno, la Segunda Lectura nos ofrece una estupenda imagen de la Iglesia fundada por Jesús, su piedra fundamental. Allí descubrimos cómo el bautismo nos integra a una comunidad participativa, 
donde cada bautizado cumple su rol específico.
El Evangelio, por su parte, nos hace regresar al Cenáculo, al Jueves Santo, para escuchar un párrafo del testamento espiritual de Jesús que se revela como el guía seguro hacia el encuentro con el Padre. Es el camino, la verdad y la vida.
Lo primero que surge para nuestra meditación a partir de estas reflexiones, es que desde el inicio mismo de la Iglesia se constituyen tres estructuras básicas y diferenciadas: a) el servicio litúrgico de la oración, Eucaristía o “fracción del pan”; b) el servicio de la Palabra como predicación y evangelización y c) el servicio de asistencia a los pobres, como resultado o consecuencia de los dos primeros.
No faltaron con el correr de los siglos las tensiones para determinar las jerarquías. ¿Cuál era la más importante? Para san Lucas no quedan dudas: oración-anuncio-servicio a los pobres. En otras palabras, una fe profunda en Jesús resucitado, nutrida con la oración y la Palabra de Dios, garantiza un compromiso efectivo con los pobres. Esto debe quedar muy claro entre nosotros. Cuando se cambia el orden y la importancia aparecen las dificultades.
En segundo lugar, debemos pensar que esa misma actitud lleva a que cada cristiano se constituya en un verdadero ministro. De allí la enseñanza de la Segunda Lectura que nos revela el sacerdocio común de los bautizados: quien estuvo purificado por la oración y la Palabra de Dios, tiene que prestar algún servicio a la comunidad; es decir, participar de alguna manera al sacerdocio de Cristo.
Finalmente, en su testamento espiritual, Jesús nos recomienda ante todo la unidad como resultado del amor y la conducción que Él ejerce dentro de la comunidad eclesial. Dentro de este clima nos exhorta, además, a que confiemos en Él. Va a prepararnos una morada, un lugar en la casa del Padre. Luego volverá. Nosotros estamos seguros que será así, porque confiamos y creemos en su palabra; mientras tanto, vivamos en el amor y e
n la caridad, orando y meditando su palabra.


Domingo 27 de Abril de 2008
Sexto domingo de Pascua “A”

Jn 14,15-21 (Lecturas Hechos 3,5-8 y 1Pe 3,15-18)
Preparándonos a recibir el Espíritu Santo.


Éste es el último domingo del tiempo de pascua. Si bien aún vivimos en el clima pascual, los textos de la liturgia de la Palabra, como el domingo pasado, continúan preparándonos para la gran fiesta de Pentecostés, donde toda la Iglesia será iluminada y fortalecida por la presencia del Espíritu Santo.
Desde esa perspectiva, la Primera Lectura, tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles, nos permite reflexionar sobre algunas verdades muy importantes para la vida de la Iglesia y de nuestra vida cristiana. Vemos aparecer con gran vigor su compromiso misionero: la persecución que padecen los cristianos de Jerusalén los obliga a dispersarse en las regiones vecinas y, llevados por el entusiasmos, comienzan a anunciar entre sus pariente, 
amigos y conocidos la Buena Nueva de Cristo resucitado.
El éxito de este anuncio se manifiesta y se concretiza en formación de nuevas comunidades cristianas en la región de Samaría. Al enterarse de este florecer y de los bautismos del diácono Felipe, la comunidad madre de Jerusalén, delega a Pedro y a Juan para que, imponiéndoles las manos, completen la obra de Felipe y así los bautizados 
reciban un modo especial los dones del Espíritu Santo.
Es sumamente importante que la subrayemos y meditemos esta información que nos consigna el autor del libro de los Hechos: indica, ante todo, que ya a los inicios de la Iglesia, en las primeras comunidades, había una clara consciencia de la jerarquía y de los roles específicos de cada uno de sus miembros. Felipe, aunque ejerce el ministerio de la predicación y bautiza, llama a los apóstoles, sus superiores en el ministerio, para que completen la obra que él había iniciado. En otras palabras, admite no tener la plenitud del sacerdocio, respetando así el orden jerárquico.
Por otra parte, este texto en un claro testimonio que ya en las primeras comunidades, se recibía al Espíritu Santo con un signo (un sacramento) en el que se imponía las manos. 
Se trataba de lo que hoy llamamos “sacramento de la confirmación”.
Cabe destacar la importancia que tenía para los primeros cristianos este sacramento que actualmente quizás, está algo desvalorizado; aunque es justo consignar también que con motivo del Gran Jubileo, en el año del Espíritu, se hicieron grandes esfuerzos para restituirle su justa dimensión.
También la Segunda Lectura y el Evangelio, con la vista puesta en la fiesta de Pentecostés, nos llaman a valorizar la presencia del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia, para que tomemos consciencia de este inmenso don: el Espíritu Santo no es una simple gracia, sino una Persona divina. Dios como el Padre y como el Hijo. Es el Paráclito, el defensor, que tiene como misión, entre otras, de sostener a la Iglesia en todas las circunstancias de su vida. (Téngase en cuenta que el término griego “paracleto” (paráclito), se utilizaba para denominar el poste que sirve de guía o tutor que se pone junto a las cepas para que crezcan derechas).
La vida de la Iglesia y su historia milenaria no sería comprensible ni explicable sin la asistencia de la tercera persona de la Santísima Trinidad. Sin su presencia no habría sobrevivido por mucho tiempo: la mantuvo en medio de las persecuciones; la iluminó en los momentos obscuros, en las dudas, en las herejías, cuando surgieron dificultades para comprender correctamente el mensaje de Jesús; la reconcilió con el Padre y el Hijo en los momentos de infidelidad, cuando el fervor y el empuje de los primeros tiempos se enfrió.
Hoy, mientras caminamos hacia Pentecostés, pidamos a María que nos ayude 
a ser dóciles a las insinuaciones del Espíritu Santo.


Domingo 04 de Mayo de 2008
7º domingo de Pascua "A" - 

ASCENSIÓN DEL SEÑOR
Mt 28,16-20 (Lecturas Hechos 1,1-11 y Ef 1,17-23) 

Vayan por todo el mundo...
La liturgia de hoy presenta el misterio de la Ascensión del Señor desde el punto de vista histórico, cristológico y eclesial.
Desde el punto de vista histórico, lo encontramos en la primera lectura en el relato de la despedida de Jesús de sus discípulos. Con ella, se cumple una de las etapas de la historia de la salvación: Jesús, después de haberse hecho hombre, anunciado el Evangelio, muerto y resucitado, ha dejado de estar en medio de sus discípulos y de la comunidad eclesial de una manera visible en su aspecto físico,.
En cambio, el aspecto teológico lo vemos en la segunda lectura, cuando reflexionamos y contemplamos a Jesús junto al Padre, revestido de dignidad real, sacerdotal, intercediendo por nosotros y enviándonos el Espíritu Santo.
Por su parte, san Lucas en el Evangelio de hoy, nos muestra el aspecto eclesial del misterio. Vista desde este punto, la fiesta de la Ascensión es el inicio del tiempo de las comunidades cristianas y el tiempo del testimonio: un llamado a cada bautizado a anunciar el Evangelio.
Los tres aspectos son sumamente importantes para nuestra vida cristiana: Jesús se despide bendiciéndonos, para representarnos junto al Padre, para que podamos ser testigos de la Resurrección y para indicarnos el camino que conduce al Padre e invitándonos a seguirlo.
No obstante la importancia de los temas arriba citados, en esta fiesta es muy importe que subrayemos especialmente el aspecto misional y de testimonio. A partir de la Ascensión del Señor, cada bautizado tiene que ocupar el lugar de Jesús en el anuncio del reino. Esa misión tiene que ser el resultado de nuestra fe en la Resurrección. En efecto, si creemos que Cristo vive, no sólo debe cambiar nuestra actitud ante la vida y la muerte, sino que tenemos que manifestarlo con nuestro comportamiento cotidiano y con nuestras palabras.
El hecho que en este acontecimiento, la Iglesia haya recibido solemnemente el mandato de anunciar la Buena Nueva del Evangelio, dio motivo para que hoy se celebre la Jornada Mundial de los Medios de Comunicación Social.
De esa manera, la Iglesia, uniendo la fiesta de Ascensión del Señor con la Jornada de los medios de comunicación quiso que todos los cristianos tomaran consciencia de su importancia en la misión evangelizadora. En efecto, ya no bastará anunciar a Cristo resucitado con nuestra palabra y con nuestro testimonio personal, sino que hay que servirse de los medios muy eficaces como lo son la prensa, la radio, el cine y la televisión.
La misión del apóstol --nuestra misión-- es llegar a todos. Y llegaremos a todos si actualizamos 
la metodología para anunciar el Evangelio.
No podemos permitirnos el lujo de quedarnos indiferentes ante las posibilidades y la eficacia de los Medios de Comunicación Social. Como cristianos comprometidos con el anuncio de Jesús, tenemos que valernos de ellos para que el Evangelio llegue a los más alejados; a quienes nunca frecuentan la Iglesia.
Esa es una tarea específica de los laicos: buenos periodistas, competentes directores de radio, cine, televisión. Ellos serán los que apoyarán y difundirán el mensaje de los pastores. De esa manera, juntos con ellos, cumpliremos mejor con el mandato de Jesús: "Vayan por todo el mundo y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".


Domingo 11 de Mayo de 2008

DOMINGO DE PENTECOSTÉS
Ciclo A

El Protagonista Invisible

En todo acontecimiento siempre hay un protagonista: alguien que con su personalidad imprime un sello personal a todo el suceso.

En Pentecostés fue el Espíritu Santo un protagonista invisible aunque se adivinó su presencia por el accionar y las consecuencias palpables.

Fue tal la fuerza con que se presentó que además de llamar la atención por el ruido del viento transformó a los Apóstoles, individuos miedosos, en intrépidos testigos de Jesús y de su Resurrección. Los resultados están a la vista. A partir de ese momento la Iglesia guiada por Él, comenzó a expandirse por todo el mundo.

Los Apóstoles y sus sucesores recibieron del Espíritu Santo el coraje para anunciar a Jesús; enfrentar a los poderosos y hasta llegaron a sellar con el testimonio de su muerte la autenticidad de la doctrina y del amor a Jesús.

Aún hoy continúa siendo el protagonista invisible que anima con su presencia  
misteriosa la vida de la Iglesia.

Pero su actividad no aparecerá con esa fuerza transformadora del primer Pentecostés si el cristiano no lo recibe con el alma abierta como lo esperaron los Apóstoles reunidos
 con María en el Cenáculo.

A veces parecería que se trata de maniatar y sofocar ese fuego,  para que no pueda

irrumpir en la Iglesia y transformarla. Lo tienen prisionero de sus ideas personales.

Quizás en este Pentecostés, los cristianos tendrán que examinarse para ver si  permiten al Protagonista ocupar el lugar que le corresponde y así animar sus vidas, dándoles lucidez y valentía para continuar la misión que los Apóstoles iniciaron en esa mañana de Pentecostés

 

 


Domingo 18 de Mayo de 2008
Santísima Trinidad

Jn 3,16-18 (Lecturas Ex 34,4-6.8-9 y 2Cor 13,11-14)
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo

Hoy recordamos y veneramos el misterio del Ssma. Trinidad. Un misterio que Jesús mismo ha revelado durante su vida pública, en su predicación. Un misterio que como tal, no puede ser comprendido ni por la mente humana ni por los ángeles, por el simple motivo que Dios es incomprensible. Sin embargo, en ese misterio vislumbramos el Amor creador, redentor y santificador de Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo y habita en de quienes viven en gracia, 
reconciliados con su creador y con sus hermanos.
Podemos atisbar apenas este misterio a partir de lo que nos dice la Sagrada Escritura, a lo largo de la historia de la salvación. Algunas de esas páginas se han leído hoy en la celebración eucarística y nos sirven de punto de referencia para contemplar el misterio que, como se puede fácilmente apreciar, tienen al amor como el motivo conductor, el hilo que las une, transmitiéndonos de esa manera un mensaje de alegría y esperanza.
En efecto, en la primera de ellas, Dios mismo se califica como "Dios misericordioso y piadoso, lento en la ira y rico en gracia y fidelidad". Ante esta afirmación, Moisés animado por la gracia que cree haber encontrado delante los ojos de Dios, le pide que se digne caminar en medio de su pueblo, que lo perdone de su culpa y lo tome como su herencia. Esto nos permite apreciar, cómo ya en los inicios de la revelación, Dios se manifiesta a su pueblo como un Padre lleno de amor. Así lo perciben los judíos que confían plenamente en su palabra, en su perdón y en su misericordia.
En la segunda lectura, san Pablo, siguiendo en el mismo tono, pero desde la perspectiva del Nuevo Testamento, resume las exhortaciones a sus lectores con cinco imperativos: “Permaneced alegres, tended a la perfección, confortaos mutuamente, vivid en comunión (unidos) y en paz”.
Estos cinco imperativos giran alrededor del amor recíproco y se fundamentan en el amor de Dios. El Apóstol, completando su pensamiento, les asegura además que si cumplen esas exhortaciones, el amor de Dios y la paz estará con ellos. También el augurio final, (verdadera profesión de fe trinitaria) destaca el amor de Dios hacia la humanidad redimida, encuadrándolo entre la gracia de Jesucristo y la comunión del Espíritu Santo, una frase a la que la liturgia recurre muchas veces como saludo inicial en las celebraciones eucarísticas.
Estas exhortaciones deben calar profundamente en nuestro espíritu y animarnos a vivir con el mismo compromiso fraternal de las primeras comunidades cristianas, con la certeza que nuestra vida cotidiana será colmada de paz y serenidad.
En el Evangelio san Juan nos recuerda un párrafo de la catequesis de Jesús a Nicodemo y nos presenta la encarnación del Hijo de Dios como fruto y expresión acabada del amor de Dios a los hombres.
En síntesis, todas las lecturas bíblicas de hoy, nos hablan del Amor de Dios, porque el misterio de la Ssma. Trinidad que celebramos es, esencialmente, un misterio de Amor, sublime e incomprensible, que nos ayuda 
a comprender en parte el plan salvífico de Dios.
Pero, más que tratar de comprender este misterio, tratemos de vivirlo y adorarlo en sus tres personas, Padre, Hijo y E. Santo: Así veremos el amor de Dios expresado en su paternidad creadora; en su actividad redentora y reveladora del Hijo y en la obra santificadora del Espíritu Santo. Este debe ser nuestro pensamiento cada vez que manifestamos muestra fe, santiguándonos en el nombre del Padre, del Hijo y del E. Santo.


Domingo 25 de Mayo de 2008
Corpus Crhisti

Jn 6,51-58 (Lecturas Dt 8,2-3.14-16 y 1Cor 10,16-17) 
Roer

Hoy la Iglesia contempla y celebra el misterio de la presencia real, verdadera y substancial de Jesús resucitado bajo las especies de pan y vino. Esta verdad, definida como dogma de la Iglesia católica en el Concilio de Trento, es innegable, no sólo por el hecho de su definición, sino porque Jesús mismo, a lo largo de su predicación así lo reveló. Pero sólo lo podemos ver y creer con los ojos de la fe.
Por otra parte, esta definición tan categórica de la Iglesia no es más que la respuesta a las negaciones de Lutero, Calvino y Zwinglio, por citar a los más conocidos; porque en realidad, hubo muchos momentos en la historia en que se dudó de la presencia de Jesús resucitado bajo las especies de pan y vino. (El mismo capítulo 6º de san Juan es un indicio de esas dudas. Allí encontramos las respuestas del evangelista a las perplejidades de su comunidad, quien, para catequizarla, recurre a las palabras y el milagro de Jesús).
Pero así como hubo dudas, también hubo hechos donde Jesús mismo confirmó su presencia con una manifestación milagrosa. El milagro de Bolsena (Italia), en el siglo XII, es sólo uno de los más famosos. Sucedió que un sacerdote que dudaba de la presencia de Jesús en la eucaristía peregrinaba a la tumba de san Pedro y de los mártires para afianzar su fe. Se detuvo a pasar la noche en Bolsena y, al día siguiente, como todos los días, celebró la santa misa. En el momento de la fracción de la hostia consagrada, unas gotas de sangre cayeron sobre el corporal en el que tenía posado el cáliz. Ese mismo corporal hoy puede verse y venerar en la catedral de esa ciudad.
Más allá del milagro, todos sabemos que de la fe en misterio eucarístico, dependerá nuestra vida espiritual:
-- Si creemos en la presencia real de Jesús resucitado, bajo las apariencias de pan y vino, celebraremos y participaremos de la eucaristía con frutos y ese acto litúrgico será para nosotros un verdadero sacrificio. Además, nos alimentaremos con su sangre y con su cuerpo y la comunión será para nosotros un verdadero alimento.
-- Si estamos convencidos de esas dos verdades (verdadero sacrificio y verdadero alimento), toda nuestra vida cambiará, especialmente nuestra fe en la resurrección de Cristo y en nuestra propia resurrección.
Todas estas reflexiones surgen espontáneas de las lecturas de la liturgia de la Palabra de hoy.
En efecto, en la primera, el autor del libro del Deuteronomio recuerda el milagro del alimento que Dios había regalado a su pueblo errante por el desierto un momento de crisis y tensiones: se había dividido el reino de Israel. Cómo puede ser, piensa el autor: si se habían alimentado de un mismo maná, cómo no encontrar un camino de reconciliación...
San Pablo les muestra a la comunidad de Corinto, también en un momento de crisis, las consecuencias de alimentarse de un mismo cuerpo y beber de la misma sangre de Cristo. Para el Apóstol es obvio que si hay un mismo sacrificio y un mismo alimento, tiene que haber una comunidad y una Iglesia unida; por lo tanto, no se explican las divisiones existentes.
La página del Evangelio, por sus parte, es uno de los fundamentos de nuestra fe en la presencia real y de la necesidad de alimentarnos con el cuerpo y sangre de Cristo: Él transforma nuestras vidas para alcanzar a la vida eterna y compartir su resurrección. Los oyentes se escandalizaron de las exigencias de Jesús. Y es comprensible, porque Jesús, según el texto griego, no sólo pide alimentarse de su cuerpo, que ya es mucho, sino aún más, pide que lo mastique: “Roo” = roer, masticar, es el término griego que utiliza el evangelista en su texto...
Quizás hoy a nosotros ya ni nos escandaliza ni nos sorprende el texto evangélico, porque tal vez hemos caído en la rutina. Sin embargo, cada encuentro con Jesús en la Eucaristía, tendría que ser transformador y llenarnos de gozo por tan inapreciable don. Pidámosle al Señor que aumente nuestra fe...


Domingo 01 de Junio de 2008

Domingo 9° durante el Año
Ciclo A

  Autenticidad, símbolo del buen cristiano

  La liturgia de la Palabra de este domingo, a partir del mensaje de la primera lectura y del Evangelio, nos llaman a vivir un cristianismo auténtico que supere las palabras con los hechos concretos de todos los días.

  Esta idea nos la presenta muy clara la primera lectura, tomada del libro del Deuteronomio, (Segunda ley), escrito después del exilio de Babilonia.

  Precisamente, el autor reprocha en sus reflexiones a los israelitas por sus actitudes de vida antes del destierro: ellos cumplían con la ley, con los ritos de los sacrificios, pero en la vida práctica  de todos los días, estafaban al hermano, lo explotaban en sus trabajos  y adoraba, a veces en secreto, a los ídolos.

  En otras palabras, exteriormente parecían hombres piadosos y honrados, pero en la realidad no cumplían con los mandamientos de la alianza. Parecían pero no eran…

  Como consecuencia de esta hipocresía, de esta doble vida, Dios les suelta la mano y los deja partir para el destierro de Babilonia.

Pero Dios ama a su pueblo como nos ama a cada uno de nosotros y para consolarlo y convertirlos les envia el profeta Ezequiel que los acompaña a recuperar la autenticidad de la fe en Dios único que los trae nuevamente a su tierra y les ayuda a reconstruir la nación.

  En otras palabras, ese es el mismo mensaje de las páginas del evangelio de san Mateo que leímos hoy, pero mucho más claro, mas concreto y mas actual: la vida cristiana auténtica, santa, se caracteriza por los hechos de todos los días.

  Si hacemos un poco de memoria, este mismo mensaje lo encontramos también; pero aún mas claro, en la parábola del buen samaritano, donde un sacerdote y un levita pasaron frente al hombre robado y herido, pero siguieron de largo. El sacerdote y el levita seguramente tenían los vestidos con olor a incienso por los sacrificios de todos los días. Pero su fe y su amor al prójimo desaparecían en el momento que pasaban el dintel de la puerta del templo y comenzaban a caminar por las calles de Jerusalén llena de pobres… Mientras que el publicano, en la oración de todos los días había comprendido que Dios se manifiesta en el rostro del hermano necesitado…

  Eso es precisamente lo que significa cuando Jesús nos dice edificar la casa sobre la roca firme, donde podrá soportar los embates de los vientos y de la lluvia. Sólo de esa manera podremos mantenernos firme en la fe mas allá de las circunstancias de la vida.

  San Pablo en la segunda lectura, escribiendo a los romanos, nos indica el camino seguro para superar la tibieza condenada tanto en la primera lectura como en el evangelio. Nos habla de una fe que sabe descubrir a ese Dios que nos ama y que lo manifestó enviándonos a Jesús, para que hecho hombre, uno como nosotros, caminara en todo momento a nuestro lado, ayudándonos a vivir una fe que no se quede en palabras huecas sino que nos indique el camino que nos conduce al encuentro del hermano y del Padre celestial


Domingo 08 de Junio de 2008

DOMINGO DÉCIMO DURANTE EL AÑO -
Ciclo A

Mt 9, 9-13 (Lecturas:Os 6, 3-6 y Rm 4, 18-25)
Dios ama a los hombres y quiere salvarlos

Las tres lecturas de este domingo se iluminan recíprocamente, ofreciéndonos varios puntos para nuestra reflexión.
El primer mensaje lo encontramos en el texto de Oseas, un profeta que vivió alrededor del año 750, 
en el Reino del Norte.
En el versículo citado por Jesús en el Evangelio de hoy, el profeta nos enseña en qué consiste la esencia de la verdadera religiosidad, asegurándonos que no está en los ritos exteriores, repetitivos, hechos sin convicción, sino en los gestos de amor hacia nuestro prójimo, especialmente los más necesitados e indefensos. Oseas sintetiza esa exigencia en la frase que retomará Jesús: “Quiero misericordia y no sacrificio”. En otras palabras, Dios nos pide hechos concretos de amor más que ritos y palabras. Idea sintetizada estupendamente en este refrán latino: Res nos verba!
En esa misma dirección están las palabras de san Pablo que escuchamos en la segunda lectura. El Apóstol nos recuerda que la esencia de nuestra fe en Dios es el total abandono a la iniciativa de Dios. Para subrayar esa idea, san Pablo recurre al ejemplo de Abraham, que siendo ya anciano, creyó en el cumplimiento de la promesa que le aseguraba que tendría un hijo que garantizaría su descendencia. Promesa cumplida en la persona de Isaac. Nosotros podríamos agregar el ejemplo de la Virgen María que, ante el anuncio del Arcángel Gabriel, exclamó: ¡He aquí la esclava del Señor! Esa docilidad y ese abandono de María nos confirman que la fe y la confianza caminan tomadas de la mano.
También el Evangelio, a partir de la elección de Mateo, (llamado Leví, por san Lucas), nos invita a reflexionar sobre la fe en Dios, que por amor, convoca a todos los hombres a su reino para salvarlos.
En ese acontecimiento, sorprenden al menos dos actitudes. Primera: Jesús, en su convocatoria no discrimina, no hace diferencias entre categorías sociales. Todos somos iguales ante Él y, por lo tanto, todos podemos ser discípulos o apóstoles. Dios elige con absoluta libertad y sólo guiado por el amor a sus criaturas.
La otra actitud que impresiona es la prontitud de la respuesta de Mateo: se levantó y lo siguió sin medir las consecuencias. Recordemos que Mateo era un hombre rico, acostumbrado a las comodidades de la vida y, por lo tanto, seguramente, no habrá sido nada fácil dejar todo y seguirlo. Ante esta situación cabe preguntarse cómo habrá sido la mirada y el tono de la voz de Jesús para obrar semejante milagro. ¡Debe haber sido una experiencia única!
Finalmente, y sin perder de vista ese acontecimiento, no podemos no admirar el estilo nuevo y diferente de Jesús hacia su pueblo. Nos asombra su bondad transgresora, que va mucho más allá de las reglas sociales 
que muchas veces son discriminatorias.
Ante estas consideraciones podemos sacar algunas conclusiones:
Primera: crecer en nuestra fe, abandonándonos a la iniciativa de Dios. Ese abandono deberá manifestarse en hechos concretos, cultivando nuestro espíritu solidario hasta que nos duela, como decía la Madre Teresa de Calcuta.
 ¡No será fácil!
Por otra parte, dejarnos atrapar por la misericordia de Dios. Pensemos que la Iglesia, de la que formamos parte por el Bautismo, no es más que una comunidad de pecadores que caminan hacia la redención final. En definitiva, confiemos y dejémonos sanar por el Médico divino, que vino salvar lo que estaba perdido e instituyendo el sacramento de la reconciliación para garantizarnos la certeza de nuestro reencuentro con Dios.


Domingo 15 de Junio de 2008
DOMINGO UNDÉCIMO “A”

Mt 9,36-10,8 (Lecturas:Ex 19,2-6 y Rm 5,6-11)
Dios nos ama y nos convoca.
..
Quizás pocas veces nos detuvimos a reflexionar sobre el misterio de la elección libre y gratuita que Dios hace de cada pueblo y de cada persona en particular. Según las palabras de san Pablo, esta elección tiene como único motivo el inmenso amor de Dios que nos llama, nos convoca para una misión específica y nos reconcilia con el Padre. Este hecho insondable al que no siempre le damos la importancia que tiene para nuestra vida espiritual, es precisamente el tema que presenta la liturgia de hoy para nuestra meditación. Lo encontramos perfectamente desarrollado especialmente en la primera lectura y en la página del Evangelio.
En el libro del Éxodo, vimos cómo la gran gesta libertadora de la esclavitud de Egipto, con la travesía del desierto, con sus pruebas y tentaciones, es la continuación del cumplimiento de la promesa hecha a Abraham. Además, Dios en su liberación, ya apuntaba a la alianza en el Sinaí. Así descubrimos cómo Dios convoca a Moisés para sellar una alianza, un verdadero pacto con su pueblo al que ama con ternura maternal, expresada en la estupenda metáfora que se leyó hoy: “Los llevé sobre alas de águilas y los traje aquí”.
De estas expresiones, salta a la vista que lo que deberemos subrayar de esta alianza es que la elección es libre y gratuita: seguramente había otros pueblos con las mismas o mejores condiciones que el hebreo, pero el misterio está en que Dios eligió a él y no a otro y lo hizo únicamente por amor. (Lo mismo sucede con nosotros).
Este pacto de mutua pertenencia, convierte al pueblo elegido en propiedad de Dios, mientras que sus integrantes se vuelven santos y consagrados a Él.
Recordemos, sin embargo, que visto desde nuestra perspectiva; es decir, después de la predicación, muerte y resurrección del Señor, estas promesas anunciadas al pueblo hebreo, llegaron a su plenitud en la Iglesia, que son los bautizados, a quienes san Pedro, en su primera Carta, llamará nación santa y sacerdotal, porque a través del sacramento del bautismo, participan del sacerdocio de Cristo.
Ahora bien, para llevar a la plenitud esa promesas, Dios necesita colaboradores, con los mismos sentimientos compasivos de Cristo, para que anuncien el Reino de Dios a todos los pueblos.
Hoy san Mateo presenta a los primeros Doce. La semilla de ese pueblo nuevo que es la Iglesia.
Si bien es cierto que Dios siempre elige personas para “enviar” como a los Doce y a sus sucesores, con una misión ministerial, sacramental, también tenemos que tener en cuenta que elige y llama a todos los hombres a participar en la estupendo servicio de evangelizar. A cada hombre lo elige libre y gratuitamente y lo envía para anunciar a Cristo resucitado. Hoy Jesús se lamenta de la escasez de obreros. Aceptemos su invitación a orar para que el Padre bueno los multiplique y aceptemos también la convocatoria, la llamada a compartir con Jesús la tarea de aliviar a los enfermos y a los más necesitados, tanto desde el punto de vista material como espiritual


Domingo 22 de Junio de 2008
DOMINGO DUODÉCIMO “A”

Mt 10,26-33(Lecturas:Jr 20,10-13 y Rm 5,12-15)
Ser testigos, a pesar de todo..

La liturgia de la palabra de este domingo nos llama a reflexionar sobre temas diferentes, muy densos, pero también muy actuales. Tales como la tremenda obra destructora del pecado, la obligación de proclamar el Evangelio, la liberación del miedo y la necesidad de proclamar la fe públicamente.
Inician con la primera lectura, donde nos encontramos con la figura del profeta Jeremías, (imagen de Jesús, el profeta por excelencia), acorralado por sus enemigos, desalentado y cansado de luchar. No obstante esa situación, levanta una oración que comienza desesperando de la ayuda de Dios, pero finaliza aceptando incondicionalmente su voluntad.
Esa tan humana reacción de Jeremías nos indica la dificultad de la misión profética entre los hombres, que frecuentemente, de amigos se convierten en enemigos porque no toleran la dureza del mensaje de la palabra de Dios.
Esta lectura, al mismo tiempo que nos describe los obstáculos que debe superar todo profeta, nos muestra que Dios nunca los abandona, sino que los ayuda y los sostiene en medio de los peligros. En definitiva, la vida de los profetas de todos los tiempos estará colmada de incomprensiones, pero siempre sentirá la compañía de Dios.
Después de esta primera reflexión sugerida por la figura descollante de Jeremías, la página del Evangelio de hoy, continuación del domingo pasado, donde presenciamos la elección de los doce apóstoles, nos invita a meditar sobre algunos consejos e indicaciones de Jesús a sus discípulos y a todos a los que recibieron 
la misión de proclamar el mensaje de la salvación.
Así descubrimos que Jesús llama no sólo a los Doce sino a todos los bautizados para que anuncien el Reino de Dios siempre y en todo lugar y que, con el mismo coraje de Jeremías, no se dejen inmovilizar por el miedo, ya que las persecuciones se darán en todos los tiempos, aunque quizás la de hoy sean más sutiles que 
la de los primeros siglos de la Iglesia.
Otro tema, estrechamente vinculado con el anterior, es que Jesús, hablándonos de la providencia de Dios, nos redime del miedo que nos paraliza. Ese miedo que no nos permite vivir confiados en la asistencia de Dios, el mismo que nos lleva programar toda nuestra vida sin darle lugar privilegiado a Dios que nos ama.
De esa manera, Jesús nos enseña que Dios Padre es dueño de la vida y de la historia y 
que nada sucede en el mundo sin que Él lo sepa o lo permita.
Luego, venciendo al miedo se logra proclamar con coraje la fe aun en condiciones difíciles y con verdadero sacrificio personal. Como premio, Jesús nos asegura que si lo reconocemos públicamente, 
Él también nos reconocerá delante al Padre.
Todas estas reflexiones nos muestran que no es fácil ser testigos del Evangelio en un mundo que rechazó a Jesús y que no está dispuesto a escuchar su mensaje liberador. Sin embargo, Jesús nos confía la misión del testimonio y 
del anuncio y nos pide que no temamos.
La segunda lectura, en cambio, está totalmente fuera de la temática del Evangelio y de la primera lectura. En ella san Pablo contrapone la obra de Adán a la obra de Cristo. En otras palabras, san Pablo confronta el pecado y la muerte, introducidos en el mundo por la opción equivocada de nuestros primeros padres, con la redención y 
a la gracia traída por Cristo, el nuevo Adán.
El centro de la meditación de Pablo es Jesús, pero dentro de este tema se encuentra la reflexión sobre el pecado original. La Iglesia enseña respecto al pecado original que el pecado de Adán es uno solo y que se transmite a todos los hombres mediante la generación y que se lo lava definitivamente mediante la redención de Cristo, 
con el sacramento del Bautismo, tanto a adultos como a niños.
Hoy mientras meditamos sobre este misterio de amor del Padre, en importante que actualicemos en nosotros los compromisos del sacramento del Bautismo.


Domingo 29 de Junio de 2008

Mt 16,13-19 Santos Pedro y Pablo (Lecturas: Hechos 12,1-11 
y Timoteo 4,6-8.17-18)

San Pedro y san Pablo

Hoy la Iglesia, a través de la liturgia nos invita recordar a dos de los apóstoles que más influyeron en la vida de la Iglesia: san Pedro y san Pablo. Dos hombres comunes. Seguramente había muchos Pedros y Pablos, con sus misma cualidades cuando Jesús los llamó. Pero lo importante es que Jesús se detuvo en ellos y los eligió...
Pedro, un hombre casado, llamado por Jesús desde al inicio de la vida pública, cuando estaba limpiando las redes a orillas del lago de Genesaret, junto con su hermano Andrés.
Luego, siguiendo los pasos de Jesús, lo acompañó desde el Bautismo hasta la Ascensión. Será el hombre a quien Jesús le confiará la conducción de la de la Iglesia... Como escuchamos en la página del Evangelio... Hábil pescador, junto con su hermano Andrés eran dueños de una barca y todos los días, acompañados por dos primos de Jesús, Santiago y Juan, se ganaban la vida tirando las redes con la esperanza de una pesca estupenda. Y a veces se les daba...
El encuentro con Jesús a orillas del lago le cambió la vida. Después de seguirlo hasta el momento de la pasión, muerte y resurrección del Maestro, lo vieron subir a cielo después de despedirse de ellos.
De Pedro, precisamente, nos habla la primera lectura, tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles. Allí descubrimos, en primer lugar y de un pantallazo, la situación política en la que les toca vivir a los primeros discípulos de Jesús resucitado: Herodes, un rey impopular, para congraciarse con su pueblo manda a matar a uno de los líderes de la comunidad cristiana de Jerusalén, a Santiago. Es decir, viven en un memento de la historia en el que existía un total desprecio de la vida humana y de las leyes.
Y en segundo lugar, nos permite apreciar el espíritu solidario que caracterizaba a esos cristianos que no abandonan a Pedro a su suerte, sino que oran intensamente por él. Dios escucha su oración y lo libera milagrosamente.
Pablo, un hombre culto, un fariseo, celoso custodio de la Ley judía, tanto que un día, siendo aún muy joven, queda implicado en la muerte injusta y violenta del diácono Esteban. Después, con autorización de los jefes religiosos judíos de Jerusalén, comienza perseguir a los cristianos a todas las ciudades de Palestina hasta que, camino a Damasco, una luz lo envuelve y Jesús le habla. En ese encuentro con el resucitado, descubre que ese Jesús a quien él persigue, es nada menos que el Mesías esperado y anunciado por los profetas. ¡Quedó deslumbrado por este descubrimiento!
Para comunicar a sus hermanos y al mundo entero su descubrimiento y la gran buena nueva de la resurrección, recorre las ciudades más importantes del imperio romano en cuatro oportunidades, fundando comunidades, a las que visita o se comunica por carta hasta que también él, según la tradición, el mismo día que Pedro muere decapitado por amor a Jesús.
Precisamente, la segunda lectura de hoy nos muestra a Pablo totalmente dispuesto a dar la vida por Jesús. Además, se siente abandonado por los hombres, especialmente por algunos de quienes él más esperaba en un momento tan crucial como el que está viviendo, pero se siente sostenido por Dios en quien ha confiado.
En síntesis, la fiesta de hoy nos presenta a dos hombre con una historia muy semejante: anunciar la buena nueva y dar la vid por Jesús, muerto y resucitado, que se inmoló por nosotros porque nos ama y prometió a quienes lo siguieran que compartirían su gloria junto al Padre.
Hoy, nosotros mientras celebramos su fiesta, estamos asombrados de sus vidas, de su coraje a toda prueba. Pero el asombro y la admiración no bastan. Hay que imitarlo en seguir a Jesús, a anunciar a Jesús, a morir por Jesús.
Este propósito tiene que ser el punto de partida en nuestro camino a la santidad.


Domingo 06 de Julio de 2008
DOMINGO DÉCIMO CUARTO “A”

El encanto de la Humildad

  El hombre moderno parece estar acostumbrado a lo brillante, al oropel, a las apariencias. Es casi un dogma que al individuo brillante  se loupueda admirar pero difícilmente se lo ama, porque vive aislado en torres de marfil, intocable…

  La persona auténticamente humilde, por el contrario, atrae, encanta, acerca, inspira confianza. El recuerdo de Juan Pablo I en la memoria de todos, su sonrisa y espontánea quedó grabada en la retina, porque se brindó tal como era, sin cálculos. Se lo amó precisamente por su gran fragilidad. Esa era su fuerza.

  La liturgia de la palabra de este domingo avala esas ideas. La primera lectura deja claro que los caminos de Dios son contrarios a las ilusiones de los hombres.

  Con una imagen encantadora pinta la semblanza de un Mesías que se opone radicalmente a las tradiciones triunfalistas y belicistas  tan queridas por los judíos. Zacarías lo presenta como un pacifista que en lugar de cabalgar un brioso corcel llega montado en una mula. Todo un símbolo. A veces olvidado.

  Pero solo recordándolo se comprenderá mejor a Jesús y al evangelio de hoy. Quienes viven en la modestia y en la verdad podrán descubrir al Mesías Salvador en el hijo del carpintero de Nazaret. Fueron precisamente personas modestas quienes supieron encontrarlo y acompañarlo y que luego se transformaron en los cimientos de la Iglesia, tales como Pedro, Santiago, Juan y tantos otros.

También hoy la humildad sigue siendo la actitud fundamental para caminar al encuentro de Jesús.

  Quienes se acerquen a Él descubrirán con sorpresa que sus exigencias son livianas y llevaderas, no porque  junto a Jesús todo está permitido, sino porque el Maestro que padeció en la cruz, camina con los suyos para que la carga sea más suave.

  Es lo que piensa Pablo cuando escribe a los cristianos de Roma. Sólo el hombre redimido y animado por el espíritu capta el significado de la humillación de la cruz y el valor de inclinar la cabeza rechazando todo deseo de grandeza.  


Domingo 13 de Julio de 2008
DOMINGO DÉCIMO QUINTO “A”

Mt 13,1-23 (Lecturas: Is 55, 10-11 y Rm 8, 18-23)
La fuerza de la palabra

La liturgia de la palabra de este domingo nos invita a reflexionar sobre la eficacia y la fuerza de la palabra de Dios que exige una respuesta de quien la escucha.
La primera lectura y el Evangelio nos hablan de esa realidad y nos señalan también las dificultades, los obstáculos que encuentra la palabra de Dios para producir los frutos buscados.
Al respecto, el profeta Isaías es un optimista total: para él la palabra de Dios siempre produce frutos: es como la lluvia que siempre empapa la tierra y hace germinar la semilla. (Vista desde la palabra de Dios tiene razón).
Jesús, en el Evangelio, es menos optimista. No contradice la primera lectura, pero se ajusta más a la realidad, midiendo la eficacia, no desde el punto de vista de la semilla, sino desde el punto de vista de la tierra. (Es decir, desde el punto de vista del receptor y no desde el mensaje). Planteado así, la palabra de Dios encuentra dificultades y Jesús las sintetiza en tres términos: los pájaros, las espinas, las piedras.
Estos obstáculo hacen que la palabra de Dios no produzca los frutos esperados. Sólo cuando la tierra o el receptor están bien abonados producen el 100%.
Si tenemos presente los motivos y el contexto en que la relató Jesús y la recuerda san Mateo, se hace aún más comprensible la explicación que Jesús mismo dio a su parábola:
Jesús se sirve de ella para explicar a los impacientes (sus discípulos), por qué el Reino de Dios demora tanto tiempo para crecer en la tierra, para instalares en el mundo. Jesús les hace comprender que quien falla en este caso es el receptor, el hombre y no el anuncio, la palabra de Dios. La tierra no está abonada lo suficiente, el hombre no está dispuesto convenientemente para recibir el anuncio del Reino de Dios. Tiene otras expectativas y, además, no hay la necesaria esperanza para confiar en los resultados que tardan en llegar. Es como si los receptores estuviesen sintonizando otra onda.
Esa misma parábola la recoge san Mateo y la expone con la misma intención que la relató Jesús: Cuando el evangelista escribe su libro, unos 50 años después de la muerte y resurrección del Maestro, el Reino de Dios, es decir el Evangelio, no había prendido más que en unas pequeñas comunidades, no obstante el esfuerzo de los predicadores y la sangre de los primeros mártires, entre ellos nada menos que san Pedro y san Pablo. 
Es decir, el balance en ese momento, era más bien pobre.
Hoy esta parábola sirve también para nosotros:
En primer lugar, nos explica por qué los cristianos seguimos siendo minoría. Al menos los comprometidos con la palabra de Dios, que la practican y viven. El hombre, en general, no está abierto al mensaje salvador de Cristo.
Y en segundo lugar, nos llama a un profundo examen de consciencia. ¿Cómo fructifica la palabra de Dios en nosotros? ¿Qué importancia o qué lugar ocupan los pájaros, las espinas y las piedras en nuestra vida? ¿Cómo nos alimentamos con la palabra de Dios? ¿Tenemos la costumbre de leer la Sagrada Escritura?
Dejémonos cuestionar por la palabra de Dios. Respondamos. Abonemos la tierra para que produzca el mayor porcentaje posible de frutos. No decepcionemos al Sembrador en el momento de la cosecha, que es la Palabra Encarnada, 
Dios hecho hombre.


Domingo 20 de Julio de 2008
DOMINGO DECIMOSEXTO “A”

Mt 13,24-43 (Lecturas: Sb 12,13.16-19) 
Los nudos siempre llegan al peine

La página del Evangelio que nos ofrece la liturgia de la palabra de hoy, se compone de tres parábolas narradas por Jesús: La parábola del trigo y la cizaña, la de la semilla de mostaza y la parábola de la levadura.
Las tres reflexionan sobre el Reino de Dios o del “reino del cielo”, como prefiere llamarlo san Mateo, quien dirigiéndose a los judíos, respeta el mandamiento bíblico “no nombrarás el nombre de Dios en vano”.
Ellas hablan del Reino de Dios como una realidad exclusiva, que se realiza independientemente del recibimiento o rechazo del hombre. En otras palabras, Dios obra en el mundo a pesar que el hombre no siempre lo acepta. 
Dios es absolutamente libre.
Por otra parte, el Reino de Dios no es como lo entienden algunos, un lugar físico o una realidad geográfica sobre la cual Dios ejerce su poder o su autoridad.
Con la expresión “el Reino de Dios” la Biblia en general y el Evangelio en particular, quieren significar lo que podemos llamar el “comportamiento de Dios” que toma muy en serio al ser humano y lo llama a participar en su plan salvífico.
Las parábolas de hoy son una descripción de ese “comportamiento de Dios” con relación a aquello que para el hombre de todos los tiempos, resultaría inexplicable si Dios mismo no lo ilumina con su palabra. Realidades tales como Dios y el mundo; el sentido de la vida y de la muerte; el bien y del mal. El mismo destino del hombre como de hijo de Dios sería incomprensible sin la luz de la palabra de Dios.
Con estas tres parábolas, Jesús quiere hacernos comprender esas realidades.
Las parábolas del trigo y la cizaña describen el comportamiento de Dios respecto a la existencia simultánea en el mundo del bien y del mal, la del hombre bueno y la del malo, así como crecen en un mismo campo y al mismo tiempo, la cizaña y el trigo. (Téngase en cuenta que Jesús elige para su comparación dos plantas que son casi idénticas. Se diferencian sólo en la espiga, cuando maduran...).
Jesús, a diferencia de lo que hubiesen esperado sus oyentes, (la destrucción inmediata de los malos y la declaración que no se puede realizar el Reino de Dios más que en una comunidad de buenos), les manifiesta la bondad y la paciencia de Dios. Les hace comprender que Dios no es como lo imagina el hombre. Dios es diferente.
En realidad, cuando el hombre piensa o habla de Dios, proyecta sus propias experiencias, su idea del mundo; su propio comportamiento, sus miedos, sus angustias y fracasos. Ése no es el Dios de la Biblia, él que nos presentó la primera lectura de hoy. Y lo que es peor, hoy vivimos en un mundo tan violento, que la misma idea de violencia 
puede empañar la imagen de Dios.
Debido a esto errores de interpretación, hasta la misma palabra de Dios puede ser instrumentada a la luz de nuestros sentimientos, haciéndole decir lo que nos conviene.
En cambio, la revelación que Jesús nos hace de Dios revierte todos esos conceptos. Jesús nos habla de Dios Padre. Y a partir de esa idea, el hombre no puede menos que pensar que fue creado y amado por Dios.
Esa idea de un Dios Padre, misericordioso, que nos amó hasta enviar su Hijo a morir por nosotros, debe llevarnos a la comprensión de la vida de nuestro prójimo, a la tolerancia, al respeto por los demás. Dios se reservó el momento para la separación del trigo y la cizaña. En el juicio final dividirá definitivamente a los buenos y a los malos. (Todos sabemos que los nudos siempre llegan al peine...).
Además, la parábola nos ayuda a comprender que el hombre, mientras viva, tiene que empeñarse en dar lo mejor de sí mismo e imitar la paciencia amorosa de Dios.
Con las parábolas del grano de mostaza y la de la levadura, con las que concluye la página de hoy, san Mateo quiere tranquilizar a los que temen por sus errores e infidelidades a los planes de Dios y a la falta de correspondencia a la gracia. Quiere asegurarles que Dios es bueno, misericordioso y que puede hacer crecer en nuestro espíritu el Reino de Dios como crecen la levadura y la planta de mostaza. Para Dios todo es posible.
Las tres parábolas, en realidad, son un canto de esperanza: Dios nos ama a pesar de nuestros errores.


Domingo 27 de Julio de 2008
DOMINGO DECIMOSÉPTIMO “A”

Mt 13,44-52 (Lecturas: 1Re 3,5.7-12 y Rm 8,28-30) 
La isla del tesoro

Este domingo, la palabra de Dios no hace volver al pasado y nos recuerda nuestras lecturas de adolescentes, cuando devoramos entusiasmados los libros de aventuras, entre ellos, el muy conocido y clásico 
“La Isla del Tesoro”, de Stevenson.
A su luz podemos descubrir que tanto interés por esas lecturas estaba que, en el fondo, en todos andamos buscando un tesoro que nos satisfaga, una ocupación que nos ayude a realizarnos y, al mismo tiempo, nos llene de “status” y que nos colme de felicidad. Dentro de todo, es una ambición positiva, que moviliza al ser humano y da sentido a la vida.
El tema pasa por saber elegir el tesoro... Para iluminar nuestra búsqueda y elección, Jesús nos recuerda que “el reino de los cielos se parece a alguien que encontró un tesoro y para conseguirlo, vendió todo lo que tenía”.
Es como si nos dijera: existe una isla, una perla única, diferente, capaz de llenar todas las aspiraciones del ser humano. El que la encuentra ya puede abandonar otras aventuras.
Y si nos detenemos a reflexionar seriamente, veremos que ese descubrimiento es la preocupación fundamental de nuestra vida humana. En otras palabras, todos, de una manera u otra, queremos encontrar el camino, la pista, la persona que nos haga vivir plenamente y nos permita distinguir el oro del oropel, lo esencial de lo accidental, 
la perla preciosa de la biyuteri...
Ese camino, esa persona es Cristo, el Evangelio, el reino de Dios, la Iglesia, los sacramentos, la gracia...
Esa es la realidad. Pero debemos ser sinceros: en esa búsqueda, el ser humano muchas veces se equivoca. No es feliz, a pesar de haberse quedado con mucho tesoros deslumbrantes, pero que en definitiva, siempre dejaban un sabor amargo.
Cuando se vive con la vista y los sentimientos puestos sólo en disfrutar la vida, la realidad es que crece la soledad, a pesar de vivir apiñados en las ciudades; aumenta la tristeza por más que nos aturdamos con música alegre; se multiplica la angustia, a pesar que queramos vivir a todo ritmo, recurriendo al alcohol, a la droga y a otros sustitutos y se incrementa también el número de las muertes desesperadas, los suicidios por no encontrarle sentido a la vida.
Ante este cuadro no podemos menos que preguntarnos: ¿Detrás de qué tesoro vamos caminando? ¿El camino que elegimos hacia dónde nos lleva? ¿El horizonte aparece obscuro o brillante?
Sin embargo, la palabra de Dios es optimista: nos asegura que hubo personas que descubrieron el tesoro y vendieron todo por quedarse con él. Son los santos, los que están en el altar y los anónimos, que son mayoría.
San Pablo escribió a sus amigos: “Buscad las cosas de arriba”, porque él ya lo había experimentado. En otra carta reflexiona: “Llevamos tesoros muy grandes en vasijas de barro”. San Agustín contó su experiencia: “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en ti”. San Francisco Javier se dejó ganar por el cuestionamiento de Jesús: “¿De qué vale al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?”
Todos estos hombres descubrieron el verdadero tesoro y se quedaron con él.
Hoy escuchemos la palabra de Dios que nos interpela, que nos cuestiona y hagamos que produzca frutos. Imitemos a los santos. Es necesario despojarse de lo superfluo, de todo lo que nos tiene atados a las cosas de la tierra y que no nos permite volar. De esa manera no sólo descubriremos la perla fina, el reino de Dios, 
sino que la podremos conquistar y nos colmará de felicidad.


Domingo 03 de Agosto de 2008
DOMINGO DECIMOCTAVO “A”

Mt 14,13-21 (Lecturas: Is 55,1-3 y Rm 8,35.37-39) 
Más allá de los símbolos.
..
La página del Evangelio de este domingo nos recuerda el relato de la primera multiplicación de los panes. (Uno de los mayores signos mesiánicos que llamaba a descubrir la presencia del Mesías y el inicio de un nuevo reino...).
El milagro en sí es de una enorme riqueza de significados y sugerencias para nuestra vida cristiana. Para nuestra reflexión, y tratando de simplificar la explicación, lo dividiremos en cuatro cuadros. Cada uno de ellos nos ofrecerá su propio mensaje y la invitación a un compromiso personal, a la oración y a un cambio de vida.
“Jesús se marchó a un sitio tranquilo y retirado”
Con este gesto Jesús, repetido varias veces en su vida, indica la actitud que debe asumir el apóstol, no sólo sacerdote o persona consagrada, sino todo cristiano llamado al trabajo pastoral en la Iglesia: el apóstol está permanentemente ocupado; se reúne, escucha mil temas; pero a un cierto momento necesita serenarse, detenerse para orar, para comunicarse con Dios, para reflexionar. Además, para evaluar su trabajo a la luz de la palabra de Dios y a luz también de la misión que la Iglesia le encomendó. Es fundamental en la vida hacer un alto en camino 
para “revisar los mapas” y asegurarse que se viaja por el camino correcto...“La gente lo siguió”.
No obstante el deseo y la necesidad de estar solo, Jesús --y todo apóstol--, se debe a la gente. Jesús no rehuye la misión, al llamado a evangelizar; pero esa exigencia, la mayoría de las veces supera la necesidad de la enseñanza y de la predicación, llevando al apóstol a un compromiso material. Es el caso del Evangelio de hoy, donde se le exige darles literalmente de comer, alimentarlos con un alimento material concreto: pan y pescado.
Los discípulos reaccionan con comodidad. Le dicen a Jesús “que vayan y compren”. En realidad, querían sacárselos de encima, con razón, pero cruelmente. Una actitud quizás frecuente en nuestras vidas, que justifica la falta 
de compromiso personal con el necesitado.
Pero Jesús reacciona de otra manera, ordenándoles “dadles vosotros de comer”.
Y esa es nuestra asignatura pendiente, eso es lo que nos hace falta.
Sobre este tema tenemos que ser sinceros: a veces no sabemos cómo solucionar los problemas; a veces, sabemos cómo hacerlo, pero no podemos; y a veces, sabemos cómo hacerlo, tenemos la posibilidad de hacerlo, pero no queremos. En ese preciso momento dejamos de ser cristianos. Éste debería ser un tema constante 
de meditación y de examen de consciencia.
“Sólo tenemos cinco panes y dos pescados”
Francamente muy poco. Casi nada. Y esto nos sucede a todos. Son apenas dos moneditas. Sin embargo, recordemos lo que significaron para Jesús las dos moneditas de la pobre viuda... Y recordemos también, lo que significan esas dos gotas de agua en el cáliz... Es poco pero es mucho: es nuestra participación. Es nuestra colaboración. Bastará que Dios lo acepte y lo bendiga: sirven, en realidad, para dar de comer a más de cinco mil personas 
y sin contar a mujer y niños...Esa reflexión nos lleva al cuadro siguiente.
“Traedme esos cinco panes...”
Es decir, Jesús actúa a través de nosotros. Exige nuestra colaboración para salvar a los hombres y alimentar a los pobres.
En el mandato de Jesús hay una evocación discreta, pero muy clara de la Eucaristía, especialmente en las palabras de la bendición... Pero no olvidemos el mensaje global de este Evangelio: nos llama a poner, como dice san Pablo, lo que falta a la pasión de Cristo. ¿Y qué que falta a la pasión de Cristo? Esos cinco panes y dos pescados...
Estas ideas nos permiten una conclusión general: no estamos en las condiciones adecuadas de partir el pan eucarístico sino compartimos antes el pan material. En otras palabras, no hay eucaristía sin caridad.


Domingo 10 de Agosto de 2008
Domingo Decimonoveno A

Más allá, la soledad…

Quien intente conocer el noroeste argentino en un primer momento podrá quedar asombrado por las extensas zonas desérticas y sus interminables carreteras. Quizás llegará a la conclusión que sus pocos habitantes hicieron un pacto con la soledad. Pero cuando llega a conocerse a sí mismo sabe perfectamente que la soledad es un vacío que no depende de la naturaleza exterior, tal es así que los primeros hombres que surcaron el vacío y el silencio cósmico nunca se sintieron solos.

Quien alguna vez sintió la verdadera soledad sabe que es un sentimiento, a veces indescriptible de total desamparo.

Es el que sintió Elías oprimido por una crisis de desaliento, es el que siente la persona abandonada por su ser amado, es la ausencia de amor, es la ausencia de Dios que puede sentirse en cualquier ruta de Argentina o del mundo o en el centro más ruidoso de cualquier metrópoli; mas allá del amor está la soledad…

Dios que ama a sus criaturas hace sentir su presencia. Así les manifiesta su amor. A Elías abatido, en una suave brisa; a Pedro y a los suyos en medio de una imprevista y furiosa tempestad mientras atravesaban en una frágil embarcación el lago de Cenezaret.

Estos dos episodios de los tantos que narra la Biblia, permiten descubrir que la presencia de Dios no solo significa salvación, sino también seguridad, alegría y paz interior.

Un mundo en el que se escribe y se filma constantemente sobre la soledad como la enfermedad moderna es un mundo que demora en descubrir la presencia de Dios. Quien lo ha descubierto, tendrá la misma emoción que Elías y sentirá los mismos efectos que hizo experimentar Jesús con su cercanía a Pedro y a los demás apóstoles en el lago. Sólo la falta de fe y confianza en Dios que llevan al pecado, violenta ruptura con el Creador, impiden descubrir la presencia salvadora del Padre y crea al mismo tiempo un horroroso sentido de soledad en el corazón.

Dios, sin embargo, prometió su presencia a la Iglesia y los fieles pueden gozar sus beneficios, no sólo en la Eucaristía, sino también en la Palabra con la que les comunica su amor.  


Domingo 17 de Agosto de 2008
Domingo Vigésimo A

“Variaciones sobre un tema conocido”

 Quizás pueda llamar la atención la insistencia con que la liturgia y por medio de ella, la Iglesia, invita a reflexionar sobre el llamado universal a la salvación.  Le interesa anunciar reiteradamente que todos los hombres están invitados a formar parte del Reino de Dios. Por eso repite que Dios no tiene país, ni raza ni condición social.  Dios es de todos.

  La invitación de hoy es clarísima. En la primera lectura, el Profeta, contrariando ideas exclusivistas de su pueblo, les revela que también los no judíos podrán orar junto a ellos al Dios de Abraham y de sus antepasados. Por eso los invita a abrir las puertas y a recibirlos en su mismo templo, exigiéndoles a quienes desean hacerlo que practiquen la justicia y de esa manera manifiesten su amor a Dios participando así de sus bendiciones.

  En el mismo tono, pero desde otra perspectiva se ubica Pablo. El Apóstol confía a sus lectores que los dones de Dios son irrevocables y así como prometió incorporar a los paganos al pueblo elegido, y cumplió  sus promesas llamando a los romanos a aceptar la Buena Nueva, así cumplirá con sus promesas con el pueblo judío. La certeza de Pablo se funda en la experiencia  personal de la misericordia de Dios que da tiempo al arrepentimiento.

  La historia de la mujer cananea que implora la salud para su hija tiene matices conmovedores. El milagro certifica una vez más las ideas de las primeras lecturas: todos pueden acercarse a la mesa de Dios y compartir así de las promesas mesiánicas.

  Para el cristiano contemporáneo que seguramente no duda de la universalidad de la invitación, la liturgia de la palabra contiene notas de confianza y de alegría, pero también un toque de atención, encerrado tanto en las exigencias del profeta como en la triste experiencia judía: practicar la justicia, la santidad, para que no retire sus promesas y su amor.

  La salvación siempre fue una invitación universal pero para entrar y sentarse a participar en el banquete salvífico hay que estar atentos para escuchar el llamado, pues hay peligro de que alguien golpee a la puerta y no se lo escuche…

  Dios tiende la mano, pero hay que estrechársela.  


Domingo 24 de Agosto de 2008
Domingo Vigesimoprimero

Pedro, el descubridor…

Muchos rasgos de la personalidad del apóstol Pedro despiertan admiración, pero uno, y quizás no el más destacado, fue el sexto sentido que le permitió intuir siempre con claridad lo que realmente estaba sucediendo. Valiéndose de ese don, en sus caminatas junto a Jesús y rumiando las palabras del Maestro, descubrió que la persona que caminaba con ellos, que hablaba del futuro Reino y que avalaba sus palabras con milagros no era uno de los tantos profetas que había en otros tiempos recorrido Palestina sino que era el Profeta por excelencia, el Mesías. Por eso cuando los interroga respecto a la opinión que ellos se habían formado de ´El , Pedro se adelanta y en nombre de todos responde lo que se leyó en el evangelio de hoy. La respuesta de Jesús transformó su vida para siempre.

Frente a un acontecimiento de esta envergadura, se podrían sacar muchas conclusiones. Se podría, especialmente, subrayar con toda firmeza, que la autoridad y la primacía de Pedro le fueron conferidas por Jesús personalmente. (La primera lectura no es más que uno de los antecedentes  que hay en la Biblia donde Dios interviene para investir de autoridad a uno de sus elegidos.

Hay que subrayar también que la autoridad de la Iglesia está ligada a la unidad, tan anhelada por Jesús, cuyo gran deseo fue que el rebaño se reuniera 
en torno a un solo Pastor.

Sin embargo tentados por la simpatía, la admiración y la devoción que  todos los cristianos sienten por Pedro y sus sucesores, no está fuera de lugar insistir sobre este sexto sentido que le permitió al apóstol Pedro convertirse en el descubridor por excelencia del Mesías.

De allí se deduce rápidamente que lo importante para todo cristiano  sea imitar a Pedro, en su perspicacia  y en su apertura: los indiferentes y los imparciales difícilmente llegarán a ser descubridores. Tal es así que el individuo que se encuentra envuelto en un hecho que puede transformar su vida y permanece indiferente, es una persona enferma.

Enferma de egoísmo, que ubica el centro del universo, en su persona. A ella nunca le corresponderá el apodo de “el descubridor”. Le falta el sexto sentido  


Domingo 31 de Agosto de 2008
DOMINGO VIGESIMOSEGUNDO DURANTE EL AÑO
Ciclo A

SEDUCIDOS…

Siempre habrá algo de inexplicable e incomprensible en la vida de los profetas, tanto del Antiguo Testamento como de nuestro tiempo. Para el profano, se trata siempre de individuos que se buscan complicaciones inútiles, que no comprenden que el “máximo de inteligencia” es hacer y dejar hacer.

Para el cristiano esta “filosofía” tiene un solo inconveniente no es la manera de pensar de Dios que califica a la indeferencia y a la tibieza como el peor de los pecados y a quien le interesan personas con agallas, comprometidas, capaces de enfrentar el mal y a sus actores denunciándolos públicamente,

Así fue la vida del profeta Jeremías, que renunciando a una vida cómoda y asegurada en la corte real se complicó la existencia denunciando pactos contrarios a la voluntad de Dios. Así fue la vida de Jesús que huyó desde el comienzo de la vida pública, del camino fácil del mesianismo triunfal que le proponía el tentador y de Pedro que lo apartaba del doloroso sendero que lo condujo al calvario. Para anunciar su Buena Nueva, no dudó en enfrentar primero a los fariseos y a las autoridades religiosas y después al mismo pueblo decepcionado por no ver restaurado el reino  material que ellos esperaban.

La actitud valerosa de los profetas tiene una sola explicación: fueron seducidos por Dios, que es amor, verdad y justicia y quienes tuvieron una experiencia intensa de Dios quedaron seducidos y atrapados por ese amor, por esa verdad y por esa justicia

Los profetas no se acabaron. Están entre nosotros. Son aquellas personas que con su testimonio acicatean al cristiano al compromiso, a la búsqueda serena del amor de Dios, de su verdad y de su justicia. Las complicaciones seguramente no se harán esperar.

Quizás la sugerencia de Pablo, cuyo vida fue un continuo compromiso, ayude a comprender aún más la actitud de los profetas;”No toméis como modelo al mundo”. Con ella Pablo invita a todos los cristianos  a dejarse seducir para ser transformados interiormente y así descubrir la voluntad de Dios y testimoniar como los profetas de ayer, de hoy y de siempre y como Jesús, el amor, la verdad y la justicia.  


Domingo 07 de Setiembre de 2008
DOMINGO VIGESIMOTERCERO
Ciclo A

Indiferentes, Abstenerse

Todo bautizado sabe que vivir seriamente el cristianismo implica una dosis elevada de coraje y de compromiso. Por eso los indiferentes no tienen cabida en esta comunidad donde todos los miembros se sienten responsables de la vida de sus hermanos.

La liturgia de la palabra de este domingo es una invitación a ejercer esa obligación con amor, pero al mismo tiempo con decisión y firmeza. Para ello se vale de un corto párrafo de los escritos del profeta Ezequiel, donde se afirma que quienes por sus cargos tienen bajo su tutela a otras personas y las descuidan sin preocuparse por mejorar en todo sentido el nivel de sus hermanos se hacen culpables en ciertas medidas de las deficiencias y de los errores y deberán por esa causa rendir cuentas a Dios por su negligencia. La advertencia es clara y abundar en detalles sería una imprudencia.

Pero esto no está todo allí. Leyendo sólo la primera lectura, parecería que a los únicos que incumbe ser centinela de su rebaño serían los pastores, pero la página del evangelio extiende esa responsabilidad a todos los bautizados, cuando sea necesario hay que vencer la indiferencia o la misma timidez y llamar la atención a quien se equivoca.

Sin duda es una tarea incómoda advertir y reprender al hermano, pues es mucho más fácil y más cómodo lavarse las manos antes que hablar a tiempo para evitar de esta manera que el hermano continúe perjudicándose y perjudicando a la comunidad, pero no se escucharían las palabras de Jesús que invita a la corrección fraterna que deben traducirse en un diálogo fraterno para limar asperezas y llegar a una reconciliación y sólo si no acepta el error alejarlo de la comunidad.

De todas maneras, no solo hay que ser censores, sino que hay que aceptar ser censurados, viendo en la corrección fraterna una hermosa faceta de la caridad. Sólo quién ama busca el bien del ser amado, aunque tenga que reprenderlo.  


Domingo 14 de Setiembre de 2008
Ciclo A

Exaltación de la Santa Cruz 



La fiesta Exaltación de la Santa Cruz que celebramos hoy tiene su origen en la ciudad Jerusalén, en los primeros siglos del cristianismo. 

Según un antiguo testimonio ( el de Santa Egeria), se la comenzó a celebrar el aniverrsario del día que se la encontró, en Jerusalén tanto es así que en latín se llama a la fiesta: 

"Inventione cricis" ... Invention", en latín significa primeramente "hallazgo". 

Las reliquias de la cruz permanecieron allí hasta que a principios del siglo VII, los persas saquearon a Jerusalén y se apodeeraron de las reliquias, las que serían recuuperadas después por el emperador Heraclio. Hoy se encuentran en la Basílica de San Juan de Letrán, en Roma. 

La liturgia de la Palabra de esta fiesta nos invita a meditar sobre la cruz, el instrumento que se valieron los hombres de su tiempo para condenar a Jesús. Un instrumento de supliicio que deja patente la crueldad del imperio romano para condenar a las personas que no perteneCÍan al imperio. No sólo le quitaban la vida, sino de qué manera lo haCÍan ... 

La primera lectura, con el hecho algo missterioso e incomprensible de las serpientes venenosas del desierto y su posterior alzaamiento sobre un hasta, anticipa lo que suceedería con Jesús. 

En efecto, el evangelista san Juan en el Evangelio de hoy interpreta lo que había sido un acontecimiento doloroso de la historia de Israel y nos aclara que Jesús será levantado en un madero como las serpientes, sólo que ellas eran instrumento de muerte, mientras que Jesús crucificado será la vida misma dado que en la cruz, del costado de Cristo nace la Iglesia y los sacramentos, de esa manera la muerte en cruz se transforma en el camino de la vida cuando es aceptada y abrazada con alegría y coraje. 

Además, la cruz convive con nosotros. ¿ Quién de nosotros no tiene que soportar la cruz que se identifica a veces en una enferrmedad, o en el cansancio, o en el dolor o en la soledad o la pobreza? 

Hoyes una buena oportunidad para preeguntamos cómo la llevamos. 

Muchos huyen de ella, pensando que se puede llegar a la salvación por otro camino más fácil y transitable. Sin emmbargo, todos sabemos que si queremos imitar fielmente a Jesús y encontrarnos con Él en el cielo, debemos asumida con serenidad y alegría. 

Esa será nuestra manera d expresar nuesstro amor a Jesús y la que nos llenará de aleegría espiritual ya que es un camino seguro de purificación y santidad. 

El trato confiado y la amistad con Jesús nos enseñará a llevada con decisión y valentía. 


Domingo 21 de Setiembre de 2008
Ciclo A

EL DUEÑO DEL CAMPO

Se suele decir que un problema bien planteado generalmente tiene una solución correcta. Por eso cuando el cristiano intenta comprender el significado preciso de la parábola  que narra san Mateo en la página del evangelio que se leyó hoy, tendrá que tener presente una idea clave y que ayuda a plantear correctamente la cuestión: Dios no tiene los mismos  criterios de los hombres.

.Precisamente, la Liturgia de la Palabra para alertar y preparar al cristiano a la lectura  de esa parábola y al mismo tiempo, indicar las pautas para comprenderla, recuerda en la primera  lectura, un escrito del profeta Isaías donde presenta la diversidad de pensamiento de Dios y de los hombres. Estos actúan generalmente  por cálculo, deteniéndose a medir exactamente, mientras que Dios, se vale de medidas totalmente diferentes. Aún más, Dios ignora todo tipo de cálculo porque se brinda gratuitamente.

Con estas ideas se aborda con más tranquilidad la parábola y se comprende mejor la actitud del dueño del campo. Justamente, por ser dueño del campo puede y quiere hacer de sus bienes lo que más le plazca, sin tener que dar cuenta a nadie de su proceder.

Así se descubre que Dios es libre de premiar con la misma paga tanto a los que llegan

últimos como a los primeros. Hay que subrayar, sin embargo, que en ello no existe injusticia alguna, pues a los primeros da el estipendio convenido de antemano.

Cabría preguntarse qué significa para el cristiano esta parábola. La respuesta podría ser ésta: nadie está en grado de comprender y menos aún, condicionar la misericordia de Dios porque El es el único dueño del campo. Los operarios, más que murmurar por la paga, tendrían que estar agradecidos por haber sido llamados a trabajar en el campo  ... Para ser más explícitos, habría que decir que el cristiano, o cualquier miembro de la Iglesia, antes de protestar porque los convertidos de última hora reciben el mismo premio deberían alegrarse por haber sido llamados antes. De hecho, Dios los amó primero y les brindó la seguridad y la misericordia desde el primer momento, ahorrándoles la incertidumbre de quedar afuera.  


Domingo 28 de Setiembre de 2008

DOMINGO VIGESIMOSEXTO DURANTE EL AÑO
CICLO A

FALTA LO MÁS IMPORTANTE

Quizás uno de los males más constatables del mundo contemporáneo sea la fiebre por conseguir recomendaciones que permiten escalar puestos en la sociedad a individuos que sin ellas difícilmente los alcanzarían por no tener las cualidades suficientes. Estos individuos llegan a pensar que pueden solucionar todos los problemas con ellas.

Sin embargo, y muy a su pesar, el catálogo de las recomendaciones está incompleto. Falta la que serviría para que Jesús, sin más, les franqueara la puerta del Reino de los cielos y poder gozar de la bienaventuranza eterna.

La idea de una recomendación no es nueva. Los hebreos contemporáneos al profeta Ezequiel, que se recuerda en la primera lectura de la Liturgia de la Palabra de hoy, también creían que con la recomendación de Abraham o simplemente, con ser sus descendientes, bastaría para alcanzar de Dios la bendición y el perdón de los pecados. El profeta les aclara que para merecer tales dones era indispensable una sincera y efectiva conversión interior.

Esa misma actitud se reitera con frecuencia en el Nuevo Testamento, cuando escribas y fariseos retornan la idea de sus antepasados. Pero también Jesús les advierte que no existe otra recomendación válida que no sea la conversión.

La misma idea aparece también a lo largo de la historia de la. Iglesia y hoy mismo en nuestro pueblo tiene sus seguidores, pero siempre encontrará la misma respuesta: no bastará estar bautizados para tener garantizada la salvación, porque no se trata de decir sí y después no hacer, como recuerda el evangelio de hoy, para merecer el Reino de Dios.

Toda esta larga introducción lleva a una conclusión evidente: cada persona con la ayuda de la gracia, es el artífice de su salvación. No existe otra recomendación que la que cada persona se labra a lo largo de la vida, pues lo que agrada a Dios y El premia, no es el nombre de cristiano sino la fidelidad a los compromisos asumidos en el bautismo. Por eso el evangelio de hoy es una llamada a la responsabilidad personal, donde la palabra empeñada no puede ser cambiada por una recomendación inexistente, pues a Dios le interesa la vida, el compromiso y no el nombre.  


Domingo 04 de Octubre de 2008

VIGESIMOSEPTIMO DOMINGO
Ciclo A

FALTA DE ORIGINALIDAD

Un novelista contemporáneo afirmó en una de sus novelas que a los criminales les falta originalidad, pues aunque las circunstancias materiales del crimen puedan variar, la acción es siempre la misma: tratan de solucionar un problema determinado, eliminando a la persona que les molesta. En ello no hay nada nuevo, pues lo pensó primero Caín ...

Transportando esa idea a la Biblia y a la relación del hombre con Dios se comprueba que tampoco el hombre suele ser demasiado original. Desde Adán, el pecado será siempre una realidad dolorosa, una falta de fidelidad a un compromiso tomado, una traición a quien había depositado su confianza en él.

Todo eso es lo que sucedió con el pueblo hebreo y que Isaías describe en un hermoso poema que se lee en la primera lectura de la Liturgia de la Palabra de hoy: Dios había plantado una viña ...

Pero la lectura de este poema en la Liturgia de la Palabra de este domingo, no está sólo para recordar la infidelidad del pueblo escogido, sino más bien para que quienes escuche ,la parábola del Evangelio de hoy, comprendan rápidamente por qué los judíos contemporáneos a Jesús se sintieron aludidos con la comparación de los viñadores asesinos.

La historia del pueblo escogido es una serie de infídelidades. Pero no sólo ella. También la historia de cada individuo tiene muchas luces y sombras y generalmente más sombras que luces. Por eso a la mayoría de los bautizados les falta originalidad. Ellos también pueden sentirse aludidos cuando escuchan la narración poética de la viña o la trágica actitud de los viñadores.

El pecado es una posibilidad y a veces una dolorosa experiencia; pero el bautizado, para detenerse en esa resbaladiza pendiente, tendrá que servirse de la "originalidad" de Pablo y poner en práctica su ardiente exhortación.

Como fruto de ella, tendrá la alegría que fecundará una maravillosa paz interior, que hará de centinela a sus pensamientos y afectos. Con ella evitará el plagio a que están acostumbrados los mortales: ser infíeles a Dios y estar apegados al pecado ... 


Domingo 12 de Octubre de 2008

Domingo Vigesimoctavo durante el Año
Ciclo A

INVITADOS A LA BODA

Desde los albores mismos de la humanidad se consideró a la boda, como uno de los hitos más importantes en la historia de una persona y al mismo tiempo, se la rodeó de connotaciones religiosas por estar tan ligada con las fuentes de la vida misma.

La revelación bíblica se vale de ese acontecimiento humano para explicar la relación de Dios con su pueblo, elevándolo a símbolo de su alianza. Esa sagrada alianza recuerda precisamente la primera lectura de la Liturgia de la Palabra de este domingo, cuando el profeta Isaías compara a la reconstrucción del pueblo elegido, como a un banquete de bodas, en el que se servirán carnes y vinos escogidos y cuyo resultado será la destrucción de la muerte.

La profecía de Isaías da pautas, también, para una mejor comprensión de la parábola del Evangelio de hoy, cuyo anuncio está centrado en la figura de una boda y de un banquete.

En la primera reflexión hay que poner el acento sobre la boda y su invitación, pues el rechazo o la aceptación de ella, presupone una explícita toma de posición ante. el acontecimiento. Jesús se valió de estas imágenes para censurar a los escribas y fariseos que, por motivos políticos o de conveniencia, lo rechazaron junto con la invitación a la conversión, sellando con ello la destrucción de su pueblo como nación. Pero al mismo tiempo, quiere destacar que el proyecto de Dios no puede fallar y tampoco se detiene, pues los humildes reciben al Predicador como quien era: el Mesías que según las palabras de Isaías reconstruiría al pueblo 'legido.

En una segunda reflexión se pondrá el acento sobre el banquete mismo, manifestación exterior de la alegría de la boda y de la alianza, abierto a todos los que quieran participar. Clara figura del Reino de Dios y de la Iglesia, pero también figura de la Cena Eucarística, a la que todos los cristianos están invitados, pero a la que no se puede participar sin llevar el vestido adecuado.

Este evangelio es un llamado a una toma de conciencia frente a las invitaciones que Dios envía continuamente a los hombres y las que no se pueden rechazar sin ofender su amor de Padre que ansía que todos compartan su alegría.  


Domingo 19 de Octubre de 2008

Domingo vigesimonoveno durante el año 
Ciclo A

CIUDADANOS DE DOS MUNDOS

La interpretación de un acontecimiento histórico o de alguna manifestación verbal depende generalmente de la perspectiva en que se sitúa el observador. Para ser objetivo siempre hay que mantener el equilibrio y la imparcialidad, pero más aún cuando se desea afrontar ciertas páginas de la Biblia que pueden ser manipuladas fácilmente.

Una de esas páginas es la del Evangelio que ofrece la liturgia de este domingo. Aquí no interesa la maldad de los herodianos y fariseos que ya habían sentenciado a muerte a Jesús y estaban buscando pruebas para su detención, enfrentándolo con el poder político de Roma.

Aquí interesa la respuesta de Jesús desde nuestra perspectiva histórica. Para ello no queda otra alternativa que escuchar y seguir las indicaciones de la Palabra de Dios. La primera lectura presenta a Ciro, jefe político de un gran imperio, como el instrumento de quien Dios se sirvió para liberar al pueblo elegido de la opresión. La liturgia de hoy' saca de ello un principio general: la autoridad política legítima no es totalmente contraria a la realidad religiosa, pero hay que considerarla como un medio querido por Dios para realizar sus planes salvíficos.

El Evangelio confirma la legitimidad y la necesidad de las instituciones estatales y la obligatoriedad de obedecer sus leyes, siempre que sean justas y no contrarias a los principios religiosos, morales y del bien común. Y aquí nace el problema y la responsabilidad personal: hay que dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Siempre, sin atenuantes.

Cuando en la relación de Dios y del César no hay invasión de campos, el cumplimiento es sencillo, pues siendo ciudadanos de dos reinos, hay que cumplir las leyes de ambos. Pero cuando uno de los poderes invade jurisdicciones, generalmente, aparecen los problemas, los mártires y los héroes: ciudadanos de dos reinos que no quisieron renunciar a sus derechos .  


Domingo 26 de Octubre de 2008

DOMINGO TRIGÉSIMO DURANTE EL AÑO
Ciclo A

EL AMOR NO TIENE MATICES

Todos saben que el ser humano elige, se sacrifica, lucha y hasta llega a donar su vida por amor ... o por odio.

Pero el cristiano, por haber descubierto a Jesús y a su mensaje, no le queda la segunda alternativa. El cristiano puede ser impulsado sólo por amor. Es su única alternativa para vivir y para amar.

La Liturgia de la Palabra lo llama a reflexionar una vez más sobre ese tema a veces tan manoseado, pero al mismo tiempo tan sublime y que explica tantos gestos que de lo contrario quedarían incomprensibles: el amor de las madres, para citar el más conocido, no tendría sentido si Dios no hubiese injertado una llama de su amor en el corazón de ellas ...

Cuando se habla del amor se teme agregarle cualquier término explicativo por temor a empobrecerlo. Además, es la manera más inteligible de nombrar a Dios que a lo largo de toda la revelación bíblica se manifestó como el ser que ama ...

Ama especialmente, y con ternura de madre, a quien tiene mayor necesidad. Al indigente, al pobre, al que está solo y sin esperanzas.

 
La larga serie que se leyó en la primera lectura de este domingo no es más que una de las demostraciones. Una de, las tantas. En ella, más que ordenar la convivencia humana, se ocupa presuroso de las necesidades de los pobres. Se muestra solícito por tutelar sus derechos, que la sociedad contemporánea se esfuerza en fingir desconocer. ,

Jesús en el Evangelio, conociendo de antemano, como también sus interlocutores, el código del respeto al prójimo, cala aún más hondo y les entrega la norma suprema por la que todo es medido y de la que todo depende: "Amarás al Señor tu Dios ... ; y al prójimo como a ti mismo".

A las palabras de Jesús queda agregarle sólo un deseo. El de no imitar a quienes con subterfugios jurídicos matizaron el amor hasta dejarlo irreconocible. El amor no tiene matices. Da todo sin exigir nada.

Así lo había comprendido Pablo cuando escribía a su querida comunidad de Tesalónica. El había descubierto cuán fecundo había sido el amor de esa comunidad en obras buenas, tanto que se había convertido en la admiración y el modelo de otras muchas comunidades. Habían comprendido que cuando se conoce a Dios, el Amor, no caben los matices.  


Sábado 01 de Noviembre de 2008 

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS
Ciclo A

MI TIO JORGE TAMBIEN

No es ninguna novedad afirmar que cuesta mucho más pensar en entes abstractos que en personas conocidas.

Los primeros están desencarnados mientras que los seres humanos tienen una historia propia, encuadrada en un tiempo determinado y con circunstancias precisas.

  Cuanto más cercano están, más fácil se torna la tarea.

  Así suele suceder con los santos. Cuando se escucha el nombre de santa Trifena (está en el catálogo), la imaginación queda en blanco pues no se sabe quién fue, ni qué hizo, ni dónde vivió. Es sólo un interrogante.

  Puede acontecer lo mismo cuando se piensa en la festividad de Todos los Santos. ¿ Qué santos? ¿Los que ya tienen asignado un día determinado, con o sin su Misa propia? No parece. La liturgia no se repite. Luego, cuando la Iglesia dedica un día solemne para todos los santos, entiende alegrarse y honrar esa inmensa multitud de santos anónimos cuyo número y nombre no se puede conocer, pero que han hecho. crecer y fructificar la pequeña semilla de la gracia depositada en el momento del bautismo, hasta un grado heroico; pero en el más estricto anonimato. Es una multitud formada por tantas personas casi desconocidas, como sacerdotes, religiosos, madres y padres de familia. maestros y también mi tío Jorge, un simpático agricultor.

  Porque son poco conocidos, casi anónimos, en esta ocasión no interesa la vida de una persona determinada, sino la multitud en general, y más aún, cómo se puede llegar a pertenecer a ella.

  Para ese cometido, vienen en ayuda las palabras de Jesús que se leyeron en el Evangelio de hoy. En ellas están la sabiduría y el camino para llegar a la santidad. Se trata de las bienaventuranzas. Una página inigualable en la historia de la literatura universal, en la que está condensado el Espíritu del Reino y es la garantía de gozo eterno a quienes la encarnan en su propia vida. Ese es el único camino. Es el que siguió el Señor mismo. Es el de María, de José, su esposo. El de Pedro y Pablo, Andrés, Santiago y Juan, Tomás… Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio y Cipriano y de tantos otros santos que la primera oración eucarística, llamada también Canon Romano, nombra y de quienes imploran protección antes de ofrecer el sacrificio de la Misa. Todo esto, porque el cristiano está convencido que la Iglesia es santa y que el pecado no es una de sus características, sino un elemento extraño que todo bautizado trata de rechazar.


Domingo 02 de Noviembre de 2008

Todos los Difuntos
Ciclo A 


Estamos celebrando esta Eucaristía recordando a nuestros seres muy queridos que han, muerto partiendo a la casa del Padre 

Cuando reflexionamos sobre este tema lo primero que surge en nuestra mente es que la muerte siempre es un drama. El mayor drama humano. Es una marrcha, es una separación. Pero no es el final de la historia 

Hemos sido abandonados a cambio de otro mundo, que ahora no es el nuestro, al que no tenemos acceso mientras vivimos en esta tierra. 

Se trata de un mundo que ni siquiera podemos imaginar. 

Pero la fe cristiana nos asegura que nuestros amigos están vivos y que nos reuniremos con ellos. 

Ahora podemos unimos con la oración. 

La oración, en la oscuridad del misterio, nos permite salir a su encuentro, con la ayuda y la intercesión de Dios. 

La oración no sólo nos permite recordar a los que amamos, sino ayudarlos, beneficiarlos. 

Esto lo creía firmemente, ciento cincuennta años antes de Cristo, Judas Macabeo, uno de los jefes de la resistencia de Israel ante las persecuciones paganas, con motivo de sus compañeros muertos en combate. 

Por eso ofreció un sacrificio por los pecados de los caídos, que habían sido atraídos por supersticiones antes de entrar en batalla. 

Hoy nosotros compartimos esa fe. Pero esa fe es mucho más firme y mucho más clara, después de la predicación de Cristo y, especialmente, después de su resurrección. 

Él nos garantiza con su muerte y su resurrección que resucitaremos con El. 

Yeso es también lo que nos lo asegura san Pablo, al final de su primera carta a los corintios. Pablo no duda que al final de los tiempos nos encontraremos con Jesús Resucitado. 

Precisamente, el Evangelio que acabamos de escuchar no asegura que la vida no acaba con la muerte. 

San Lucas, en pocas líneas, nos relata el acontecimiento que cambió el mundo: 

Jesús resucita. Además, Jesús, después de su muerte y resurrección, no nos deja dudas de cuál será nuestro futuro. También nosotros resucitaremos. 

Dejémonos consolar con esta certeza: Tenemos un salvador que nos ama y ha veniido a llevamos junto al Padre. 

Además, antes de morir instituyó un sacrificio mucho más perfecto y eficaz que los del Antiguo Testamento. Este sacrificio es la misa que ofrecemos por quienes nos han dejado. Sacrificio para la redención de los pecados, pero también sacrificio de unión, de comunión en un único pan que es el Cuerpo de Cristo. 

Que esta Eucaristía ayude a comprender el misterio ... 


Domingo 09 de Noviembre de 2008

La casa de Dios  
Ciclo A

Dedicación de la Basílica de S. Juan de Letrán 


Como ustedes escucharon, celebramos hoy la fiesta de la dedicación (o consagración) de la basílica de san Juan de Letrán, la primera iglesia cristiana de occidente que, oficialmente, es considerada como la madre de todas las iglesias de Roma y del mundo. 

También escucharon que al título original SantÍsimo Salvador, se le agregó después el de san Juan, en recuerdo de los dos Juanes del evangelio: san Juan, el bautista y san Juan evangelista. 

Ahora bien, para tratar de comprender mejor el significado de esta fiesta tenemos que tener presente que ya desde los inicios de la historia de la salvación, Dios se manifestaba continuamente a los hombres mediante sus "epifanías", que en griego significa: manifestación inconfundible de la presencia de Dios. Es decir, Dios se hacía presente en el mundo de una menra visible. 

Al inicio de esta historia de la salvación, estas manifestaciones fueron al aire libre, al decampado, casi sin un marco de referencia geográfico. El caso de Abraham bajo encina de Mamré o el de Moisés en la zarza ardiente, por citar algunos ... 

Luego, cuando el pueblo elegido, con Abraham a la cabeza, buscaba un lugar de asentamiento, esas manifestaciones se llevaban a cabo en una carpa, como en las que habitan ellos, como pueblo nómaada. Lo mismo sucedería cuando recorrían el desierto, conducidos por Moisés y luego Josué. 

Pero cuando llegaron a un territorio determinado, formando una nación, ocupando y fundanndo ciudades, sintieron la necesidad de construir un templo, en un lugar preciso, donde celebrar los ritos religiosos. Así quedó establecido un lugar fijo, que sirviera de punto de refencia y lugar apropiado para reunir la comunidad, escuchar la Palabra de Dios y ofrecer sacrificios. Partiendo de esa idea nació el templo de Jerusalén ... 

Ese mismo espíritu animó también desde los orígenes mismos, a las comunidades cristianas: primero se celebra la eucaristía y los demás sacramentos en casa particulares, luego templos, basílicas, santuarios. Lugares determinados donde se convoca a la comunidad para establecer un diálogo con Dios 

La visión del profeta Ezequiel avala esa idea, mostrando al templo de Jerusalén como una fuente de agua viva, que purifica y revitaliza a su pueblo exilado en Babilonia. 

Ese templo nuevo es la imagen clara de la Iglesia como institución y como casa de oración, desde donde fluye la gracia de los sacramentos que da la vida a los bautizados. 

La página del Evangelio podría, quizás, llevamos a una polémica fácil pero superflua en estos momentos. 

En ella vemos cómo san Juan reprocha a los judíos por el mal uso que daban al templo, llenándolo de vendedores dedicados al negocio y no a la oración y, al mismo tiempo, advierte a los cristianos del peligro cierto que existe en caer en el mimo error. 

Sin embargo, el evangelista, citando las palabras de Jesús, agrega algo fundamental: Jesús es el templo que no se puede destruir y, además, nos hace comprender que todo bautizado que vive en gracia se convierte también en un templo vivo, que no debe ser manchado por el pecado. 

Por eso debemos tener muy en cuenta la pregunta que san Pablo hace con toda vehemencia en la segunda lectura: ¿No saben ustedes que son templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? 

Luego no hay sólo un templo material, visible, sino también uno espiritual invisible. Además todos los cristianos, como ladrillos sobre ladrillos, formamos la Iglesia, cuerpo místico de Cristo y templo espiritual viviente. 

Recordemos esta antigua fiesta pidiéndole a Dios que todos los templos, también el nuestro, sean lugares de recogimiento, oración y contemplación y simbolicen el Templo vivo que somos todos los bautizados. 


Domingo 16 de Noviembre de 2008

DOMINGO TRIGÉSIMOTERCERO DURANTE EL AÑO
CICLO A

  POR UN ERROR DE CÁLCULO

  A lo largo de la historia de la salvación se puede comprobar que Dios siempre premia a quienes tienen el valor de arriesgar y apostar a su palabra.

 Por ese motivo, los calculadores, los que antes de decidirse pretenden tener todo planeado o lo que quieren estar completamente seguros, siempre quedan excluidos por un simple error de cálculo.

  Se podría recordar una cierrta cantidad de personajes que nombra la Biblia, pero para seguir la liturgia de hoy bastará con la historia del siervo anónimo que recibió un talento para negociar.

  Un talento era en sí una enorme cantidad y entregándosela para negociar, el dueño hacía ya un gesto de confianza que el siervo no podía dejar pasar por alto. Por ese mismo gesto debería haberse empeñado en demostrar que lo merecía

  El final es conocido, pero importa destacar cómo en su afán de asegurarse el beneplácito del dueño, demostró no merecer la confianza depositada en él.

  La conclusión es simple: todos los hombres reciben talentos, cada uno a su medida: misión será hacerlos trabajar. Pero a partir de esa realidad hay un sinnúmero de posibilidades pero un solo final: Dios premiará sólo a quienes a lo largo de la vida demo straran fehacientemente que supieron arriesgar por El. Así como en los negocios, donde siempre hay un margen de imponderabilidad y la posibilidad cierta de perder, así en la fe. Hay claridad, pero nunca la luz total; hay esperanzas, pero no certezas: Dios quiere que el hombre juegue todo en una sola carta y que esa carta sea El. En ese caso se excluye todo error de cálculo.

  Para completar esta idea, Pablo en su primera carta a los fieles de Tesalónica, les anuncia que el Señor vendrá como un ladrón. De allí la necesidad de trabajar sin descanso en el desarrollo de los talentos recibidos, no sea que por un error de cálculo, el Señor los encuentre todavía enterrados ...  


Domingo 23 de Noviembre de 2008

SOLEMNIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO
Ciclo A

MEZCLADO ENTRE SU PUEBLO

Cuando se quiere destacar la popularidad de algún poderoso, rey o no, se acostumbra a fotografiar/o o a relatar episodios que lo muestran mezclado entre la gente de su pueblo, como si el poder descendiese entre los súbditos.

Cristo es rey. Aún más, es el único rey por excelencia, a quien se le debe todo el poder, el honor y la gloria. Por eso la liturgia de la palabra de esta festividad se complace en presentar/o, primero como Pastor que va en búsqueda del rebaño para conducirlo por senderos seguros; luego como el Primer Resucitado, que después de haber vencido la muerte, entregará el Reino del Padre y finalmente, como Rey lleno de majestad que juzgará a todos los hombres.

Lo sorprendente de este juicio es que consistirá en premiar a quienes supieron descubrir a su rey mezclado entre su pueblo, sufriendo las mismas necesidades de los hombres y vestido con la inconfundible túnica de la indigencia.

Para el cristiano esta actiitud de su rey continúa siendo un desafío a su perspicacia. El no rechaza su realeza, pero la ejercita de una manera original, mezclado entre los que padecen sed, hambre o persecuciones.

Y más allá de esta actitud desconcertante de Jesús queda la esperanza y la alegría de saber que el rey no deja solo a su rebaño, pues él va más allá de un simple y momentáneo confundirse con la gente que se agota después de la foto recuerdo. El camina entre los suyos, padeciendo las mismas penurias, indicándole con su presencia el camino al Padre y junto a El, seleccionará a quienes supieron distinguirl


Domingo 30 de Noviembre de 2008

  DOMINGO PRIMERO DE ADVIETO

¿Y si  llegase antes de lo esperado? ~

  Las fiestas y los recibimientos de personajes eminentes, se preparan normalmente, con cierta anticipación. Se pulen los detalles; hasta se nombra una comisión de fiestas para que cuide el protocolo. Se trata de controlar lodo.. ¿'Pero qué sucedería si el personaje llegase antes de lo esperado? Si se anticipase y apareciese de improviso, sólo haciendo alarde de gran histrionismo se puede salvar la recepción.

  Eso puede suceder a la Iglesia y a los cristianos si Cristo llegase de un momento a otro. San Pablo cuando escribía a los cristianos de Tesalónica esperaba que apareciese ya; claro que él suponía que antes debía sonar la trompeta: ... pasaron muchos siglos y Cristo no llegó,.entonces, c'qué significado tiene el mensaje acuciante del Evangelio de este domingo que impone estar prontos? ¿Llega o no llega? La revelación, la Biblia, da sólo una certeza: va a llegar. El cuándo es un enigma. Pero el cristiano tiene que ir más allá. No debe esperar que el mundo acabe para encontrarse con Cristo. Cristo ya está 'presente.

  Vive en. medio ae su pueblo. Está en el hermano que ríe, en el anciano que sufre, en la novia que ama. El encuentro personal :;on El no necesita protocolo ni comisión de recibimiento.

  Además, el encuentro definitivo, el que sellará la eternidad, puede encontrarse en cualquier momento: la muerte, normalmente, no envía ningún preaviso, no piide permiso para entrar ...

  Lo que llama la atención de este primer domingo de adviento, es que. los cristianos inician este tiempo litúrgico con la mente puesta en la Navidad y la liturgia habla del fin del mundo. ¿Se conmemora la primera venida de Cristo, su nacimiento en Belén o se espera, finalmente, su llegada triunfal, su famosa Parusía?

  La respuesta no tiene importancia. Lo que importa si, es vivir cristianamente y hacer de este tiempo de adviento,un período de clarificación, de examen. Revisar el bagaje de conocimientos de Cristo, de su plan salvífico y cotejar la vida de cada momento con las exigencias de las experiencias del cristianismo adquiridas a lo largo de la vida. Será una tarea enriquecedora y una estupenda oportunidad para hacer un balance preciso y sin raspones. Quizás las cuentas no cuadren o quizás si...


Domingo 07 de Diciembre de 2008

DOMINGO SEGUNDO DE ADVIENTO

La duda permanece

  La primera lectura de la liturgia. de la palabra de este domingo es una explosión de alegría: "Mensajero, gritad a todo pulmón que el Señor está aquí. .. ", y como si esto fuera poco, le promete el perdón de los pecados y nada menos que la liberación (a los judíos). Pero en la segunda lectura, san Pedro, frena bruscamente la espectativa y la impaciencia de los primeros cristianos, recordándoles "que no deben ignorar que para el “Señor un día es como mil años ... " y el Evangelio, por su parte, anuncia a alguien que precede al Mesías.

  Es claro que la tónica de la liturgia de la palabra, si bien tiene razgos semejantes a la del domingo anterior, es algo diversa: si bien la duda permanece (¿cuándo llegará?) queda abierta una esperanza, porque se perfila en el horizonte la figura del Salvador y aún más, la balanza se inclina hacia un Mesías distinto del esperado. Este domingo está más horientado hacia la Navidad.

  Esto no significa que se anule lo escrito el domingo pasado: lo anterior es válido para la Parusía, para el fin del mundo, la que el cristiano de 2008 está esperando. La de este domingo, con la mirada puesta en aquélla, recuerda la llegada de Belén.,.

  Permanece inalterable la exigencia de la espera, que es lo que la liturgia pretende hacer tomar conciencia en este tiempo litúrgico: estar preparados porque sólo la gracia de Dios y la conversión pueden liberar al hombre de las amarguras e introducirIo en la luz de la salvación. Las pautas para esta preparación son muy claras: convertirse. Detenerse a reflexionar. Hacer un alto en el camino para analizar la situación.

  La actitud del cristiano deberá asemejarse a la de los hebreos del siglo IV antes de Cristo que permanecieron en Palestina o deportados a Babilonia: la palabra de Isaías devuelve la esperanza. Dios viene y camina delante de su pueblo para conducirlo, libre, hacia su tierra. El es un Pastor bueno que se preocupa por los débiles: es un Dios que se alegra en perdonar y rehace todo de un principio. Salvación, alegría, amor, verdad acompañan a Dios. Son los bienes de la Alianza y de la "mistad de Dios con los suyos. Es una puerta abierta a la reconciliación el admitir el error personal, la falta de autenticidad. Dios tiende la mano.


Domingo 14 de Diciembre de 2008

DOMINGO TERCERO DE ADVIENTO

No faltará a la palabra

¿Qué importa esperar: si se está seguro que no faltará a la paalabra dada? Es esa una certeza que tranquiliza; tranquiliza a la novia que espera, al niño, a la madre, a los cristianos ... la persona que se ama tarda en llegar, pero se éstá seguro que nunca falla ... 

Los dos primeros domingos eran alarmanntes. Este es más sereno: Pablo, el que esperaba que suene la trompeta, pide alegría; lsaías salta de jubilo porque la tierra da sus brotes, porque germinan los sembrados, la justicia, la liberación. Juan ya conoce al enviado por Dios, lo describe, lo presenta como el mensajero y el testigo del que ha de llegar. Pero un momento: la. mano no viene tan fácil. ¿ A quiénes invitan lsaías 'l Pablo a la alegría? Fácil. La liturgia lo dice: a quienes lo reciban bien preparados. 

Ahora las cosas cambian, las sonrisas se apagan  en algunas caras y se osturece el rostro y hay algunos que bajan la cabeza. La alegría es para quienes reciben el  anuncio de la salvación, a quienes aceptan de pleno la Buena Noticia. Entonces, para participar a la fiesta, a la procesión, es indispensable aceptar todas las reglas de juego. Reglas claras. Proclamadas anterior; mente a los Patriarcas, aclaradas por los profetas y cumplidas por Cristo. 

¿Estamos como al inicio del Adviento? ¿Se trata de la se¡unda venida, de la famosa Parusía o estamos recordando la Navidad? ¿Es importante responder a esta pregunta? Ló importante es vivir. No esperar el tema sino construirlo. La tensión escatológica en el cristiano es permanente. Debe ser permanente. Nada está acabado. 

La creación no .ha cesado. Sería rnuy cómodo que ya estuviése todo listo y preparado. Pero, justamente por ser cristianos, queda la certeza de la ayuda de un Dios salvador, que está por llegar para juzgar, para dividir la paja del grano; pero que ya está en el mundo y es la esperanza de quienes to recibieron en la mirada suplicante del pobre; en la mano tendida del necesitado. 

Ese Dios, que cuando creemos haberlo encontrado, se esfuma; ese Dios que, cuando creemos haberlo perdido, aparece. Ese Dios maravilloso que nunca falta a la cita.


Domingo 21 de Diciembre de 2008

DOMINGO CUARTO DE ADVIENTO

¿Lo esperaban Asi?

Después de haber leído, escuuchado y reflexionado sobre los textos bíblicos que proporcionan al cristiano los 
tres primeros domingos de adviento, se llega al último y parece que al problema habría que replanntearlo. El 
eminente personaje que llega es muy distinto al esperado: durante el curso de los siglos, el pueblo hebreo había 
tomado conciencia de su identidad nacional y religiosa. Aún más, la monarquía parecía constituir la garantía de 
la fidelidad a la Alíanza de Dios. Luego, el Mesías no puede ser otro que un rey. Descendiente, por supuesto de 
David; un hábil estratega y conductor como su glorioso antepasado, superándolo en todo, llegando a dominar no 
sólo los pueblos vecinos, sino a los mismísimos asirios. Los hebreos, conducidos por el Mesíaa, pensaban 
devolverles con creces las amarguras que ellos habían soportado. 

Pero la cosa no es así. En los planos humanos de liberación y de salvación parece que siempre hay algún 
detalle que escapa al control. Dios es fiel a su Palabra, promete, trata de exxplicar cuál es su plan; pero los 
hombres tratando de mejorarlo, lo estropean. Dios busca colaboradores. Nada de grandes batallas, nada de 
milagros que dejen pasmados a los enemigos. Ni siquiera usará la espada y mucho menos se vengará. 
Aparecerá como un niño, pobre, huumilde; pedirá. permiso a una mujer del pueblo para encarnarse y esperará, 
ansioso, el consentimiento; dando hasta algunas explicaciones... y la máxima: tendrá que huir para que los 
soldados de un usurpador no lo maten antes de iniciar a proclamar su reino. 

¿Y su reino? ¿Grandes palacios, catedrales, iglesias? "Dios no habita en templos construidos por manos 
humanas", lo dice san Lucas en el capítulo 17 de los Hechos, refiriendo palabras de su amigo y maestro Pablo. 
¿Rechaza el templo? No. El edificio eclesial tiene un sentido; es la casa donde se reúne la comunidad para orar. 
Dios habita en cada uno de ellos . 

. ¿Entonces, este Mesías tan aguardado por todos, tan diferente de lo esperado, podrá cambiar el curso de la 
historia? Dios entra en la historia para rehacer todo, para llevar a cabo un plan salvador, que incluye en él al 
hombre, al ser humano como uno de los protagonistas. Porque lo que hay que rehacer no son las cosas; importa 
poco cómo están hechas; lo que hay que rehacer es el hombre. Al hombre hay ,que cambiarlo, al hombre hay 
que dade un espíritu nuevo, al hombre hay que hacerlo artífice de ese. reino, elevado por la gracia de Cristo. 
Redimido por la Cruz, reincorporado al plan de Dios, pero en la dirección justa. 

El adviento es el tiempo que ayuda al cristiano a clarificar la idea de la espera, pero clarifica también la idea del 
Mesías, de Dios. Esperaban un conquistador, nació un niño. La segunda venida, próxima o lejana será el 
encuentro definitivo con un Dios justo, justiciero, que supo esperar al hombre dándole todas las oportunidades ...


Diciembre 25 de 2008
NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO 

LA ALEGRÍA DE LO INESPERADO 

Dios sorprende porque no tiene esquemas. Sólo Marfa, su madre y José, el esposo dé Ella, estaban enterados 
vagamente de lo que iba a suceder esa noche. Posiblemente era una noche como tantas; fría, quizás serena, con 
estrellas brillando en el firmamento. En esa noche santa, como dice la liturgia, 
LA PALABRA; iniciaría su vida en la tierra. 

Los evangelistas, Mateo y Lucas, este últiimo en especial tratan de reconstruirla con los detalles históricos y 
sociales que los primeros cristianos fueron trasmitiéndose a viva voz, admirados, sorprendidos, casi incréduulos. 
La admiración y la sorpresa es comprennsible porque muchos de ellos, judíos piadosos, contemporáneos y 
paisanos de José y María, oraban diariamente pidiéndole al Dios de los Patriarcas, de los reyes, de los Profetas 
que hiciera aparecer al Mesías, de quien tanto se comentaba en las sinagogas: Dios había pactado una alianza 
con su pueblo y no podía faltar a la Palabra. 

Esa noche, sin nada de extraordinario, nace un niño en una cueva. Nace milagrosamente en el verdadero sentido 
de la palabra; porque es un nacimiento que causa admiración ... por lo sencillo. Esa manera de nacer fue tan 
inesperada que inundó de felicidad a María y a José y a quienes, a lo largo de la historia, lo van descubriendo y 
lo sienten nacer en su espíritu. 

Hasta el cristiano más alejado de la práctiica religiosa tiene una idea, .al menos vaga, de lo que significa 
Navidad. Sabe que se recuerrda el nacimiento de Jesús. Pero no todos desarrollan esta idea. Pocos van más allá 
del hecho histórico aunque a la mayoría los emocione y les llame la atención esa pobreza total. 

Quizás por eso es importante aclarar ideas. Nayidad significa muchas cosas. Pero entre tantas, no hay que 
olvidar que significa también cambio. Cambia la historia (no es lo mismo pensar el mundo con Jesús y sin El). 
Cambia la idea de Dios: ya no es necesario inventar apelativos para evitar pronunciar su Nombre. Desde ahora 
en más se lo llamará ABBA. diminutivo de padre. Cambia la relación de los hombres con Dios: ya no son 
esclavos sino hijos. 

Los cristianos, en el silencio de esta noche, entonan en su interior un himno: Dios está en medio de su pueblo. 
EMMANUEL, escribió Isaías. 


Domingo 28 de Diciembre de 2008

LA SAGRADA FAMILIA DE JESÚS MARÍA Y JOSÉ

El tiempo no se detiene. El año liitúrgico sigue su ritmo normal: después del nacimiento de Jesús el calendario lo 
presenta creciendo en una familia. Es una lógica que apunta a la Pascua, donde culminará el piar¡ salvador: 
morir y resucitar. Pero esa lógica no excluye los pasos intermedios: crecer, presentación, vida pública. Esta 
introdución parecía necesario poro encuadrar méjor la fiesta de hoy y comprender la liiturgia en general. 

Es claro entonces que antes de lo Epifanía (manifestación) la liturgia sugiera detenerse o reflexionar sobre lo 
familia de Jesús y por reflejo, sobre la familia cristiana, Para eso seleccionó unos lecturas que apuntan o ese 
objetivo. 

Lo ideo es poner o lo familia de Jesús como modelo, porque sus componentes, María, José y Jesús reúnen todos 
esas condiciones: profundamente enraizadas en la tradición religiosa judía ponen en práctica hasta los mínimos 
detalles de sus obligaciones (la lectura del Evangelio es uno prueba cabal). Pero uno familia de esas 
característlcas no se improvisa, una familia así se forma. Moría y José debían conocer muy bien los preceptos de 
lo primera lectura sintetizados en una ideo: el respeto mutuo. Así se lo habrán inculcado también al Niño. Sólo en 
ese ambiente germina el amor y cuando hoy amor no falta nada, aunque a primera vista parezca lo contrario. 

Son Pablo, escribiendo o los colosenses en el párrafo que se lee hoy va más lejos: enumera las virtudes que 
deben cultivar los cristianos para garantizar la formación de una familia que pretenda asemejarse a la de Jesús; 
aconseja observar la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia y el perdón. 

Muchos hogares no resistirían una comparación con la familia de Jesús. Muchas familias fracasan. Se puede 
ennumerar un sinnúmero de motivos y también muchas disculpas, pero analizando profúndamente y con 
sinceridad, se debe admitir que el motivo último es lo falta de amor. Allí está la paradoja: dos personas forman 
una familia porque se aman. Flota entonces en el aire esto pregunta: ¿puede acabar el amor? En teoría no, pero 
en la práctica acaba todos los días. ¿Por qué? Los lecturas de hoy lo dicen ... 
¿ y el título?, No olvides repetírselo a tu esposo ... y que sea verdad. 




 

Para obtener más información, pónganse en contacto con:

 


Parroquia Basílica San Nicolás de Bari
Santa Fe 1352 C.P. 1059 Ciudad Autónoma de Buenos Aires - ARGENTINA
Tel: +54 11 4813-3028
FAX: +54 11 4811-7755


Parroquia Basílica San Nicolás de Bari
Última modificación: 05 de Enero de 2009