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MENSAJE
DE CUARESMA
Mensaje
del cardenal Jorge Mario Bergoglio,
arzobispo de Buenos Aires, con motivo de
la Cuaresma
(6 de febrero de 2008, Miércoles de
Ceniza)
“Si
compartimos los bienes del cielo.
¿Por qué no vamos a compartir
los de la tierra?”
Como
pueblo de Dios comenzamos la Cuaresma,
tiempo en el que tratamos de unirnos más
a Cristo para compartir el misterio de
su pasión y resurrección.
Paradójicamente
hay muchos, y muy cerca nuestro, que
parecen forzados a vivirla todo el año
sin posibilidad de vislumbrar la Pascua.
Ya forma parte del paisaje cotidiano ver
chicos y grandes revolviendo la basura y
buscando algo para apalear el hambre o
el frío. El egoísmo, la deshonestidad
y la indiferencia condenan a muchos a
vivir todo el año un ayuno involuntario
y una penitencia obligatoria. Estamos
convencidos que ése no es el Proyecto
de Dios para sus hijos. El Padre de
Jesucristo no quiere el dolor, no quiere
el sufrimiento ni la muerte de tantas
personas por hambre o desamparo. El sueño
de Dios es que todos vivamos en comunión
y solidaridad. El proyecto de Dios es
que todos podamos compartir los bienes
de la tierra, que nadie se quede sin
comer, que nadie muera porque no puede
llegar hasta un médico, que nadie
soporte situaciones infrahumanas; pero
lamentablemente el pecado personal y
estructural no permite que ese sueño de
Dios se haga realidad hoy.
Para
los que podemos vivir bien todo el año
y podemos experimentar horizontes de
pascua, la cuaresma es gracia de Dios
que nos llama a mirar nuestros corazones
y descubrir si se nos han filtrado
actitudes que nos alejan de Dios o nos
llevan a un estilo de vida aislado,
individualista, injusto o superficial
frente a la vida de los hermanos. Es un
tiempo para asegurarnos no estar cayendo
en el pecado de la mundanidad, de la
indiferencia, de la conformidad, o en el
de pensar que todo está bien mientras
yo esté bien. Un tiempo para adorar a
Dios, para ser más solidarios, más
honestos, más misericordiosos, más
comprometidos con los que lloran y
sufren, con los que viven en la soledad
y se sienten excluidos. Es un tiempo de
gracia para cambiar nuestras actitudes y
comprometernos
a
trabajar sin cansarnos para que llegue
el día en que nadie sobre esta tierra
tenga que vivir la cuaresma todo el año.
Es
un tiempo para orar, ayunar y vivir la
solidaridad de tal manera que la cruz se
haga más liviana para los otros. Es
tiempo para Dios y, desde Él que es
Padre, para nuestros hermanos.
El
miércoles de ceniza, el evangelio de
Mateo (6, 1-6. 16-18) nos plantea tres
caminos a seguir: el camino de la
caridad que nos habla de “dar
limosnas”; que no es dar
paternalistamente unas monedas para
descansar la conciencia sino saber
descubrir al que sufre, al que se siente
solo y está desheredado por la vida. Es
acoger y ser solidarios con aquel que
necesita de nuestro tiempo, de nuestra
amistad y de nuestra ayuda. Esta caridad
es distintivo cristiano. Toda la vida de
Jesús fue una vida de servicio en bien
de los más necesitados.
El
segundo camino es el de la penitencia:
el texto nos habla de “ayunar”. Unos
ayunan para adelgazar y estar en forma y
otros porque por necesidad no tienen más
alternativa que ayunar todos los días.
El ayuno es un gesto profético que nos
recuerda que los bienes materiales no
pueden ser la única meta del cristiano.
Elayuno
que a Dios le agrada es el que nos lleva
a un mayor compromiso con los valores
del Reino de Dios: la justicia, el amor,
la paz y la solidaridad. (Isaías 58).
La penitencia, además de reparar por
nuestros pecados, es una manera concreta
de hacernos solidarios con los que más
sufren. Renunciar por unas horas al
“pan humano” y sentir hambre nos
recuerda que el “Pan” verdadero es
Cristo y su Palabra. Nos enseña a
sentir en nosotros mismos la debilidad
de los que se ven obligados a ayunar
todo el año sin remedio. El ayuno nos
tiene que hacer más sensibles al dolor
ajeno, más misericordiosos y por
lo tanto más comprometidos.
El
tercer camino es el de la oración: La
oración que agrada a Dios es aquella
que pasa del encuentro personal con Él
a una vida consagrada al servicio de los
demás. La oración es expresión de
apertura, de confianza y de tener
necesidad de Dios. El que se siente
autosuficiente, no ora, se autocomplace.
La oración auténtica exige la
transparencia, la coherencia y la
autenticidad.
Cada
cuaresma es un tiempo de gracia y de
poda de todo lo que esteriliza nuestra
vida y no nos permite anunciar de modo
testimonial un mensaje de esperanza a
tanta gente, que desesperanzada, no
puede levantar la mirada hacia la
pascua.
Como
lo venimos haciendo desde hace varios años,
el “Gesto solidario de Cuaresma” de
nuestra Iglesia en Buenos Aires es una
invitación a encarnar el proyecto de
Dios en nuestra vida personal y
comunitaria desde una actitud visible.
El mal se vence a fuerza bien, el dolor
a fuerza de amor, la necesidad a fuerza
de solidaridad.
Que
podamos vivir una semana santa con Jesús
en el discipulado de la caridad, la
entrega y el sacrificio expresados en la
solidaridad efectiva hecha de gestos
pequeños de cada día, donde podremos
descubrir la discreta y misteriosa
presencia del Resucitado, siempre
cercano, invitándonos “a la fracción
del pan”...con todos.
Card.
Jorge
Mario Bergoglio SJ,
arzobispo de Buenos Aires
Buenos
Aires, 6
febrero
de 2008
Miércoles de Ceniza
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