Parroquia Basílica San Nicolás de Bari

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Peregrinación a San Nicolás
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                          PEREGRINANDO A SAN NICOLÁS

Gracias Padre Carlos Nocetti por la peregrinación anual al santuario de Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás, en la que la comunidad de San Nicolás de Bari, con sacerdotes, religiosas, seminaristas, catequistas y catecúmenos juntos como hermanos visitamos a nuestra madre, rezando y preparando el corazón para que Ella pueda acercarnos más a Jesús. Él, que todo lo puede va a obrar en nuestros corazones llenándonos de su Paz, de su Amor y de su Espíritu, así vamos a poder vivir su Palabra con la alegría y la esperanza de quien tiene el corazón lleno de Dios. Eso es lo que quiere nuestra Madre, para eso viene a despertarnos y a abrazarnos para que de una vez por todas entendamos que sin Jesús no hay salvación y así es que el 25 de setiembre de 1983 tuvimos el honor y el privilegio que en nuestra Patria en la ciudad de San Nicolás de los Arroyos atuvo lugar la primera aparición y así comienza nuestra querida Madre, la que Jesús nos regaló en la cruz, a manifestarse a sus hijos.

Es importante que sepamos como fueron dándose los acontecimientos, lo que voy a relatar son datos de una charla del padre Ariel Busso, en casa de la familia Alegría y los relatos de los primeros peregrinos también grabados y que figuran en el libro “Los testimonios de mis vivencias” de Lucrecia Zapiola

MARÍA DEL ROSARIO DE SAN NICOLÁS

En la histórica ciudad del acuerdo de 1852, donde se reunieron los representantes de todas las provincias para sentar las bases de la Constitución Nacional, llamada también muchos anos más tarde la ciudad del acero por la localización de Somisa es ahora conocida como “La Ciudad de María”.

Sus habitantes eligieron a San Nicolás de Bari como patrono principal de la ciudad y es por eso que lleva su nombre. Abundaban las sectas y también se decía que había reuniones de la masonería.

A partir del 25 de setiembre del año 1983 la ciudad se siente como conmocionada porque la Virgen María se manifiesta a una señora cuyo nombre es Gladys Quiroga de Motta de 46 años, muy piadosa, de condición humilde, casada con hijos, y que solo tiene cuarto grado como estudios  cursados y esto es muy importante por la redacción y ortografía de los mensajes.

El punto central de las apariciones es este: Dios quiere renovar la alianza con su pueblo por medio de María su Arca de la Alianza.

San Nicolás recibe ante todo un mensaje de conversión de oración y de esperanza.

El Padre Pérez era el Rector de la Catedral y confesor de Gladys y por supuesto ella le comenta que ve a la Virgen.  La Virgen se le aparece nuevamente y le dice “Has cumplido no tengas miedo, ven de mi mano caminarás y muchos caminos recorrerás”. Le da a leer Ezequiel C2 V4al 10 el Padre recibía el papel escrito por Gladys y lo guardaba en un cajón de su escritorio.

También en ese tiempo estaba en San Nicolás el Padre Ariel Busso, como Canciller del Obispo, es el que organiza la parte jurídica y es auxiliar del Obispo, es muy importante su presencia y su protagonismo en esta historia, ya que es a él, que no le creía nada a Gladys, es al primero al que la Virgen le hace un milagro.

La Virgen dice “Yo no soy la Luz, pero soy la que los llevo a la Luz, que es mi Hijo Jesús”.

En el mensaje N° 922 del 17/7/86 nos dice por medio de Gladys “Esta tierra es Tierra Santa, la gracia del Señor se palpa y se recibe a cada instante. Tierra Bendita donde la Madre quiere morar, para aguardar aquí la llegada de sus hijos”

Justo en ese momento había un recambio de obispo, al de San Nicolás lo habían trasladado a Corrientes y todavía el nuevo, que era Monseñor Castagna no se había hecho cargo.

Gladys también iba al Obispado y allí le decía al Padre Busso que veía a la Virgen que también le hablaba, allí la atendía el Padre Busso que lo hacía muy amablemente, pero como dije no le creía nada.

Se hace cargo Monseñor Castagna y se encuentra con este problemón y la señora esta que seguía insistiendo y trayendo los mensajes que le daba la Virgen con citas Bíblicas del Antiguo y Nuevo Testamento.

El Obispo decide formar una comisión compuesta de esta forma:

a)      Cinco (5) sacerdotes teólogos y al Padre Busso lo nombra fiscal o sea como abogado del diablo, él estaba encantado porque como ya les dije no le creía nada (a veces estaba cuatro (4) horas interrogándola).

b)      Un (1) médico psiquiatra y un (1) psicólogo de primer nivel los dos, el Dr. Mejía y el Licenciado Rodríguez Aménabar  y :

c)      Un grupo de médicos en el que el Padre Busso puso al frente un médico de gran prestigio que era judio y ateo

Resultados:

                  Si se deslizaba un error en los mensajes y las citas bíblicas los teólogos lo detectarían inmediatamente y eso demostraría que no era de Dios.

                 Jamás hubo el más mínimo error, los psicodiagnósticos que se le hicieron no dieron ni siquiera un mínimo de neurosis, ni de ningún otro problema psíquico.

                 Y los médicos coincidieron en que su estado físico era normal.

El Padre Busso, Monseñor Castagna y el Padre Peréz, su confesor, rogaban como locos pidiendo una señal, porque el tema se estaba poniendo inquietante, algunas personas ya se habían enterado y querían saber que opinaba la Iglesia.

Gladys ya le había llevado varios mensajes al Padre Pérez que él guardaba en un cajón de su escritorio, a veces ni los leía. En una de sus visitas Gladys le dice “La Señora me manda a decirle que sus mensajes no son para guardarlos en un cajón sino para darlos a conocer” Allí el Padre ya estaba sospechando que aquí había algo serio, le pregunta como era la Virgen que ella veía y ninguna de las advocaciones que le mostraba era la que Gladys decía ver, ella decía que la Señora le había dicho que su imagen estaba bendecida por un Papa. Un día el Padre Pérez recuerda que entre el Coro y el Campanario de la Catedral había unas imágenes guardadas por estar rotas o deterioradas la llama a Gladys y cuando le muestra una de las imágenes de la Virgen que le faltaba una mano y estaba bastante dañada, Gladys cae de rodillas y dice esta es la Señora. Esa imagen había sido donada por alguien desde Italia y estaba bendecida por el Papa León XIII.

Una mañana el Padre Busso recibe un llamado de una señora de Pergamino que había sido profesora de él en el secundario pidiéndole que celebre tres Misas para que Nuestra Señora del Rosario interceda por su nieto Gonzalo Miguel Godoy de siete años que se estaba muriendo y si podía viajar a Rosario, ellos se habían tenido que trasladar al Hospital Español donde hay un Centro Neurológico muy importante. El diagnóstico era tumor cerebral del tamaño de una mandarina que presionaba una serie de centros nerviosos así que Gonzalo estaba cuadriplégico, no hablaba y en un estado  de sopor. El Padre Busso viaja a Rosario el 30/10/84. antes de partir celebra la primera Misa, cuando llega 10:30 horas queda muy impresionado al ver el estado de este chico, le tuvieron que levantar La cama para que el Padre le diera un pedacito de Hostia. El parte médico de ese día era que Gonzalo tenía 40 pulsaciones y su estado era dramático. Toda la familia estaba junto al niño rezando.

Regresa el Padre celebra la segunda Misa y por la tarde recibe un llamado  de Rosario en el que la abuela de Gonzalo le informa que Gonzalo presenta una mejoría que los médicos llamaban “inexplicable” Luego de rezada la tercera Misa, Gonzalo comienza a recuperar el color en su cara, se movió y pidió un juguete. Todos estaban impactadísimos, pero no descartaban que fuera la mejoría de la muerte, es importante aclarar que el médico de cabecera era ateo.

A esta altura de los acontecimientos el Padre Busso pensó que realmente la Virgen actuaba o sea que era la señal que pedían él, Monseñor Castagna. y el Padre Pérez

Se le volvió a hacer a Gonzalo una tomografía y no había tumor en su lugar había una pequeña cicatriz.

Entonces se pudo afirmar que la curación de Gonzalo fue el testimonio que tuvieron las tres autoridades eclesiásticas de San Nicolás; Monseñor Castagna, como Obispo, el Padre Ariel Busso, como Canciller y el Padre Carlos Pérez como Rector de la Catedral-

Se acabaron las dudas, la curación de Gonzalo sirvió para que ellos tuvieran esa prueba, es decir la Santísima Virgen se valió de esta curación para que estas tres personas quedaran totalmente convencidas y decididas a propagar la veracidad de sus apariciones y mensajes. Gonzalo vive y su estado es re-normal y sin secuelas. Un tio de Gonzalo que estuvo presente en todo esto y en ese momento estaba en cuarto año de Odontología entró al Seminario y por supuesto es sacerdote y en la celebración de su Primera Misa Gonzalo fue su Monaguillo.

A tres meses de la curación de Gonzalo el médico ateo lo llama al Padre Busso para pedirle oración por su hija que tenía cáncer.

La cantidad de peregrinos a San Nicolás crecía y las confesiones eran increíbles de algunas personas que hacía más de cuarenta años que no se confesaban. El Padre Busso también se pasaba horas en el confesionario ahí también estaba el gran milagro; las conversiones de cientos de personas.

UN TESTIMONIO

La Santísima Virgen aparte de amarnos, nos contacta. Ella busca la manera de unir a sus hijos y lo logra. El motivo fue el relato de las apariciones de nuestra Madre en San Nicolás de los Arroyos que escribí para esta Página, Emilio Vernet se comunicó conmigo. Emilio es uno de los primeros peregrinos a pie, y me comentó que tenía escrita una experiencia vivida. De esta manera se dieron las cosas, y así vamos a tener el placer de leer las vivencias de Emilio y sus compañeros.

Gracias Emilio por tu testimonio porque va a ser muy enriquecedor para todos.

Susana de Urquiza
Servidora de la Eucarístia


PRIMERA CAMINATA A SAN NICOLÁS
21 al 24 de septiembre de 1985

Ya hacía tiempo que mis amigos me insistían en ir a San Nicolás, con motivo de las apariciones que decía tener una mujer de barrio, llamada Gladis Motta. Yo lo creía, pero en ese momento, estoy hablando del año 1985, estaba espiritualmente bastante frío pero no perdido. Siempre iba a misa y rezaba de vez en cuando. Siempre le tuve mucho cariño a la Virgen María , pero la tenía olvidada.

Después de tanta insistencia me hicieron ir a un grupo de oración que habían organizado para rezarle el Rosario a la Virgen.

Al principio fui con pocas ganas, luego me fui metiendo y comencé a rezar.

Un día, alrededor del 20 de agosto, arreglamos con Rally ir a correr al Rosedal. Hacía tiempo que no iba y había que empezar a bajar los kilos acumulados en el invierno para estar mas presentable en el verano.

Ese día, después de dar la vuelta al lago del Rosedal, que medía aproximadamente 1600 mts., nos sentamos a descansar. Yo estaba muerto por la falta de estado físico. Rally y yo somos amigos desde 1974. Fuimos al colegio juntos, hicimos varios viajes, íbamos a las fiestas de colegio y a pesar de que cada uno siguió una carrera diferente, siempre nos seguimos viendo.

Volviendo al tema anterior, estábamos descansando y entre las tantas cosas que hablamos, Rally me comentó, que el 25 de septiembre quería ir en ómnibus a San Nicolás, bajarse 50 km antes y caminarlos, ya que ese día era el tercer aniversario de la aparición de la Virgen María en San Nicolás. Al escucharlo, le propuse caminar todo el trecho desde Buenos Aires a San Nicolás; me dijo que era mucho, aproximadamente 240 km , pero le contesté que si nos entrenábamos lo podíamos hacer; y así lo hicimos.

Al principio lo tomé como una aventura, pero al ponerme a pensar, decidí hacerlo por un sobrino mío que tenía leucemia, que estaba por terminar el tratamiento e iban a ver si se había curado o no.

A partir de ese día empezamos a correr todos los días. Al principio fuimos al Rosedal. Empezamos con una vuelta , luego dos, tres, etc.. Después pasamos a la cancha Municipal de golf, que una vuelta son 3 km . Luego incorporamos el lago, hasta que al final corríamos dos ochos entre el lago y la cancha, completando 10 km diarios. Íbamos todos los días, lloviera o no, a las 8 de la mañana. Fue bastante cansador, porque correr todos los días 10 km , lleva su tiempo y esfuerzo. Tanto fue así que me acuerdo estar corriendo y desear que llegue el día de la caminata, porque me daba la sensación de que iba a ser más liviano. Me acuerdo que a partir de uno de los días le empecé a ofrecer las corridas a la Virgen y eso me dio fuerzas. En los primeros días de septiembre nos anotamos en una maratón que organizó la Facultad de Belgrano de 10,5 km de extensión, ese día cambiamos la plaza por la maratón.

En esos días además de correr, organizamos el viaje. Teníamos que pensar cuantos días íbamos a caminar, en donde íbamos a dormir, que teníamos que llevar, y si íbamos a poder ir. Yo tenía en esa semana parciales en la facultad y no sabía si me iban a caer en esos días de caminata.

También en ese mes, organizamos un viaje en colectivo a San Nicolás, en el cual vimos todos los lugares que había para parar: las estaciones de servicio, hoteles, bares, etc. y en que kilometraje estaban. Con todos esos datos, vimos que cada 50 km aproximadamente, había un motel de ruta y a partir de eso decidimos caminar 4 días. También decidimos salir de la intersección de la ruta 8 y 9 en la Panamericana , ya que de ahí había 210 km . Decidimos salir el miércoles 21 de septiembre, caminar ese día, el jueves, viernes, sábado y llegar el domingo 25 por la madrugada a San Nicolás.

Nos compramos zapatillas para caminar. De equipaje decidimos llevar zapatillas de repuesto, bolsa de dormir, remeras, ropa interior, medias, talco, agujas para las ampollas, remedios, campera, suéter y algo para la cabeza. Rally en ese momento vendía pantalones para hacer esquí, que los llevamos por si llovía.

Por suerte la fecha de parciales cayó en la semana siguiente a la de la caminata, así que los estudié antes de irme.

Paralelamente a todo esto, Rally se enteró que iba a ir un grupo de chicos de Vicente López, entonces pensó en llamarlos para ir todos juntos. Al principio no los conseguía, hasta que un día habló con un amigo de los del grupo, el cual le dijo que ellos tenían todo organizado y que no había lugar para nosotros, porque los iba a apoyar un auto todas las noches y nosotros no cabíamos. Yo le dije a Rally, que estaba mal por lo que le habían dicho, que no se preocupara, total para nosotros no cambiaba nada, ya que lo habíamos organizado todo sin saber que ellos iban, dispuestos a dormir donde sea, sin que nadie nos apoyara y yendo totalmente a lo desconocido a ver que pasaba.

Llegó el 19 de septiembre, dejamos de correr y descansamos. El día 20 a la tarde, fuimos a misa, nos confesamos y preparamos todo para el día siguiente.

Íbamos a salir a la 7 de la mañana para el cruce de la 8 con la 9, nos iba a llevar Diego, otro de mis mejores amigos, que siempre fue puntual. Me acuerdo que eran las 7 y Diego no aparecía, pensé que era porque lo había ido a buscar a Rally, que siempre se quedaba dormido. Lo llamo a Rally y estaba despierto esperando. Llamo a lo de Diego, y el que se había quedado dormido era él y por esa razón salimos más tarde de lo que habíamos quedado.

Además de Diego, fueron otros chicos del grupo de oración a despedirnos, nos sacaron fotos, nos saludamos y empezamos a caminar.

PRIMER DÍA

Ese 21 de septiembre, día del estudiante, fue muy lindo. La madre de Rally nos había hecho unos sándwiches para almorzar esa mañana. Cada uno llevaba su mochila con una bolsa de dormir. Rally llevaba puestos unos jeans y yo unas bombachas de campo.

Al principio empezamos pateando piedritas, pero al pasar las primeras horas de la mañana empezamos a sentir los músculos. El sol estaba fuerte y a media mañana paramos a tomar algo porque teníamos sed. Rally seguía pensando en los chicos de Vicente López. Al mediodía paramos en una estación de servicio, compramos una gaseosa y nos sentamos en una galería del bar a comer los sándwiches. Al rato apareció un chico barbudo, con una estampita de la Virgen de San Nicolás colgada en el pecho y al vernos nos preguntó si nosotros éramos peregrinos, al contestarle que si, nos dijo que ellos eran los de Vicente López. Al ratito aparecieron los demás. Ellos eran cuatro: Raúl, Luis que le decían Momi, Hugo y Magdalena que le decían Magui.

Rally les comentó lo que había hablado con el amigo de Raúl y ellos dijeron que había sido un mal entendido, así que a partir de allí seguimos juntos toda la caminata.

Lo que primero nos preguntamos era para qué cada uno de nosotros había decidido caminar.

Momi dijo que lo hacía para conseguir un trabajo mejor del que tenía; Magui para que una pareja de amigos, que se habían separado, se junten de nuevo. Raúl por la conversión de su padre. Hugo no me acuerdo. Rally y yo teníamos intenciones en común, por mi sobrino, un primo que la semana anterior se había quemado con la explosión de un calefón y estaba al borde de la muerte y por un chico que se había quedado paralítico.

Ellos también habían estudiado la ruta y habían elegido los mismos lugares que nosotros para dormir, con la diferencia de que el padre de Raúl los iba a apoyar en auto todo el viaje.

El ritmo de la caminata que nos habíamos propuesto fue caminar dos horas y descansar quince minutos y así lo hicimos, lo que me valió el apodo de sargento, ya que los obligué hacerlo todo el viaje, porque al principio uno lo hace, pero cuando pasa el tiempo, la tendencia es agrandar el tiempo de descanso y achicar el de caminata.

Esa tarde cayó el padre de Raúl, nosotros aprovechamos y dejamos las bolsas de dormir en el auto y seguimos con las mochilas.

Al llegar la noche los chicos estaban muertos. Magui y Momi tenían ampollas. Rally y yo estábamos cansados pero bien y sin ampollas, por suerte nunca las tuvimos. Unas de las formas de alentarnos era, además de rezar, pensar que habíamos ido a ofrecer el dolor y el cansancio y eso era lo que le daba sentido a la caminata.

Ese día caminamos hasta una de las entradas a Zárate en donde había un restaurante junto al  primer motel. Con nosotros llegó el padre de Raúl. Los chicos fueron a ver si había lugar para dormir, al verlos con las estampitas y rosarios colgando del pecho, les dijeron que no, porque no era un motel para dormir. Aunque los chicos insistieron, no quisieron, así que se tuvieron que ir.

Al quedarnos sin hotel, el padre de Raúl decidió llevarnos a un hotel en Zárate, en el cual dormimos esa noche. Al día siguiente, después que nos costo mucho levantarnos, nos tomamos un colectivo hasta la entrada, en donde habíamos parado esa noche y continuamos con el viaje.

SEGUNDO DÍA

Esa mañana, Momi y Magui no sabían si iban a poder seguir por las ampollas que tenían, pero con esfuerzo siguieron.

Ese día, en una de las paradas, alrededor de las 17 hs., paramos en un bar tipo boliche de campo a orillas de un arroyo, una tormenta nos venía siguiendo. La Panamericana hasta ese momento era de doble mano. El bar era bastante humilde, tomamos unas gaseosas, y al comentarle al dueño lo que estábamos haciendo, nos propuso de quedarnos a dormir para que no nos agarrara el agua. Le agradecimos el ofrecimiento, pero decidimos continuar para cumplir con las etapas que nos habíamos propuesto. Al irnos, los chicos le dejaron unas estampitas de la Virgen María. Cuando estábamos subiendo la banquina, el hombre vino corriendo y nos regaló dos gaseosas y unas galletitas. Magui ante el gesto de este hombre le regaló una imagen de la Virgen que llevaba con ella.

La tormenta nos corría y los descansos se hacían cada vez más cortos, para poder llegar a Baradero lo más rápido posible.

El rezo del Rosario era el combustible de nuestras piernas y lo rezábamos frecuentemente.

Al llegar la noche, la tormenta nos alcanzó y con ella un diluvio. Cada uno se protegía como podía, pero siempre caminando, ya que nos quedaban pocos kilómetros para llegar a Baradero.

Rally y yo pensamos en forma independiente ponernos los pantalones de lluvia, pero como los chicos no tenían nada, nos dio lástima y no nos los pusimos. Cuando pasaba un auto nos dábamos cuenta de la cantidad de agua que caía. Todos aprovechamos a ofrecer ese momento.

Cuando llegamos a una estación de servicio, unos km antes de la entrada a Baradero, decidimos parar en el bar que estaba al lado. Ya no dábamos más del cansancio y de dolor.

Cuando entramos al bar, Magui casi se desmaya. Por suerte yo había llevado unas pastillas para la presión, que la ayudó a recuperarse. La acostamos en un sillón que había. Hugo se fue al mostrador a pedir algo de comer y Raúl, Momi, Rally y yo nos sentamos en una mesa a discutir si Magui podía seguir o no.

En un momento Raúl le dice a Rally si no le podía prestar los pantalones de lluvia que traía en la mochila ya que tenía los pantalones empapados. Rally al dárselos le comentó que sus pantalones estaban secos. Al ver que mis bombachas estaban también secas, le ofrezco a Momi mis pantalones de lluvia. Cuando se los di, apoyé la mochila en mi pierna y sentí como el agua de la mochila me mojaba. Ni Rally ni yo nos dimos cuenta en ese momento lo que estaba pasando.

Cuando llegaron los chicos del baño, colgaron sus pantalones en las sillas y al levantarnos se veía un charco de agua en el piso, debajo de cada pantalón.

Esa noche en vez del padre de Raúl, cayó un amigo, el cual nos llevó hasta el centro de Baradero a un hotel.

Rally y yo siempre dormíamos juntos en un cuarto. Raúl, Momi y Hugo en otro y Magui en otro. Al día siguiente nos levantamos y nos fuimos caminando desde el hotel hasta la Panamericana para compensar los km que habíamos adelantado en auto, la noche anterior.

TERCER DÍA

Ya se hacía cada vez más difícil caminar y cada vez rezábamos más.

En la tarde de ese día, la Panamericana se hizo de una mano. Justo en ese lugar, caminando, Raúl se da vuelta y nos pregunta si olíamos una fragancia. Rally, Momi y yo íbamos caminando atrás. Se sentía una fragancia a rosas. Momi no la olía. Yo me acerque a un almacén que tenía unas plantas para ver si esa fragancia venía de ese lugar, pero no sentí nada. Momi ante la desesperación de no sentir nada, con Rally lo poníamos en la línea de nuestro camino, pero seguía sin sentir.

Después de ese pueblo, había un puente que por debajo pasaba el tren. A los pocos metros de allí, llegó el padre de Raúl. Eran alrededor de las 17 hs.  Descansamos un rato y nos comentó que a 15 km teníamos un hotel en una estación de servicio sobre la ruta en donde podíamos parar a dormir. Decidimos dormir ahí para terminar en San Nicolás el último día.

Al irse continuamos la marcha. Aproximadamente a las 21 hs, ya de noche, íbamos por debajo de la banquina, cuando llegaron en auto, unos amigos de los chicos. Al ver una estación más adelante les dijimos de encontramos ahí para tomar algo y descansar. Nos sentamos todos en una mesa y nos comentan que esa tarde habían estado con Gladys y que le habían comentado de nosotros. Además de los últimos mensajes nos trajeron unos Rosarios, que Gladys se los había dado para nosotros, bendecidos por la Virgen. Nos comentan además que querían reunirse, el yerno de Gladys y un amigo, para caminar el último día con nosotros. Como ellos volvían a San Nicolás, les iban a decir que estuvieran a las 8 hs, en el hotel de la estación de servicio, para comenzar a caminar.

Nos despedimos y seguimos caminando por un camino lateral a la ruta, que era de tierra y bordeaba el alambrado de los campos.

Era una noche con luna. Raúl decide leer, con una linterna, los mensajes que nos habían dado. Unos de los mensajes se refería a un coro de ángeles que cantaban adorando a Dios. No terminó de leerlo, cuando todos empezamos a sentir una fragancia a jazmín impresionante, tanto fue que Rally y yo, que íbamos atrás, de los nervios y el susto corrimos hasta ponernos al lado de los chicos. Ante el asombro, miré hacia los costados para ver si la fragancia venía de algún lado, pero no había nada, solo campo pelado.

En ese momento sentimos una presencia de Cristo, que estaba con nosotros y de los nervios, emoción y miedo comenzamos a rezar el Rosario cantado como agradecimiento.

Pasaron las horas y el hotel no llegaba. Momi empezó hacer dedo para que lo llevaran, porque ya no podía caminar más del dolor que tenía por las ampollas, pero no lo levantaba nadie. Algunos tuvieron unos minutos de nerviosismo porque el hotel no se veía y estábamos en pleno campo y muy cansados. Al rato en el fondo de una recta vimos el hotel. Nunca caminamos una recta tan larga. Cuando llegamos al hotel, al otro lado de la ruta, había un cartel que decía cal "El Milagro" y el hotel se llamaba "El Paraíso". Parecía un chiste. Los 15 km , que nos había dicho el padre de Raúl, se habían convertido en 25 km y en vez de llegar a las 24 hs, llegamos como a las 2 o 3 de la mañana. Conseguimos cuartos y nos dormimos agotados

CUARTO DÍA

Al día siguiente nos despertamos a las 9 hs, porque nos habíamos quedado dormidos. Los chicos que iban a caminar con nosotros supuestamente estaban afuera esperando. En el cuarto, esa noche dormimos Hugo, Rally y yo. Hugo salió del cuarto para ver si estaban y cuando vuelve nos dice que afuera estaban los chicos con Gladys y otras personas.

En ese momento Rally y yo estábamos lavándonos los dientes en el baño. Rally le temblaba todo el cuerpo. Cuando salimos del baño, Gladys había entrado para ver como estábamos.

En un principio, nuestra pretensión había sido llegar a San Nicolás, ir al campito y esperar en frente de la casa de Gladys para ver si la veíamos y resultó ser que ella nos esperó afuera del hotel, para vernos a nosotros. Rally se puso a llorar de los nervios y de la emoción.

Cuando salimos después de tomar un desayuno en el bar de la estación, Rally y yo nos pusimos a caminar al lado de ella y le pregunté si había leído la carta que le había mandado mi madre pidiendo por mi sobrino; ella me contestó que no se acordaba, ya que le llegaban muchas, y no tenía tiempo de leerlas a todas.

Le preguntamos como era la Virgen y que era lo que sentía cuando se le iba a aparecer. Nos contestó que era muy linda y que le agarraba un dolor en el pecho, tipo ardor, cuando se le iba a aparecer. También nos mostró los estigmas en las muñecas que se les abrían en determinadas fiestas religiosas. Los estigmas parecían una cicatriz de una lastimadura, totalmente cerrados.

Cruzamos la ruta y nos pusimos a caminar debajo de la banquina. Gladys nos acompañó un trecho, ya que el auto que la había traído se puso más adelante para esperarla.

Al rato de caminar nos pusimos a rezar el rosario. Yo iba caminando al costado de Gladys, entre medio estaba Magui. Cuando terminamos de rezar, sentimos que Gladys decía: NO SOIS SIMPLES CAMINANTES, ESTÁIS SIENDO AGRADABLES A DIOS. Cuando empezó a dar el mensaje yo la miré a los ojos, los tenía cerrados y vi que le parpadeaban como si estuviese encandilada. Volvió a repetir el mensaje y se secó las lágrimas de los ojos.

Todos seguimos caminado totalmente impresionados de lo que habíamos escuchado. Gladys nos comenta que se tenía que ir porque el párroco, padre Pérez, no la dejaba hacer este tipo de contactos personales, pero dijo que volvería a la noche a caminar otro rato con nosotros. Cuando comenzó a subir la barranca de la banquina para ir al auto, se da vuelta y nos dice: miren chicos, nos muestra las palmas de las manos y de los estigmas le salía sangre que le corría por la mano.

Nos quedamos todos mudos e impresionados por lo que habíamos visto. Se subió al auto y se fue. Después nos enteramos que cuando íbamos caminando con Gladys, una luz nos seguía arriba nuestro y cuando le dio el mensaje esa luz se había puesto adelante. Nosotros esa luz no la vimos, solo escuchamos a Gladys repetir lo que la Virgen le estaba diciendo en ese momento. Con nosotros quedaron el yerno y el hijo de psicólogo que la había atendido cuando decía haber tenido las primeras apariciones.

En el camino, el yerno nos cuenta que con otro hombre de San Nicolás, habían ido caminando a Luján y que en un momento habían sentido hambre y encontraron granos de soja para comer.

Llegó la tarde empezó a llegar gente de Buenos Aires, entre ellos Diego, de San Nicolás, las mujeres de Raúl, Momi y la novia de Hugo. El grupo en cada km, se hacía más grande.

Diego se puso a caminar con nosotros. Como su padre se estaba muriendo de cáncer, le regalé el Rosario bendecido por la Virgen que nos había mandado Gladys el día anterior, cosa que me costo, pero lo hice con gusto.

Más a la noche el grupo tenía entre 20 a 25 personas, entre ellas Gladys que había vuelto para caminar el último trecho del camino.

Rally y yo caminábamos junto a ella atrás de todo el grupo. En un momento empezamos a rezar el Rosario, como Gladys miró hacia arriba, nosotros también lo hicimos y vimos la luna con una aureola naranja que la rodeaba y una nube chica a su costado. La noche estaba despejada. Cuando terminamos de rezar, Gladys volvió a mirar, nosotros también y la nube y la aureola no se veían. Al rato volvimos a rezar el Rosario, volvimos a mirar y estaba la aureola con la nube, cuando dejamos de rezar miramos y ya no estaban. La fragancia a rosas olerla ya era común.

Ya a pocos km de la entrada a San Nicolás un auto con las luces nos seguía de atrás por la banquina, para iluminarnos el camino. Nosotros seguíamos caminando atrás del grupo con Gladys. De repente ella se agachó y dijo: que lindo, agarró un manojo de granos de soja que había en el suelo y nos los dio (a su yerno, a Magui, a Rally y a mí).

Eran cuatro pequeños montículos de granos de soja, perfectamente ordenados.

Los granos de soja son redondos y por eso no encontraba la explicación de como estaban ahí de esa manera, ya que si se habían caído de un camión, no estarían de esa forma y no entendía como todo el grupo que iba adelante nuestro no los había pateado. Después nos enteramos que tampoco los habían visto.

Rally pensó en sus adentros, porque me lo dijo después, que la Virgen se había olvidado de nosotros, ya que como los chicos de Vicente López eran cuatro, lo lógico que los montículos se referían a ellos. Yo no pensé nada.

Llegamos a la catedral alrededor de las 10 de la noche. Nos pusimos a rezar y Gladys dijo que le miremos los ojos de la imagen de la Virgen , no se si fue ilusión, pero se los veía llorosos.

Al salir camino al campito, ya el grupo se había distanciado. Yo caminaba con el yerno de Gladys, Rally lo hacía bastantes metros atrás. Ya casi llegando al campito a pocas cuadras, el yerno me dice: mirá. Se veían dos montículos de soja iguales que los de la ruta, pero en el medio de la calle. Esos eran para nosotros. En ese momento ya todo me parecía posible.

Llegamos todos al campito, emocionados y muy cansados, rezamos, nos saludamos y nos fuimos a dormir a un hotel.

25 DE SEPTIEMBRE

Después de levantarnos, nos fuimos a misa en la catedral. Yo estaba escuchándola junto a Rally y entre la gente apareció Hugo, me tocó el hombro y me dijo que se habían enterado del regalo que le había hecho a Diego y que por ese motivo le habían dado 3 Rosarios para mi, también bendecidos por la Virgen , lo que me dio una gran alegría interior.

Después de la misa, nos saludamos, Rally se volvió a Buenos Aires en un colectivo en el cual iba gente conocida que le pidieron que volviera con ellos.

Hugo, la novia y yo nos volvimos con Diego que había ido en auto.

Al volver, en el auto, Diego y yo íbamos adelante y Hugo atrás con su novia durmiendo. Diego me dijo de rezar un rosario, no terminó de decirlo que sentimos una fragancia a rosas impresionante. Nos miramos, miramos para los costados, nos fijamos las ventanillas y estaban cerradas. Al ratito dijimos de rezarlo, no terminamos de decirlo que empezó la fragancia de nuevo. Del susto casi no lo rezamos.

BUENOS AIRES

Cuando llegamos a Buenos Aires, le conté todo lo que había pasado a mi madre y las manos no dejaron de temblarme de los nervios que tenía.

En esa semana tuve los parciales que había preparado unos días antes de la caminata, los cuales me fueron bien.

A partir de San Nicolás nos empezamos a reunir todo el grupo los lunes en lo de Raúl a rezar el Rosario. Al mes nos preguntamos que había pasado con las intenciones del viaje. El padre de Raúl se confesó y comulgó, los amigos de Magui se volvieron a juntar, Momi le ofrecieron cuatro trabajos, el análisis final de mi sobrino dio que estaba curado, mi primo quemado se curó, dicho por los médicos, a una velocidad milagrosa.

Con Rally empezamos a contar lo que nos había pasado a diferentes grupos de personas que se reunían para escucharnos, pero al tiempo, por orden del padre Pérez (párroco de la catedral de San Nicolás) nos aconsejó contarlo solo a personas que estuvieran realmente interesadas, por las deformaciones que le habían dado a nuestro cuento. Yo después de eso prácticamente no lo conté nunca más.  Lo importante, más que los detalles, es que la Virgen se apareció en San Nicolás para pedir que nos acerquemos a su hijo.

A los dos años en otra caminata a San Nicolás conocí a mi mujer. Hoy tenemos 5 hijos y este año llevé a mi hija mayor, de 12 años, a caminar el último día.

La cantidad de personas que van a las caminatas crece año a año y hay mucha gente comprometida en la organización de las mismas. En 1997 fueron más de 500 personas caminando, 1.000 en 1998 y 1.500 en el 2000.

Hoy 25 de septiembre del 2003 se cumple la 19 caminata a San Nicolás.

Emilio Vernet

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Parroquia Basílica San Nicolás de Bari
Última modificación: 28 de Febrero de 2014