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HAMBRE EN MOZAMBIQUE
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Padre Martín Calcarami Telef. (011) 4811-6040
E-mail: ayudamozambique@hotmail.com 
E-mail: psagradafamilia@hotmail.com 


Presentación

            I. LA REALIDAD DEL HAMBRE EN MOZAMBIQUE

                Mozambique tiene una población total de 17.656.153 habitantes y una densidad demográfica de 22,08 habitantes por kilómetro cuadrado (2001).

Las tasas de desnutrición de los niños menores de tres años son las siguientes: 36% de retraso del crecimiento, 8% de enflaquecimiento y 26% de insuficiencia ponderal. La tasa de insuficiencia ponderal del recién nacido es del 12% (DHS, 1997). La media nacional del índice de masa corporal (IMC) de las mujeres es de 21,6, lo que refleja una situación de normalidad.

2. Grave crisis alimentaria en Mozambique

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) ha lanzado un llamamiento urgente para conseguir los necesarios 19 de millones de dólares para ayudar a Mozambique a combatir una grave crisis alimentaria. La situación alimentaria es muy difícil en Mozambique, especialmente en las áreas del sur[2] y centro del país, donde debido a la falta de lluvias, especialmente este año, la producción agrícola fue insuficiente para suplir las necesidades de la población.

Alrededor de 440.000 personas están amenazadas de hambre en Mozambique a causa de la mala cosecha de trigo debida a la sequía, según afirmó ante la prensa local el director del Instituto Nacional para la Gestión de Desastres, Silvano Langa, citado por la agencia misionera de noticias MISNA. En algunas de las regiones más afectadas, según Langa, la sequía ya ha causado doce muertos por desnutrición, en particular en el distrito de Chibuto[3], en la provincia de Gaza (sur). La Cruz Roja local ha informado de otros once fallecimientos en el distrito de Chemba, en la provincia de Sofala (centro).[4]

          II. VALORACIÓN ÉTICO-RELIGIOSA DE LA REALIDAD DEL HAMBRE[5]

1. El derecho a la alimentación

Remontándonos a las últimas declaraciones universales de derechos humanos, encontramos el derecho a la alimentación como uno de los principios proclamados ya en el año 1948 por la Declaración Universal de Derechos Humanos[6]. La Declaración sobre el Progreso y el Desarrollo en lo Social precisaba, en 1969, que es necesaria “la eliminación del hambre y la malnutrición y la garantía del derecho a una nutrición adecuada”[7] . Asimismo, la Declaración universal para la eliminación definitiva del hambre y de la malnutrición, aprobada en 1974, dice que toda persona tiene el derecho inalienable de ser liberada del hambre y de la malnutrición para poder desarrollarse plenamente y conservar sus facultades físicas y mentales[8]. En 1992, la Declaración mundial sobre la nutrición reconocía también que “el acceso a una alimentación nutricionalmente adecuada y sana es un derecho universal” [9].

La Iglesia a lo largo de su historia se ha hecho eco de la pregunta provocante que Dios hace a Caín cuando le pide cuentas de la vida de su hermano Abel: “¿Dónde está tu hermano?... ¿Qué es lo que has hecho? La sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.” (Gn 4, 9.10). Aplicar ese versículo duro, casi insoportable, a la situación de nuestros contemporáneos que mueren de hambre no es una exageración injusta o agresiva; esas palabras muestran una prioridad y se proponen conmover nuestras conciencias.

Juan Pablo II exclamaba con profundo dolor: “¿Cómo juzgará la historia a una generación que cuenta con todos los medios necesarios para alimentar a la población del planeta y que rechaza el hacerlo por una obcecación fratricida?... ¡Qué desierto sería un mundo en el que la miseria no encontrara la respuesta de un amor que da la vida!”[10].

 

2. Hambre y malnutrición

No hay que confundir el hambre con la malnutrición. El hambre es una amenaza, no sólo para la vida de las personas, sino también para su dignidad. Una carencia grave y prolongada de alimentos provoca el deterioro del organismo, apatía, pérdida del sentido social, indiferencia y a veces incluso crueldad hacia los más débiles, niños y ancianos en particular.

La malnutrición estimula la difusión y las consecuencias de algunas enfermedades infecciosas y endémicas y aumenta la tasa de mortalidad, en especial en los niños de menos de cinco años de edad.

Los pobres son las primeras víctimas de la malnutrición y del hambre en el mundo. Ser pobre significa, casi siempre, verse más fácilmente atacado por los numerosos peligros que comprometen la supervivencia y tener una menor resistencia a las enfermedades físicas.

El punto máximo de escasez alimentaria, hay que buscarlo en los cuarenta y dos países menos avanzados (PMA), de los cuales veintiocho están en África[11].

               

 

      III. DESAFÍOS DE TIPO ÉTICO QUE NOS IMPONE EL HAMBRE

 

1. La ayuda alimentaria de urgencia, una solución temporal

La ayuda alimentaria de urgencia tiene el noble fin de permitir que una población determinada pueda sobrevivir en una situación de crisis; tiene un carácter indiscutiblemente humanitario; puede servir también como un incentivo para el desarrollo y por definición debe ser temporal.

Ante todo, la ayuda de urgencia debe contribuir a liberar a las poblaciones de la dependencia. Con tal objeto, prescindiendo de si están dotadas o no de una infraestructura suficiente de capacidades locales de distribución, las ayudas deben estar acompañadas de proyectos de prevención, para las poblaciones interesadas, contra futuras carestías alimentarias.

 

IV. EL HAMBRE: UN LLAMADO AL AMOR Y AL COMPROMISO

 

El amor que se alberga en el corazón del hombre, le ayuda a superar sus propios límites y a actuar en el mundo, creando las estructuras del bien común; éstas abren el camino a los que están en marcha con él hacia la civilización del amor[12] y arrastran a los demás en esa dirección.

 

 

                El último texto es la intervención de  S.Em. R. Mons. Lucius Iwejuru Ugorji, Obispo de Umuahia (Nigeria), en el Sínodo de 2005, en donde pone de relieve la estrecha relación entre la Eucaristía y la caridad hacia los más desposeídos:

“Es muy significativo que Cristo, durante la Ultima Cena se haya identificado con el pan partido. Partir el pan debía de ser la acción por la cual sus discípulos lo reconocerían en Emaús (Lc 24,13-35). En la celebración de la Eucaristía , en tiempos de los apóstoles, partir el pan era tan importante que los primeros cristianos utilizaron la expresión “fracción del pan” para referirse a las asambleas eucarísticas (Hch 2,42-44).

Si la Eucaristía lleva a la unión fraterna en el Cuerpo de Cristo, entonces la distancia cada vez mayor entre la sociedad del bienestar y los millones de pobres que inmerecidamente viven luchando contra el hambre y la miseria es hoy un motivo de gran escándalo (cfr 1 Cor. 11, 17-22). Si los cristianos comparten el Pan Partido en el altar del Señor, tienen que estar listos para comprometerse en conseguir un mundo mejor y más justo para todos. Tienen que estar preparados para convertirse ellos mismos en pan partido y compartir el pan con la humanidad partida.

Este compartir tiene que llevar consigo la ruptura de los modelos políticos y económicos que aseguran el bienestar de quienes están bien, pero obligan a millones de personas a vivir en la miseria más extrema y a sufrir sin motivo. Al realizar los cristianos la fracción del pan, están declarando su disponibilidad a “partir” su bienestar y seguridad para hacerse promotores de justicia y solidaridad. Y esto podría tener repercusiones sociales, políticas y económicas de gran relevancia. Entre otras cosas, esto llevará a vivir sencillamente para que otros puedan sencillamente vivir.[13]

 

Gobierno de la provincia de Gaza (Mozambique) 
investiga informes de muertes debido al hambre

Radio Mozambique (www.rm.co.mz) – 9 de Noviembre de 2005

El gobierno de la provincia de Gaza está investigando informaciones de que cuarenta y tres personas han muerto por consecuencia del hambre en la región, anunció el gobernador Djalma Lourenço.

Según este, las muertes fueron comunicadas durante la visita de trabajo que efectuó a la provincia a causa de la grave sequía.

De acuerdo con las mismas informaciones, treinta y cuatro de las muertes se registraron en Alto Changane y las restantes en las zonas de Malehice y Nalazi.

El gobierno central de Mozambique toma con prudencia las noticias que dan cuenta de las muertes por el hambre en varias provincias del país, no teniendo aún confirmado cualquiera de ellas.


[1]Datos extraídos de http://www.fao.org/es/ESN/index_es.stm, la página Web de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación). 

[2] Más específicamente en la Provincia de Gaza, donde se encuentran trabajando los misioneros argentinos y cuya capital es Xai-Xai.

[3] Distrito en el que residen 4 misioneros argentinos.

[4] Datos extraídos de las noticias del 7/10/05 de la Agencia de Noticias Europa Press.

[5] Mucho de este material que hemos elaborado a continuación ha sido extraído del documento: El hambre en el mundo. Un reto para todos. El desarrollo solidario; del  PONTIFICIO CONSEJO « COR UNUM » de 1996, que recomendamos vivamente su lectura y meditación completa.

[6] Cf. ONU (Organización de las Naciones Unidas), Declaración Universal de Derechos Humanos, Aprobada y proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 217 A (III) del 10 de diciembre de 1948, art. 25.1.

[7] ONU, Declaración sobre el Progreso y el Desarrollo en lo Social, proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 2542 (XXIV) del 11 de diciembre de 1969, II, art. 10b.

[8] Cf. ONU, Conferencia Mundial de la Alimentación , Roma, 16 de noviembre de 1974, n. 1.

[9] FAO (Food and Agriculture Organization - Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación ) y OMS (Organización Mundial de la Salud ), Conferencia Internacional sobre Nutrición, Declaración Mundial sobre Nutrición, Informe final de la Conferencia , n. 1, Roma 1992.

[10] Juan Pablo II, Discurso en el Palacio del Consejo Económico de Africa Occidental (CEAO), Ouagadougou, 29 de enero, 1990, AAS 82 (1990) 8, 818.

[11] Cf. Documento preparatorio de la CNUCED (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) en la segunda Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Países Menos Avanzados, París 1990.

[12] Cf. Juan Pablo II, Homilía de Navidad, 1975, con ocasión de la clausura del Año Santo, AAS 68 (1976) 2, 145. Ese concepto fue utilizado por primera vez por el Papa Pablo VI.

 

 

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Última modificación: 07 de Mayo de 2007